Por: José Ma. Narváez Ramírez.

Ayer me platicaba un periodista de los que están bien acomodados en el mundo del chayote oficial, y ya lleva cerca de los 35 años mamando de la ubre oficial, siempre al mande usted de los meros gallones de la poláka, que las arcas del gobierno del estado y las municipales dieron un cerrón al pago de facturas y demás cuentas no burocráticas, incluyendo a las que presentan los cobradores que hacen cola los días anteriores a las quincenas –que casi siempre se ven obligados a regresar al día siguiente de cada una de las veces que se forman-, que se les vino la crisis a los compañeros de profesión y se soltó un verdadero diluvio de ofertas de cámaras, grabadoras y demás utensilios de trabajo que usan para la diaria labor, esperando que les suelten una corta feria –en calidad de préstamo por prenda-, y salir adelante en esta penúltima etapa de dizque re-veda electoral, esgrimida por el mundillo oficial porque no se han puesto de acuerdo en quien fue el ganón, y van a sacar la carta de debajo de la manga los del lado del Peje.

Los funcionarios que a diario se avientan al ruedo a torear a los periodistas de la tozuda infantería, haciendo gala de chacualeo de baba, al hablar de lo mismo, con los mismos, todos los días Parece que están jugando al a ver quién se cansa primero, los unos cargando las videograbadoras, las cámaras, los celulares y demás cachivaches en ristre, y los otros soltando de su ronco pecho las mismas rolas informativas de todos los días Que al fin y al cabo el pueblo no se cansa de leer lo mismo en todos los periódicos, oír lo mismo en la radio y ver los mismos en la tele
Lo gacho de todo este rollo es que lo único que brilla Pero por su ausencia, son los billetes, y solamente los más chuchos (¿o duchos?) sacan la píldora nuestra de cada sesión quedándose de a perros los más tarugos o callados o confiados, que creen que después se pondrán a mano los servidores públicos que cobran un ojo de la cara por sus servicios, pero que no corresponden a los esfuerzos de los comunicadores Mucho menos de quienes les pagan

Y les decía que se desató un diluvio de ofertas callejeras, demandando unos cuantos centavos en calidad de préstamo, con la solemne promesa de pago inmediato De muy escasas probabilidades de hacerse realidad Porque sencillamente el lobo no aparece o séase que la promesa de que al término de la veda electoral habría igualada chayotera que no ha llegado, y como dijo don Teofilito, al parecer, no llegará
Control Señores Control la esperanza fenece al último y que no decaigan las ilusiones Algún día don Roberto Sandoval se acordará de aquellos que lo empujaron en su carrera política Mientras, como dijo el Cora Marismeño: hay que apoquinar Porque no hay mal que dure cien años, ni pendejo que los aguante
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