José Guadalupe Rocha Esparza
Hablar de café es voltear a ver el lado bueno de la mañana. Antes de la primera taza, la agenda está en blanco. La realidad noticiosa de cada día amerita beber café, porque la prensa se lee mejor a sorbos con una mezcla de granos chiapanecos o veracruzanos. La diaria dosis de cafeína despierta momentos de gracia y beatitud e inspira sueños.
El café es un encantador de olfatos y romántico en paladares, propio para tratar asuntos que ameritan tiempo para conversar, acercarnos al amigo que recuerda nuestro nombre, que conoce nuestros problemas, o aquella que abre el corazón, anima, pregunta por el familiar enfermo, nos despide con una sonrisa y espera vernos as soon as possible
El pulso de muchas ciudades del país se siente en las cafeterías, atraídos por el aroma que alimenta neuronas, espacios de comunicación sincera y relajada donde se encuentran las mismas personas para hablar los mismos temas, pero siempre de otra forma, con el poder de un café americano, moca, expreso sencillo, doble o cortado. ¿Vamos?