Por: José Ma. Narváez Ramírez.

Recordamos en épocas recientes, que los pasillos del frente de la presidencia municipal, eran ocupados por vendedores indígenas que posteriormente fueron reubicados una cuadra más adelante, y lo que antes fue un mercadito siguió siendo -según los decires de la gente- un buen negocio para unos cuantos vivillos que explotan a las señoras y las niñas Coras y Huicholas, que dejan sus ojos en la artesanía maravillosa del engarce de chaquira, elaborando piezas artísticas dignas de las mejores colecciones, (a las que pagan una miseria y las tienen en asentamientos muy humildes donde viven hacinados en la Colonia Zitácua, de esta ciudad capital). Hoy sigue existiendo ese comercio en las afueras del Mercado Juan Escutia, a todo lo largo de la calle, mientras que el espacio que ocupaban fue cedido para la gente del pueblo -en su mayoría de la tercera edad- que muy oronda y lironda, daba en ir a sentarse en las duras bancas de fierro durante las horas en que el intenso calor aprieta, y aprovechaba la mañana o la tarde para echar la platicada o hacer algún negocito mientras se guarecía de los fuertes rayos solares o de la lluvia.


Pero se vinieron los tiempos de crisis en los gobiernos y mientras (el lobo aparece) y se define de una vez por todas quien se queda con la Presidencia de la República, habrán de recortarse los sueldos, reducir las nóminas, defenestrar de personal que sobra en las oficinas y ver de dónde se saca la lana para cubrir los pagos quincenales que representa la alta carga burocrática, y de funcionarios, que adelgazan los presupuestos al grado de dejar en segundo término a quien –prácticamente- les paga, y que mantienen en el constante suspenso del no hay dinero para ustedes, solo para aquellos que maman de la ubre.

Y decíamos, mientras esto se convierte en la penitencia nuestra de cada día, el Toro tiene que echar mano de todos los espacios y al parecer ordenó ocupar los pasillos de la presidencia para formalizar la venta de boletos para espectáculos deportivos, ofrecimiento de planes de crédito, programas turísticos, y otras actividades que le dejan algún beneficio económico al ayuntamiento, y mandan de lleno a ocupar las bancas y barditas de los jardines donde la poda no se ha convertido en joda, y la sombra de los arbolitos permite cobijarse de los intensos rayos de su majestad El Sol, y torear a la ola de vendedores de celulares, gelatinas, arroz con leche, tamales, calcetas, dulces, panes, tejuino, colgajes y bisutería, fruta en trozos, pomadas milagrosas, miel adulterada, chácharas y mil y un productos callejeros más, que a diario entre un enjambre de boleros, pulula por ese lugar –antes- de solaz y esparcimiento público, hoy aprovechados en los portales que rodean la plaza, por sillas, muebles y aparadores pletóricos de ropa y artículos varios, pizzas y cafés, que ofrecen –encimosos- a las personas que tiene que pasar por esos lugares, dejándoles muy pocos lugar a los turistas y a los negocios establecidos que se pierden entre el mar de comercios –hormiga- llamados ambulantes, y que le pagan a muy duras penas cinco pesos diarios por derecho de piso al ayuntamiento, exentando a los negocios establecidos que tienen que aprovechar la banqueta del frente de sus comercios para realizar –según ellos- desigual competencia que les hacen, ante una invasión puestera y pseudo ambulante, teniéndose que ayudar con bocinas de alto volumen para anunciar la mercancía y que cubren impuestos especiales..


El Toro, viene realizando la renta de espacios en el propio jardín, al frente de la estatua de don Amado Nervo y en terrenos donde se iza la Bandera Nacional, para vendimia de comida y artesanías; que por cierto hoy se ofrecen en forma bilingüe.

Y muy bien por el señor Héctor González Curiel, que, Control Señores Control tiene que sacar los billetes de dónde sea, siempre y cuando los medios sean derechos y no se apliquen medidas que perjudiquen a Juan Pueblo

(Líneas. Tel. 311. 158-66-55).