Por: Arturo Camarena Flores
Me reservo su nombre. Vino solicitando lentes. Tiene 22 años de edad, no es mal parecido y desde chico fue tratado como retrasado mental pues tropezaba con lo que hubiese enfrente y no pudo terminar la primaria. Incluso las labores propias del campo las cumplía con desgano y a medias. Hasta que tuvo 14 años se dio cuenta que no veía nada con un ojo y con el otro no lograba igualar a los de su edad. Como a un hermano le compraron una góndola usada le pidió al padre que le ayudara para la probable operación de la vista recibiendo un nada cordial vete mucho a tiznar a tu madre. Aunque su mamá vivía allá se vino a buscarla a Tepic (a la vida). Muy tonto no es pero le hizo caso a otro de verdad atolondrado que le aconsejó fuera a una óptica, que por cierto no está supervisada por un oftalmólogo. Veo con pena que en Nayarit vivimos en un mundo al revés pues algunos diputados y presidentes municipales de todos los colores promueven campañas compradoras de votos donde los optometristas deciden quién debe ser enviado a operarse y quien debe usar lentes. Suplantación de funciones pues. O mejor dicho, jugoso fraude al pueblo, sin eufemismos. Lo de jugoso se refiere a que en esas ópticas todo es ganancia pues no hay gastos de mantenimiento, ni pago de tres impuestos, luz, renta, empleados, seguro social, Infonavit, además del riesgo visual que lleva el confiar los ojos en cualquier otro profesional que no sea oftalmólogo u oculista Tengo seis años usando lentes de contacto pero ya no me sirven ni para ver donde camino. También me acaban de recetar otros lentes gordos que no me pongo porque no me quedaron bien y me da vergüenza, me dijo en la primera (y única consulta). Continuó: He andado en distintos trabajos hasta que en la granja me notaron que en vez de darle las mazorcas a los puercos les llevaba los puros olotes y me ordenaron viniera aquí.
La correcta exploración de los ojos es el campo de un especialista llamado oculista u oftalmólogo. Profesional que después de los seis años de la carrera de medicina que obligadamente tienen que cursar, compiten contra cientos de aspirantes para unas pocas plazas de residentes durante mínimo 3 años estudiando los ojos y su relación con el cuerpo y con todo lo humano. Todo puede complicarse cuando la gente cree que es lo mismo consultar al oculista que asistir a un examen gratis de la vista o cuando exige ser visto por computadora, artefacto que no le pregunta nada al paciente ni le examina la retina ni el nervio óptico, ni la toma la presión ocular entre otras exploraciones que tienen que hacerse para llegar a un diagnóstico acertado. Dramas como el presente (primera consulta con grave daño visual e incluso ceguera avanzada son vistos a diario en el ISSSIE, IMSS y en la consulta privada con niños o con pacientes diabéticos, hipertensos o simplemente añosos que suponen que no hace falta una visita al oftalmólogo pues ignoran que ojos gravemente enfermos pueden tener la visión central perfecta, con 20/20 o con diez de calificación como debe decirse en nuestro sistema métrico decimal. Volviendo al joven diré que su caminar, la movilidad de sus brazos, la facies y su locución no me dijeron nada anormal del sistema neurológico. La movilidad de los globos oculares, de las pupilas y de los párpados tampoco aportaron algún daño pero al tratar de que leyera con cada ojo por separado, el derecho no vio absolutamente nada (ni la luz) y el contralateral no pudo identificar la letra mas grande a ninguna distancia. El diagnóstico se obtuvo observando el fondo del ojo. No había leucomas, (nubes dice la gente), ni cataratas ni hemorragia vítrea, ni desprendimiento de retina pero el nervio óptico del ojo derecho tenía una color casi blanco aunque el del lado izquierdo de coloración normal. La interposición de lentes negativas (menos 25) para ver la retina con claridad llevó el diagnóstico de miopía elevada con astigmatismo elevado, (más de 8 dioptrías), que conformaron una ambliopía ex anopsia que en cristiano significa ceguera por falta de uso. O sea, todo ojo que tiene poca visión y no es rehabilitado a temprana edad pierde su oportunidad de aprender a ver por el cierre de la comprensión por el cerebro, que es finalmente el órgano con el cual vemos. Se puso muy nervioso cuando comedidamente le platiqué que no había graduación de lentes para él y que una operación tampoco le devolvería la visión. Que perdió mucho tiempo sin consultar al especialista. Que no se desesperara y pidiera otra opinión en el Seguro Social (que si tiene), o incluso en alguna otra ciudad a donde lo envíen, pero que después de dos que tres diagnósticos similares al mío se adaptara aceptando su realidad y se hiciese de un trabajo nada riesgoso para su integridad física. Que aun le quedaba una educación en el CREE local e incluso le hice pasar sus dedos por un cartón con letras en Braille. Ya van algunos pacientes que envío a esa institución oficial y han regresado a comunicarme contentos que ya aprendieron a leer. (Gracias por tu ayuda en esa misión, Teresa Ocádiz).
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Miembro de la Asociación de Periodistas y Escritores de Nayarit, A C (APENAC)
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