Por: Juan Fregoso

La carrera presidencial ha entrado en su fase final, sólo queda una semana para que se lleve a cabo la jornada cívica electoral de la cual surgirá sólo un ganador. Los cuatro candidatos durante tres meses tuvieron la oportunidad de ofertar sus proyectos de gobierno, ahora sólo resta esperar que los electores valoren cual es el que más que les conviene, pues de todos nosotros depende que tengamos unas elecciones limpias, democráticas y transparentes para no queden dudas de los resultados, aunque algunos hechos presagian todo lo contrario.

Este es el momento en que los mexicanos debemos contribuir a la transformación de México y el voto es el arma más poderosa que tenemos para lograrlo. Las autoridades electorales están obligadas a hacer respetar la voluntad ciudadana, como también está obligada a establecer los mecanismos de seguridad que impidan actos de violencia con motivo de tratar de beneficiar a determinado candidato.

Aunque para ser francos, ninguno de ellos presentó un buen proyecto de nación, ni el candidato del PRI, Enrique Peña Nieto, ni Josefina Vázquez Mota ni Andrés Manuel López Obrador. Ninguno de ellos supo aprovechar los debates para hablarle con claridad—a través de las cámaras—al pueblo, todos se perdieron en generalidades, incluso, sus proyectos dan la impresión de ser los mismos, expresados en diferente forma, pues en esencia se parecen mucho, salvo con tenues matices que los diferencian.

Podría decir que ninguno de los aspirantes logró encender la mecha del entusiasmo, es más, no levantaron sus campañas, ni el controvertido Enrique Peña Nieto, ni doña Josefina Vázquez Mota, como tampoco el legendario Andrés Manuel Obrador, a quien para muchos le faltó la combatividad en sus discursos que se volvieron amorosos, cuando sus seguidores estaban acostumbrados a escuchar sus arengas incendiarias.

Josefina Vázquez Mota, con esa voz cavernosa se limitó a decir que ya era hora de que una mujer gobierne al país. Se le olvidó que México se caracteriza por ser eminentemente machista, que aún no está preparado para ser conducido por una hembra. El machismo es un factor tan arraigado entre la mayoría de mexicanos, que es el principal adversario de la candidata panista, quien a raíz de las protestas estudiantiles pasó del segundo lugar a un tercero en las preferencias electorales.

El beneficiado con su caída fue Andrés Manuel López Obrador, sin embargo, en la recta final el tabasqueño al parecer no alcanzó a Enrique Peña Nieto, el cual según las encuestas, pese al sistemático ataque de que fue objeto, logró conservar su posición de puntero, aunque con ligeros altibajos que lo han tambaleado del tinglado político.

Pero, a pesar de que Peña Nieto aparece como el virtual ganador en las elecciones del próximo domingo 1 de julio, aún no está dicha la última palabra; la palabra que tiene el pueblo y no las compañías encuestadoras que acomodan los números de acuerdo al contrato que celebran con los candidatos. Para muchos, la encuesta real se dará el mero día de la elección, día en que los ciudadanos emitirán su voto, se entiende que libremente, pero en la práctica sucede todo lo contrario.

Con todo, lo que sorprende es que desde ahorita los adversarios del candidato priísta ya estén hablando de un posible fraude electoral. Esto es absurdo porque todavía no se han celebrado los comicios, tal vez pudiera sospecharse de acciones fraudulentas, pero no de fraude en el estricto sentido de la palabra. Es posible que en el caso de Andrés Manuel López Obrador, se justifique su desconfianza, por dos razones; primera, porque el candidato del PRI cuenta con el respaldo irrestricto de las principales televisoras, principalmente de Televisa, consorcio que se encargó de fabricar su imagen desde que éste era gobernador del estado de México; y la segunda razón, porque el Peje tiene el antecedente de 2006, cuando compitió contra Felipe Calderón, quien a decir de López Obrador, el michoacano le arrebató la victoria.

