Por Óscar Verdín Camacho
A Enrique Vargas López le apasionaba el atletismo de fondo. Me di cuenta de ello hace unos 13 años cuando coincidimos corriendo junto a un canal, a espaldas de Ley-Álica.
Confieso que no le vi ni el polvo, y eso que me llevaba unos 15 años de diferencia.
Me platicó entonces que casi todos los días corría al menos 10 kilómetros pero en ocasiones le aumentaba por arriba de los 20. Se conservaba delgado.
Vivía entonces por la avenida Independencia y en esa época se cambió al barrio de las llamadas casas de Guillén, cerca del CONALEP, situación que resultó mejor para sus carreras tempraneras de todos los días: tenía el cerro de la Cruz a corta distancia y tantas brechas de las parcelas, me llegó a contar. Con frecuencia, decía, simplemente corría por cualquier vereda.
Un domingo por la tarde, el año pasado se registró un enfrentamiento armado cuando Enrique Vargas se dirigía precisamente a correr. Unos días después narró que ante la refriega alcanzó a subir a un camión de pasajeros que estaba estacionado, pero sin posibilidad de regresar a su casa.
Debió ser a finales de 1993 ó principios de 1994 cuando Enrique Vargas llegó al periódico Meridiano más que enojado, gritando que me golpearía. Por fortuna yo no estaba pero al rato me previnieron algunos compañeros: dijo que va volver a buscarte.
El coraje de Enrique se debía a una nota que yo escribí sobre la situación de su hermano Jorge, preso entonces en la penal de Tepic. Lo que Enrique desconocía era que para escribir esa información yo había hablado precisamente con su hermano, a quien localicé por teléfono, en la penal, y me aseguró que en ese momento lo buscaría para aclarar la situación.
Pienso que así debió haber ocurrido porque Enrique no regresó al periódico. Por el contrario, varias veces que nos encontramos no cruzamos palabra, aunque el tiempo puso el asunto casi en el olvido.
Por cierto, jamás tocamos ese tema.
Muchos años reportero de Realidades, se suele decir ante la muerte algo así como ha de estar escribiendo notas donde quiera que esté.
Ateniéndome a ello, yo más bien creo que, si eso existe, Enrique ha de estar corriendo.
Y corriendo mucho.