Por Fernando Gutiérrez Meza
Tepic.- La realidad son pocas las familias tepicenses que viven en el primer cuadro de la capital nayarita, en donde la mayoría de las viejas fincas son utilizadas como tiendas de ropa, dulcerías, estéticas, huaracherías, fruterías, billares, negocios de comida o maricos, aunado a la zona de tolerancia que la componen las cantinas ubicadas en las calles de Veracruz, Puebla, Mérida, Querétaro o Zaragoza, junto con la Bravo en que mujeres dedicadas al oficio más viejo del mundo deambulan por las noches en busca del cliente, pues así obtiene el dinero para mantener a sus hijos, todo por no tener la suerte de encontrarse un marido dedicado a la política o que trabaje en el gobierno, o de perdida un cuico de la municipal, de esos que continuamente las hostigan para que les den cachuchazo.
De décadas a la fecha la ciudad de Tepic era más pequeña y las familias obviamente vivían en calles de la ciudad que llegaba hasta la P. Sánchez, Insurgentes, Victoria o el Parque Juan Escutia, pero tras la creación de fraccionamientos y asentamientos humanos de clase media, muchos yuniors de ese entonces cambiaron sus lugares para vivir.
El punto viene a colación ante recientes declaraciones del presidente municipal de Tepic, Héctor González Curiel, quien dio a conocer que realizan los estudios para reubicar la zona de tolerancia –cantinas- de la capital nayarita, para ese efecto, refiere que se trabaja en cabildo y realizaran pláticas con los dueños de negocios de ese giro.
La intención de popular Torito es plausible, pues esa determinación vendría a dar a la ciudad una imagen nueva, aunque se requerirá un proyecto colonial y que los dueños de las propiedades del primer cuadro le entren con la parte que les toca, a no ser que el gobierno estatal se encargue de eso, aunque claro, pudieran pasar varios años para ver un Tepic diferente como posiblemente lo haya soñado el buenazo del alcalde.
En anteriores administraciones municipales seguramente existía ese mismo deseo de sacar la zona de tolerancia del primer cuadro, pero ni el supuesto mejor alcalde de Tepic que dizque fuera don Tino (+), ni el hijo de la Mololoa, ni Manuel Cota Jiménez o el ahora mandatario estatal Roberto Sandoval Castañeda, se atrevieron a entrarle al asunto, probablemente por presiones o compromisos con los dueños de esa pestilentes y cochinas cantinas, porque en ese tipo de negocios no está involucrada gente decente, hay posiblemente funcionarios, hijos de éstos, novias de éstos o hasta malandrines que son cosa seria.
De resultar realidad la intención del buen Toro que tomara los cuernos en ese aspecto, se anotara un diez, al menos en el caso de las pocas familias que viven en el centro, ojalá logre realidad sus intenciones y que convierta a esa parte de la ciudad en otra.
No obstante, hay quienes dudamos de ese acierto, pues se observa todo lo contrario a diario se abren nuevos antros para niños (as) finitas, mismos que obviamente no los instala cualquier hijo de vecino, máxime que en estos momentos los ciudadanos nayaritas no atraviesan de un panorama económico halagador, debido a los problemas de inseguridad que todavía imperan, cuestión que ha provocado que varias familias cierren sus negocios y se vallan para otras partes, dado que no les alcanza para el pago de piso y supuesta protección. En fin.