Josefina Vázquez Mota no tiene autoridad moral para hablar de un fraude anticipado. La señora, si no consiguió despuntar en su campaña fue por su discurso banal, vacío de propuestas serias, incluso por la parcial desintegración de su equipo de campaña, y sobre todo, porque fue abandonada por el presidente, su hacedor, su principal impulsor, que al ver que su preferida no prendía en el ánimo del electorado, decidió retirarle su apoyo como se empezó a notar casi a la mitad de su campaña y ese distanciamiento se ha agudizado en la etapa final. Por tanto, la derrota de Vázquez Mota parece inminente, por lo que sólo quedan Enrique Peña Nieto y Andrés Manuel López Obrador, los cuales se han trenzado en una lucha feroz mediante spots televisivos y radiofónicos con el fin de convencer a los electores para que voten por ellos.

En el último raund, la lucha por el poder político se irá acentuando minuto tras minuto y aquel que logre su objetivo, el de engatusar con la demagogia más pura a los electores, sobre todo, de aquellos que no tienen ninguna preparación académica, podrá sentarse en la silla más codiciado y más problemática de Los Pinos. La guerra sucia como también se le llama no conoce límites, habrá muchos golpes bajos, como ha quedado evidenciado en algunas entidades del país, en las cuales ya se ha dejado sentir, particularmente por simpatizantes del PRI.
La prueba más reciente la tenemos en el estado de Chiapas, cuando una manifestación del movimiento #Yo soy 132 fue agredido por jóvenes partidarios de Enrique Peña Nieto. La manifestación que partió del parque 5 de Mayo al oriente de la ciudad, a la plaza central donde se ubica el Palacio de Gobierno, se desarrolló en un ambiente de tensión debido a que un grupo de choque intentó infiltrarse y agredir a los universitarios.

Fue un grupo de 300 estudiantes de universidades públicas y privadas de la capital chiapaneca; salieron a las calles para sumarse al movimiento estudiantil #Yo soy 132 convocados vía redes sociales con la etiqueta #Yo soy 132 Chiapas para exigir la democratización de los medios de comunicación, el acceso a la información y para que se registren elecciones limpias.

Antes de que se iniciara la marcha, el grupo de choque se puso la camiseta con la leyenda 132 y envolvió piedras con playeras con la misma frase, sin embargo, al verse descubiertos por los estudiantes y por algunos periodistas, el grupo de choque compuesto por adolescentes y liderados por dos adultos, corrieron hacia la avenida principal y destrozaron los cristales de un vehículo que llevaba horas estacionado con un cartel en la parte posterior del partido Verde; los estudiantes se replegaron unos minutos, pero luego reanudaron la marcha hacia la Plaza central de Tuxtla, Gutiérrez, coreando las consignas: Estudiantes informados, no manipulados; información mata copete; Yo si leo, no veo Televisa; Si hay información, no habrá imposición; Si hay imposición, habrá revolución; Estudiar y leer para nunca como Peña ser, cantaron los jóvenes a lo largo de la avenida principal de la capital chiapaneca, portando pancartas.

Así pues, si esto se está dando cuando apenas falta una semana para las elecciones, cabe preguntarse que irá a suceder el 1 de julio. Y aquí quiero hacer referencia al candidato del PRI, si él está seguro de que es el puntero, el ya casi presidente de la República, por qué recurrir a estos métodos violentos. Ante este cuadro me queda claro que Peña Nieto no está seguro de ganar la elección, si tuviera la certeza, no tendría porqué permitir que en su nombre, grupos de choques agredan a otros estudiantes que coinciden el movimiento #Yo soy 132, que tuvo su origen en la Universidad Iberoamericana y que se ha ido expandiendo a lo largo del país.
México se ha convertido en un polvorín, en una bomba de tiempo que podría estallar si no se respeta la voluntad del pueblo y las demandas de los universitarios.