José Guadalupe Rocha Esparza
Antes de morir, Carlos Fuentes ya era inmortal, universal, prototipo del intelectual que defendió con ardor la identidad mexicana en un país de cruces a través de una producción profundamente rica en todos los géneros literarios, exceptuando la poesía: relato, ensayo, artículo, reportaje, guión cinematográfico, teatro y hasta un libreto de ópera.
La vida de Carlos Fuentes, no exenta de tragedia, fascinación y leyenda, fue intensa, vital, lúcida, creativa, generosa y humanista. 83 años dedicados a la literatura, la cultura, el amor, la implacable apuesta por el diálogo, la política, la solidaridad, sin dejar de disfrutar los placeres del mundo: viajes, amistades y el sabor de las cosas amables y bellas.
En La Región más Transparente, La Muerte de Artemio Cruz y Aura combinó el uso del microscopio y el telescopio para dar con la particularidad y la universalidad de aquello que se volvía motivo de su atención. Desenterró el espejo y miró a México de cuerpo entero. Puente entre el pasado y el futuro, reiteraba: Qué hablen los jóvenes.