Por: José Ma. Narváez Ramírez.

Hace muchos años, tantos que ya ni nos acordamos cuántos nuestro pueblo padecía un clima tan caliente que nomás nos faltaba el tridente para emular al chamuko, pero con unos cartones de cerveza (que costaba quince pesos con veinticinco ambarinas bien heladas) nos hacía -a los santiagoixcuintleños y cuates que nos acompañaban- los puros mandados y se quedaba con el pilón Además teníamos un río que antes de contaminarse se dejaba venir limpio y risueño, serpenteando por las laderas para pasar frente al pueblo bañando sus feraces tierras con agua limpia, cristalina y fresca

Mientras no se cargara peligrosamente, y sorprendiera a la región con sus siniestras inundaciones que dejaba incomunicada a esta bendita comarca (y nos dejaba el limo), en esta temporada íbamos a darnos un chapuzón a los baños de don Félix, mientras nuestras aguerridas mujeres se acomodaban en los rústicos lavaderos para tallar y re-tallar la ropa que en grandes tambaches llevaban al río.
Los mayores se refugiaban en las cantinas a la hora del intenso calorón, para ingerir a tragos la casi al borde de la congelación, cerveza, combinada con exquisitas botanas de diferente manufactura –en especial de birria, de carne de puerco o de mariscos- todas rociadas de salsa enchilosa o con aquella de marca huichol que empezaba a hacerse imprescindible en estos platillos y llegó para quedarse, en América Latina.

Y las cantinas que funcionaban de día, de ocho de la mañana a las nueve de la noche, se encontraban atiborradas de tomadores a todas horas, porque primero era ir a emborracharse y después hacer cualquier otra cosa Dinero había, porque estábamos en la época de las vacas gordas de la Costa de Oro
Fue el tiempo de La Rueda de la Fortuna de Rebeco; de El Jordán del Chino Aceves; de los billares de Arce, de don Pancho, -con su cantinero de lujo: Zaratete-; de El Casino de Santiago de don Manuel Robles; de El Mercadito del Viejo Rafael Peña; de El Montparnasse del Nolo Fórces (solito entra); de El Jarocho de don Lino Rosales; la de los Rivera –con el Huachicol al frente y una larga lista de piqueras que con (algunas) las rockolas a todo volumen atronaban los espacios y nadie se quejaba de escándalos o cosa parecida. De vez en cuando sucedían hechos sangrientos, pero eran considerados como consecuencias de la diversión.
Como caso curioso, la mayoría de los antros de vicio estaban frente a una escuela o del templo del Señor de la Ascensión, aunque ahora, que hay más o menos 150 cantinas y tabledancer´s, bules y centros botaneros –más los disfrazados de marisquerías familiares-, el calor sigue siendo el mismo, un poquito más acentuado por la onda del calentamiento global, pero la forma de ingerir chéve sigue siendo en el mismo tenor, como si la regalaran

Después de ingerir di a bute cerveza todo el día, al llegar la noche venía invariablemente la hora del desempance y había que dar el cambiazo al trago de vino para aligerar la sobrecarga y ¡vámonos a los bules! Con las damas cariñosas y a echar dancing y pata de colofón, hasta las tres de la mañana
Este era un pequeño cinturón del vicio (que merece artículo aparte) y en el que había centros de diversión muy especiales, como el de María La poca media; el Carta Blanca; el de Con Ángel, el Joto; el del Pachuco; el Corona regenteado por el jorobadito más estimado de Santiago Panchito y propiedad de los concesionarios de la cerveza desde aquellos años y que siguen en el negocio.

Como si esto fuera poco, llegan las Fiestas del Señor de la Ascensión, y desde el rompimiento para acá, Santiago se vio inmerso en un desatado torbellino de bebedores que lograron llevarse el título (no muy honroso) del municipio mayor consumidor de cerveza en la República.
Pero Control Señores Control el calor sigue siendo el mismo, la mayoría de las piqueras funcionan en lugares que debería prohibir el Ayuntamiento de Pavel Jarero –que sigue adelante a pesar de que algunos remedos de políticos ya andan haciendo labor de proselitismo para la siguiente campaña- entre repetidos brindis y calenturas de cates y trompones Lo único que se lamenta, en serio, es la derrota de Castellón Fonseca, que aunque jugó por el perredé, más le valía a Santiago que triunfara para que hiciera válidas las propuestas de campaña, y no que ahí quedaron las falsas promesas de su contrincante que está por verse, que regrese a su pueblo a cumplir con lo que quedó en el aire

Pero así era y es en la actualidad el calor tipo averno en Sanguirindango de los Chuchos como la bautizó el Jefe Y que se sigue soportando y combatiendo con las mismas y heladas armas
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