Por: José Ma. Narváez Ramírez.

Mucho se ha escrito y hablado sobre la libertad de expresión –y con toda seguridad se seguirá hablando y escribiendo sobre este tan delicado como corriente asunto-, porque ya es común que cualquier cristiano con uso de razón la emprenda contra equis ciudadano que se sienta con derecho a enarbolar la bandera de tal o cual partido (de esos que dicen se tapan con la misma cobija).

Y pudiera asegurarse que esta última frase citada es una verdad de a kilo, por la sencilla razón de que si hubiera uno solo de toda esa bola de patriotas de petatiú que se comportase como juran al principio de sus gestiones -esas que prometen con toda solemnidad defender y hacer valer, aún a costa de su propia vida-, tenga usted la plena seguridad de que otro gallo cantaría Pero la realidad es otra desde hace casi noventa años de libertad en México.

Prueba de ello son los libelos, los mamotretos, los pasquines, los espacios informativos en la radio, junto con la propaganda politiquera utilizada por las grandes cadenas de las ondas hertzianas y las televisoras abiertas al poderoso caballero pagados –todos- por el pueblo con el producto de sus impuestos, que debieran ocuparse para obras sociales y no para publicitar petrimetes y rateros, conocidos en un país que tiene más de 70 millones de habitantes que perciben salarios de hambre, algunos, y otros ni siquiera eso, gracias a las medidas inteligentes y estrategias financieras de alto nivel que manejan los secretarios de estado allá en las cúpulas del gobierno y de la banca, y que han hecho de la usura y de la explotación, males legales que azotan a nuestra sociedad en el paraíso de los delincuentes (México) en todos los órdenes y desórdenes habidos y por haber.

Porque desde cualquier punto de vista, estamos a merced de la explotación y de la corrupción, que se reparten los mercenarios del poder en diversas carteras: La salud, la educación, la economía, la Todo, ABSOLUTAMENTE TODO, señores, especialmente el consumo de drogas y la seguridad de la ciudadanía, manejada por las policías muy orondas y lirondas en contubernio con los capos de los estupefacientes, entre los que se cuenta, según el decir de nuestra gente, algunas grandes cabezas de la política y de las empresas. Si no, que alguien me explique el origen de los dineros de los multi-millonarios mexicanos y el origen de la desgraciada pobreza de los mendigos mexicanos. Y eso que no me refiero a la mendigues de los que piden, sino a las carencias de los que trabajan y ganan el salario del miedo: Las migajas de los acomodados. A los que viven de arrimados en su propia casa, a los que son explotados con su mismo dinero (préstamos bancarios) y a los que nunca han conocido la salud ésa que tanto pregonan los que venden medicinas y productos cháfas a través de anuncios en la tele y que no sirven para nada, solamente para explotar al ya súper explotado por los médicos y las instituciones de salud.

Estos son los resultados del gobierno actual, un poder de la mentira y de la falsedad que solamente se acabará cuando el pueblo mexicano se decida a defenestrarlo. Menos no.

Control Señores Control Que no regrese el autoritarismo Ya estuvo bueno de seguir con la cabeza agachada hay que levantarla, cuando menos para ejemplo de los que siguen, que ellos no sean siervos de quien nos deben servir y que no les paguemos con diamantes por explotarnos Que se acaben los jijos de su chimpancla mancla -como decía don Jesús Martínez, Palillo-.

(Líneas. Tel. 311 158-66-55).