Tú, como hombre de Dios, corre tras la justicia, la piedad, la caridad, la fe, la paciencia en el sufrimiento combate en el buen combate de la fe (I Tim. 6, 11s). Estas palabras con las que San Pablo quiere animar a su discípulo Timoteo para que cumpla adecuadamente su encomienda pastoral en Éfeso, son también para nosotros el motivo de nuestro trabajo al promover la fe y la dignidad de nuestros hermanos internos.
El objetivo que nos congrega en este 34º Encuentro de Pastoral Penitenciaria a celebrarse en esta ciudad capital de Tepic es el de Fortalecer la formación, la comunión y participación en los agentes de pastoral penitenciaria, para hacer realidad la misión en la prisión.
Somos obispos, sacerdotes, religiosos y laicos representantes de las 18 Provincias Eclesiásticas que hay en toda la República, quienes asistimos, al menos una vez por semana, a las 453 cárceles que hay en México, para promover los valores humano–espirituales en favor de los internos mediante la celebración de los Sagrados Misterios, evangelización y catequesis, Retiros espirituales, asesoría jurídica, formación de talleres; todo esto con el fin de fortalecer la fe y la dignidad de nuestros hermanos internos.
Somos conscientes de las diferentes problemáticas que encontramos en nuestras cárceles y Centros de Readaptación Social: La sobrepoblación de hermanos nuestros, los numerosos conflictos (Injusticias, corrupción, vicios, degradación moral) que enfrentan, el creciente índice de violencia que ha llegado a propiciar la muerte de algunos de ellos.
La pérdida de valores, el olvido de los roles en la familia y en la sociedad han contribuido también a que las cárceles estén saturadas; vemos, además, que la prevención social es muy débil, y que en muchos Estados y Municipios, es casi inexistente. La realidad concreta en las cárceles rebasa, en mucho, los programas de resocialización de los internos.
También, en el plano religioso, encontramos en nuestras cárceles adultos no bautizados, bautizados no confirmados, bautizados no iniciados en la Eucaristía, y hermanos nuestros bautizados, pero no suficientemente catequizados; ante toda esta realidad hemos decidido reavivar la misión permanente en la prisión.
Pedimos a nuestras Autoridades civiles, nos faciliten este trabajo misionero que tiene como fin el bien de los internos, el bien de sus familiares y de sus amigos y, en general, el bien de la sociedad.
Pedimos a los Arzobispos, obispos y sacerdotes nos apoyen en esta Misión, que es la Misión de la Iglesia recomendada en Aparecida; a los laicos, hermanos y hermanas nos ayuden a ser solidarios en el subsidio de esta Misión. A las hermanas y hermanos de la vida consagrada les invitamos a que, desde su propio carisma, nos ayuden a enriquecer esta Misión y a todos los hermanos y hermanas de buena voluntad les pedimos sus constantes oraciones.
Que la intercesión de nuestra Señora del Rosario de Talpa nos asista para que podamos seguir sirviendo a su Hijo, el Cristo Preso en cada uno de nuestros hermanos internos.
Domingo Díaz Martínez.
Arzobispo de Tulancingo.
Responsable Episcopal de la Dimensión de Pastoral Penitenciaria.