Por: Juan Fregoso
Aunque Andrés Manuel López Obrador, no reconoció explícitamente el triunfo de Enrique Peña Nieto, al decir que esperaría hasta el miércoles en que se darán a conocer los resultados finales, lo cierto es que el ex candidato presidencial por la alianza PRI-PVEM, en el auditorio Plutarco Elías Calles de la ciudad de México, se erigía como el virtual presidente de los Estados Unidos Mexicanos, diez puntos de ventaja le dieron la autoridad para autoproclamarse como el primer mandatario durante los próximos 6 años.
Antes, cuando el sistema estilaba del tapadismo éste era el factor que sorprendía a los ciudadanos y hasta al propio aspirante. Ahora, lo sorprendente del caso es que pese a los múltiples ataques y deslices de Enrique Peña Nieto, incluso ante la amenaza del movimiento #Yo soy 132 que consignaron que si había imposición, habría revolución, el ex gobernador del estado de México obtuvo una copiosa votación que lo ha convertido virtualmente en el nuevo presidente de los mexicanos.
En este contexto, Peña Nieto expresó que no pactará ni dará tregua al crimen organizado, matizando que sólo habrá un cambio de estrategia en esta lucha que inició Felipe Calderón. De lo anterior se infiere que la lucha contra el narcotráfico proseguirá su curso, sólo que esta vez con mano de terciopelo, quizá con más suavidad para evitar que sigan cayendo víctimas inocentes, pero para ello, el nuevo presidente forzosamente tendrá que negociar con los altos mandos de los cárteles, y esta medida de rediseñamaiento estratégico es urgente que se ponga en práctica para evitar las matanzas que obligaron a Calderón a sacar al Ejército de sus cuarteles, por lo que bien haría Peña Nieto—una vez que transe con el crimen organizado—encuartelar a las fuerza armadas, una vez que se recobre la paz que hemos perdido, al hacerlo sólo estaría acatando el espíritu del artículo 129 constitucional.
Sin embargo, se requiere tiempo para digerir el discurso peñista y poder emitir un juicio acertado, porque el mexiquense dijo cosas muy serias y dignas de ser analizadas detenidamente. Enrique Peña Nieto, entre otras cosas de doble filo que señaló fueron que somos una nueva generación, no hay regreso al pasado, con lo cual parece haberse deslindado de los viejos políticos, los de la vieja guardia, y esto es grave, porque algo similar pronunció Luis Donado Colosio Murrieta, que al final le costó la vida al romper los vínculos con el entonces presidente Carlos Salinas de Gortari.
Sobre este particular, habría que citar al dios Jano que tenía dos rostros, uno para mirar el pasado, y otro para mirar el presente; mirar hacia el pasado pero no para recordar fracasos o dar cabida al resentimiento, sino para aprender a olvidar los hechos del pasado que lo pueden desgastar y nublar su intelecto. Esto significa que esa mirada hacia el pasado implica un proceso de autoeducación, esto es, para aprender de quienes lo precedieron, esto le permitirá al nuevo presidente examinar todas sus acciones y las de sus colaboradores, por consiguiente, Peña Nieto sí necesita regresar al pasado pero para corregir errores o enmendar políticas públicas erradas que demostraron su ineficacia en los hechos recientes, implementar una política moderna acorde con los tiempos que estamos viviendo.
Peña Nieto, también dijo que su victoria es el inicio del trabajo que tenemos por delante y contribuir con ello al engrandecimiento de México. Para ello, el nuevo presidente requiere instrumentar una política anticorrupción en todos los ámbitos del poder, pero sobre todo, en los cuerpos policiacos en los cuales ha sentado sus reales el poder corruptor de la delincuencia organizada; tarea titánica, pero no imposible cuando se tiene la sana intención de servir al país, como así lo deslizó el mexiquense.
Otro enunciado, digno de un concienzudo análisis fue cuando señaló que los mexicanos le han dado a nuestro partido una segunda oportunidad; vamos a responder con una nueva forma de gobernar. Peña tiene razón, hay que aprovechar al máximo esta segunda oportunidad, que a decir verdad, no es nada fácil, pues el PRI arrastra con un montón de vicios que es preciso erradicar para reconquistar la confianza plena del pueblo, y esto sólo se logrará con voluntad, con espíritu de servicio y con patriotismo—una palabra muy poco empleada por los últimos presidentes—honrar a la patria destruyendo los lastres que lo caracterizaron durante 70 años y que lo llevaron a la derrota, que lo mantuvieron en la lona durante doce años.
El ex gobernador del estado de México también se comprometió a encabezar una presidencia responsable, abierta a la crítica y abierta a todos. Me parece loable este pronunciamiento, principalmente porque el actual mandatario demostró durante todo su sexenio una especie de alergia a la crítica, Felipe Calderón no entendió que como hombre público se encontraba bajo el escrutinio de todo el mundo, que todas sus acciones podían ser fiscalizadas por los gobernados, lamentablemente el poder lo cegó al grado de arremeter irracionalmente contra sus críticos, es cuestión de echar una mirada a su gobierno para percatarse que bajo su mandato fueron asesinados muchos periodistas y otros más fueron acosados y hasta despedidos de sus trabajos, nomás por tener la osadía de criticar al señor presidente o a su familia.
Es deseable, por eso, que Enrique Peña Nieto cumpla con su palabra, que admita la crítica constructiva pero también la destructiva, pues vale más que un periodista caiga en el exceso a que se le restrinja su libertad de expresión, un derecho natural consagrado en la constitución y que, por tanto, ningún gobernante que se precie de ser democrático debe reprimirlo mediante el uso de la de la fuerza, porque cuando hay transparencia en el ejercicio del poder no existe razón alguna para socavar esta sagrada libertad.
Peña Nieto, también asumió el compromiso de gobernar para todos los mexicanos, lo que significa que no hará distinción de ideologías partidistas o credos religiosos. En este sentido, todo indica que el próximo mandatario de México entiende que cuando se llega al poder se debe gobernar para todos y no para unos cuantos, pero este—como los demás—es un compromiso demasiado serio, porque es muy fácil decirlo y muy difícil de llevarlo a la práctica.
Así pues, Enrique Peña Nieto afirmó que ya es tiempo de pasar del país que somos a la nación que queremos ser. Y por supuesto que lo que queremos los mexicanos, entre otras cosas, es salir de la crisis en que nos encontramos inmersos por culpa de gobernantes sin oficio político; queremos paz, tranquilidad para nuestras familias y queremos dejar de ser una nación corrupta, como nos tienen catalogados otros países, pero también queremos una distribución equitativa de la riqueza, que disminuya la tasa de pobres, queremos que la justicia llegue hasta nuestros hermanos los indígenas, que por carecer un empleo digno se ven orillados a dedicarse a actividades ilícitas.
Cuando esto y muchas cosas más se logren, podremos refrendar lo dicho por Enrique Peña Nieto, es decir, que en estas elecciones México ganó. Este el reto del próximo presidente, esperemos que no se vayan a quedar en el tintero o en meras palabras, porque México ya no está para soportar más mentiras, queremos que los hechos hablen, ya no queremos que el viejo PRI vuelva, lo que los mexicanos queremos es que realmente los hombres que habrán de conformar el gabinete de Enrique Peña Nieto, gobiernen con un nuevo estilo, que sea un gobierno moderno como él mismo lo prometió.