Por: Juan Fregoso

Un profesionista, amigo mío, pero que también se dedica a la agricultura, me envió un interesante correo. Las ideas que ahí vierte me parecieron interesantes porque aborda someramente el problema o la precaria situación que priva en el campo, no solamente nayarita sino en el ámbito nacional.

Mi amigo, realmente exhibe su preocupación en torno al tema del agro, cuando menos así se desprende de sus palabras que aquí reproduzco textualmente, sólo con algunas correcciones de estilo. El abandono del campo en todos los estados de la República mexicana es grave, si no se le pone la atención debida, creo que de un momento a otro, puede provocar un movimiento armado, porque la situación en que viven los campesinos ya tocó fondo, ya no pueden continuar soportando las condiciones desastrosas en que los tiene el gobierno, por eso digo que los hombres del campo han llegado al límite, recuérdese que este fue el principal motivo por el cual estalló la Revolución Mexicana en 1910, dice.

Propone a los gobernantes hacer un campo moderno y productivo, esto es indispensable no solamente para abatir la pobreza rural, sino porque es parte principal de la economía, de un desarrollo integral para mantener la estabilidad social y económica de las familias mexicanas. Hay que dejar en claro que la confrontación y la violencia no son el camino adecuado para resolver las desigualdades sociales; únicamente necesitamos gobernantes socialmente justos que tengan como prioridad una política social para garantizar la gobernabilidad y la estabilidad de los estados, municipios y de la nación, explica.

Señala que en el ciclo 2010-2011, tan sólo en el sorgo, amoniaco y nodriza, el campesino desembolsó 23 mil pesos; el saco de semilla costó mil 1400 pesos, mientras que por rastreo de la tierra, el agricultor pagó 3 mil 400 pesos por hectárea., en tanto que la cosecha se vendió en 3 mil 400 pesos la tonelada. Por lo tanto, es una injusticia, porque son precios que ni siquiera compensan la inversión ejercida, y como siempre, los ganones son los famosos coyotes, me dice mi correo.

Así las cosas, continúa, si el gobierno prosigue con estas políticas erróneas que sólo privilegia a los grandes capitalistas, no dudo que en cualquier momento estalle un movimiento revolucionario, aunque como—como te lo dije al principio—la confrontación y la violencia no son el camino adecuado para resolver esta situación, sin embargo, si nuestros gobernantes no implementan otro tipo de medidas, que realmente favorezcan a las familias campesinas, no tardará en haber brotes de violencia en todo el país.

El cuadro que pinta mi fuente es patético, francamente desolador: bajos precios y cosechas mal pagadas, no en balde los campesinos expresan que el campo ya no es negocio, siembran por el mero hábito de sembrar y por el amor a su tierra, porque de lo que cultivan sólo les quedan migajas. Tal vez, también, esto explique el alto índice de hijos de campesinos que prefieren emigrar a Los Estados Unidos en busca de mejores oportunidades, porque han comprendido que quedarse en México significa morirse de hambre; pero este fenómeno, también refleja que las comunidades de nuestro país se vayan quedando solas, con puros viejos que subsisten con las remesas que les envían sus hijos cuando éstos logran acomodarse en el país vecino, aun a costa de ser humillados, de andar a salto de mata, ante el temor de que la migra los descubra y los expulse, como ya ha sucedido recientemente, mientras el gobierno mexicano no hace nada por corregir las condiciones de los hombres del surco.
Por mi parte, soy de la opinión que el problema del campo no es de ahorita, sino que data desde hace muchísimo tiempo. Pero si contemplamos la historia reciente, el agro sufrió un demoledor golpe durante el salinato, cuando el entonces presidente de la República, reformó el artículo 27 constitucional; fue la muerte del ejido y de los hombres que hacen parir la tierra. Carlos Salinas implantó el Tratado de Libre de Comercio, y con éste le dio el tiro de gracia al campo al querer competir con los agricultores estadunidenses que tienen la tecnología más avanzada del mundo, cuando México sólo cuenta con una tecnología obsoleta que no sirve de nada, excepto para empobrecer cada día a los campesinos mexicanos.

Así pues, mi estimado amigo, tiene razón para preocupase. Pero lo peor, tiene mucha mayor razón, cuando dice que ante la apatía de nuestro gobierno, podría suscitarse un levantamiento armado de impredecibles consecuencias, pues los campesinos ya no sienten lo duro sino lo tupido. Pero, ojalá que con el nuevo gobierno que encabezará a partir de diciembre próximo, Enrique Peña Nieto, las condiciones para las familias campesinas mejoren. Si el nuevo presidente implementa las estrategias adecuadas en este rubro—soporte de la economía—como al parecer son sus intenciones, el agro puede florecer y con ello, el campesino podrá alcanzar el nivel de vida que se merece, le permita vivir acorde a sus necesidades, y sobre todo, impedir que sus descendientes se vayan a otras partes en busca de lo que aquí se les ha negado. Sería un buen principio del gobierno peñista, de lo contrario, de seguir las cosas igual como hasta ahora, por descabellada que parezca la idea de mi correo, México puede verse envuelto en conflicto social y político, como lo supone mi fuente.