Por: Juan Fregoso
*Cuál libertad de expresión festejamos
*Los muchos periodistas asesinados en este nefasto sexenio
*Seamos realistas, en México no hay una verdadera libertad para escribir lo que pensamos
*A menos que le juguemos al mártir
Un año más se rinde tributo a la llamada libertad de expresión, pero ya no importa qué presidente de la república ni el año en que fue instituido este día para festejar al gremio periodístico. Habrá quienes disientan de mi forma de pensar, pero supongo, que como entes dotados de razón tienen todo el derecho de discrepar del otro, ya que sería utópico que todo el mundo siguiera las mismas coordenadas de un pensamiento determinado, el cual está constituido por naturaleza por un conjunto de mosaicos que enriquecen o degradan la vida del ser humano, pero cada cual es responsable de sus actos y de sus omisiones, de eso no me cabe la menor duda, y si estoy errado es mi responsabilidad, no tengo porqué delegársela al otro.
Creo que el hombre para merecer el calificativo de hombre, debe necesariamente ser congruente con lo que dice y con lo hace. Así, yo no tengo porque escribir en lo que no creo, en lo que no siento, en lo que no estoy de acuerdo, ya que de hacerlo me cosificaría, sería como un robot o como una marioneta sin voluntad propia, dejaría de ser hombre entre los hombres, y cuando digo hombres, me refiero a esos gigantes que tuvieron el valor de decir la verdad, que tuvieron la osadía de defender con gallardía la verdadera libertad del pensamiento, de sus ideas, aun a costa de arriesgar su libertad física y hasta su propia vida.
Ejemplos hay muchos, pero no me voy a ocupar por esta vez en citar los nombres y apellidos de cada uno de ellos, porque, supongo, que una parte de mexicanos los conoce muy bien, sobre todo, aquellos que nos dedicamos al ejercicio del periodismo crítico, no zalamero, quiero decir de esos que ponen su pluma al servicio de los poderosos, de los gobiernos autócratas con careta de demócratas, que pagan—aunque sea una miseria—porque los alaben, porque el periodista escriba mentiras que nada tienen ver con el auténtico quehacer de los gobernantes, engañando al pueblo en una forma cobarde, y ese no es el fin de los medios de comunicación, sino el de escribir la verdad, de orientar, de educar y de encauzar a la sociedad por el sendero de la verdad real, no de la verdad oficialista, pero no cabe duda que en pleno siglo XXI estamos todavía en pañales en esta materia, si somos honestos con nosotros mismos debemos reconocerlo, no nos engañemos y menos engañemos a una sociedad ávida por conocer todo lo que ocurre en su seno, sin embargo, no tenemos el valor de develar el velo que cubre las corruptelas de los depositarios del poder político, por esta razón somos humillados y calificados de chayoteros.
Esa es la cruel realidad y ante esta situación no somos respetados, porque nosotros mismos nos hemos encargado de engordarle el caldo a todos esos que se dicen servidores del pueblo, cuando no son más que aves de paso, pues los puestos públicos son transitorios y son para servir al pueblo, no para servirse de éste como ya se hizo costumbre. ¿Alguien podrá decir lo contrario, a sabiendas de que estaría mintiendo?
Sin embargo, hoy 7 de junio, el gobierno festeja— ¿qué festeja realmente?—el día de la libertad de prensa. ¡Qué descaro! No se puede hablar de una auténtica libertad de expresión cuando en este sexenio han asesinado a muchos periodistas—la cifra exacta no la conocemos, ni la vamos a conocer nunca—,pero de lo si estoy seguro que es una cantidad considerable. Por ejemplo, un diario extranjero publicó recientemente que el número de periodistas asesinados en México en los últimos 10 años ya asciende a 82. Los crímenes son cada vez más abominables, y lo peor, no se vislumbra ninguna salida al terror. México vive una realidad en la que tan sólo escribir las palabras tráfico o narco puede pagarse con la vida.
María Elizabeth Macías, jefa de redacción del diario Primera Hora, fue una víctima más de las élites del poder. Su cuerpo fue hallado decapitado el 24 de septiembre. Era el onceavo periodista asesinado desde el inicio del año, tras los homicidios de Rocío González Trápaga, ex reportera de Televisa, y Ana María Marcela Yarce Viveros, fundadora y periodista de la revista semanal Contralínea, ocurridos el 31 de agosto pasado en el Distrito Federal.
La emisora, Radio Nederland habló con una colega de las víctimas, que por razones de seguridad, desean permanecer en el anonimato. Me incluyeron en una lista negra y me amenazaron, diciendo que ya los tenía cansados, y que si me volvía a salir del esquema y de la línea que ellos estaban marcando, que me iba a ir muy mal, confió la reportera.
Luego, agregó: Yo no sé en qué momento puede molestarles la información que yo escriba (), es tanto el nexo que hay entre organismos sindicales, gobierno e instituciones, que uno ya no sabe ni a quién está tocando, concluyó.
En los últimos meses, varios periodistas mexicanos tuvieron que exiliarse por correr peligro de muerte. ¿Qué quedará de la libertad de información mientras se sigan produciendo impunemente estos crímenes?
Cuando esta información se difundió ampliamente, aún no se perpetraba el horrendo crimen de la corresponsal de la revista Proceso, Regina Hernández, en el estado e Veracruz. La comunicadora fue ultimada sañudamente, al grado que su asesinato provocó una reacción inmediata de organismos nacionales e internaciones defensores de la libertad de expresión, sin embargo, hasta la fecha las indagatorias no han prosperado, un manto de impunidad del gobierno calderonista cobija a sus ejecutores, aunque no solamente el caso de Regina Hernández prevalece en esta situación, hay muchos más que permanecen en los sótanos de las complicidades palaciegas, en consecuencia, mientras estos casos no sean esclarecidos por las autoridades, nada tenemos que festejar hoy 7 de junio, pomposamente denominado como el día de la libertad de expresión.