Por: Juan Fregoso

A punto de cumplir un año de gobierno, Saúl Sánchez Rivera, presidente municipal de Huajicori, está dando muestras de su incapacidad para gobernar, y es que el alcalde de aquélla comunidad nunca se encuentra en sus oficinas porque, según comentan los habitantes, teme que el pueblo le reclame que no ha cumplido con los compromisos que se echó a cuestas durante su campaña política

Por supuesto, que es entendible que los alcaldes se ausenten en busca de recursos, pero las ausencias de Sánchez Rivera se prolongan más de lo debido, en tanto que Cabildo—que está obligado a autorizar sus salidas, cuando éstas rebasen el tiempo que señala la ley—observa una actitud indolente, que convierte a este cuerpo colegiado en cómplice del mal proceder del presidente.

Saúl Sánchez Rivera, al tomar posesión de su cargo prometió que durante los primeros cien días de su gobierno construiría 200 viviendas para la gente de escasos recursos, —que es la mayoría, —pero a la fecha no ha podido aterrizar sus promesas de campaña, puesto que, se defiende con argumentos tan desgastados como el eterno ritornelo de que no hay dinero lo que le permite zafarse de sus obligaciones como gobernante.

Es cierto que todos los Ayuntamientos atraviesan por una situación difícil en materia de finanzas, pero en el caso de Huajicori, que por ser un municipio eminentemente indígena recibe mayor prepuesto que algunos otros. No hay dinero para la obra pública, dice el presidente, pero sí hay para mantener una nómina inflada como consecuencia de un sinnúmero de aviadores que tiene en su administración, particularmente amigos, compadres y parientes, por lo tanto, si redujera el número de funcionarios fantasmas—que sólo se aparecen en las quincenas—las finanzas se verían fortalecidas y se podrían hacer muchas cosas a favor de la ciudadanía.

El refrán reza que prometer no empobrece, por esta razón Sánchez Rivera, también se comprometió en ampliar la carretera que conduce de Huajicori a Acaponeta; en su toma de posesión el edil prometió hacer el tramo carretero que le corresponde en dos carriles y se fijó como meta para hacerlo cuatro meses después de ascender al trono, no obstante a punto de cumplir su primer año constitucional como presidente de aquella comuna, Saúl Sánchez Rivera tampoco ha cumplido con esta promesa.

En lo que será su Primer Informe de gobierno, los huajicorenses no tienen ni idea de lo que habrá de informar el presidente, tal vez, adelantan algunos entrevistados, que lo único que podrá decir en su momento, es que si no les ha cumplido es porque no hay dinero, esa ha sido la constante—no de ahora, sino de siempre—de la mayoría de alcaldes. Para aquellos que piensan que el estado está hundido porque así lo dejó el ex gobernador, deberían recordar que al finalizar un sexenio y comenzar otro, siempre es el mismo cuento, como así ocurrirá cuando concluya el actual, pues estoy persuadido que no será la excepción porque también dejará una deuda que habrán de heredar los sucesores.

Así que, ni Saúl Sánchez Rivera, ni ningún otro alcalde debe esgrimir el sobado argumento de la falta de recursos económicos, porque si buscaron el cargo que hoy ocupan sabían de antemano a lo que se iban a enfrentar, es decir, a una crisis sexenal que no es un fenómeno nuevo, ya que siempre que hay cambio de gobierno el andamiaje financiero queda maltrecho, suponer lo contrario, no sólo sería ingenuo sino infantil.

Pero lo peor, es que el gobierno federal le recogió alrededor de 120 millones de pesos, los cuales venían destinados para continuar con el arreglo del camino que conduce a San Andrés Milpillas, así como para la electrificación de la localidad de Llano Grande, Potrerillos, entre otras comunidades. Ese dinero, dice la fuente, venía etiquetado precisamente para la ejecución de las obras mencionadas, sin embargo, el presidente no los aceptó porque eran producto de las gestiones de su antecesor, el perredista Héctor Gómez Gurrola. En este contexto, en lugar de anteponer los intereses populares antepuso los suyos, como si se tratara de una empresa particular; le faltó visión y talento y defraudó la confianza del pueblo que le depositó su confianza, creyendo que al llegar al poder, Sánchez Rivera sacaría del estancamiento al municipio.

Aun cuando el gobierno pasado le propuso la cesión de esa cantidad de dinero, o sea, la transferencia mediante las firmas del ex presidente y de su síndico, Saúl Sánchez no aceptó el trato en una actitud soberbia, y así perdió la oportunidad de retener para beneficio de su gente los 120 millones de pesos que pudieron ser utilizados para solventar las múltiples carencias que tiene esta comunidad, la cual no tiene la culpa de no comulgar con sus ideas, pues una cosa es que una parte del pueblo haya llevado al poder a la oposición y otra muy diferente es asumir una conducta vengativa como irracional, por lo tanto, el alcalde se olvidó que una vez hecho presidente municipal tiene la obligación de velar por el bienestar de todo el pueblo, independientemente de la ideología que profesen, por ello es reprobable que haya permitido que esos recursos hayan vuelto a las arcar federales.

Así pues, los compromisos que adquirió y que se comprometió cumplir durante los primeros cien días de su gobierno se fueron por el caño de de la incompetencia. Por otra parte, el presidente de Huajicori no tenía ningún derecho de dejar escapar esos recursos federales solamente por haber sido gestionados por su antecesor, porque el más agraviado con esta postura rayana en la estulticia es el pueblo, y cuando me refiero al concepto de pueblo no me estoy circunscribiendo a la cabecera, sino a las muchas comunidades indígenas que viven en total desamparo, en la miseria más brutal por culpa de un presidente caprichoso y ajeno a las necesidades de los indios que habitan la inhóspita sierra huajicorense.