*Aún bajo la amenaza de un estallido social, EPN tomará posesión el 1 de diciembre
Por: Juan Fregoso.- En 1988, fueron tres los candidatos presidenciales que se disputaban la primera magistratura: Carlos Salinas de Gortari, del PRI, Cuauhtémoc Cárdenas y el empresario Manuel J. Clouthier, quien prácticamente asaltó al PAN, para lanzarse como su candidato. El Maquío, como era conocido, a decir de vedad, no era un verdadero político que luchara por democratizar el país, pareciera que su decisión de contender para presidente era más bien un capricho, puesto que no tenía ninguna necesidad de lidiar con los problemas de México, pero era carismático y esto le atrajo la simpatía de un buen sector de la sociedad mexicana que le dio su voto, y que juntos con Cárdenas redujeron el margen que tenía Carlos Salinas.
Así, cuando llegó la fecha de las elecciones el pueblo se volcó a favor del ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas. El ingeniero le ganó holgadamente al priísta Carlos Salinas, quien al darse cuenta que los votos no le favorecían instrumentó la famosa caída del sistema; el sistema de cómputo se desvaneció por unas horas y cuando se restauró los números le dieron el triunfo, cuando la realidad fue que Cárdenas quedó en primer lugar, Clouthier en segundo y Salinas en tercero. El candidato del PRI había perdido la presidencia, por eso su equipo de campaña hubo de inventar la famosa caída del sistema.
Con todo, Salinas se ciñó la banda presidencial que le transfirió su antecesor Miguel de la Madrid, el presidente que pasó de noche por Los Pinos. Salinas de Gortari, siendo ya presidente de México comenzó su ofensiva, empezaba a delinear su estilo de gobierno, pues tan luego se vio investido de poder, encarceló a Joaquín Hernández Galicia La Quina, con cargos prefabricados, pues el único delito del dirigente petrolero fue haber apoyado económicamente a Cárdenas, acción que nunca le perdonó y se vengó de él encarcelando, de hecho, La Quina permaneció prisionero todo el sexenio salinista.
En las postrimerías de su gobierno estalló en el sureste del país, en el estado de Chiapas, el movimiento armado del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), encabezado por el subcomandante Marcos, quien se erguía como el defensor de los derechos de los pueblos indígenas, los que en su opinión, serían los principales afectados con la aplicación del Tratado de Libre Comercio (TLC), creatura de Carlos Salinas de Gortari, quien creyó que con dicho tratado llevaría a México al primer mundo, llevando a cabo verdaderas reformas contrarrevolucionaras, como la modificación al artículo 27 constitucional, la privatización de Telmex, entre otras empresas estratégicas del estado mexicano.
La puesta en vigor del (TLC) sólo sirvió para favorecer a las empresas transnacionales y al propio Salinas de Gortari, quien con la complicidad del PAN había logrado uno de sus principales objetivos, el otro, era perpetuarse en el poder, esto es, reeligirse una vez que transcurriera el plazo establecido por la constitución, pero fue justamente el surgimiento del (EZLN) el que, al parecer, truncó su sueño transexenal.
En este contexto, el subcomandante Marcos pronunció un discurso que sacudió la conciencia nacional: Cuando bajamos, dijo, de las montañas, cargando nuestras mochilas, nuestros muertos y nuestra historia, venimos a la ciudad a buscar la patria. La patria que nos había olvidado en el último rincón del país; el rincón más solitario, el más pobre, el más sucio, el peor. Venimos a preguntar a la patria, a nuestra patria, ¿por qué nos dejó ahí tirados tantos y tantos años?, ¿por qué nos dejó ahí con la muerte?
El líder zapatista fue más a fondo al señalar que: Ésta es la bandera de México, nuestra bandera. Bajo esta bandera vive y muere una parte del país cuya existencia era ignorada y despreciada por los poderosos. Muertes y muertes se iban sumando bajo el cielo de esta bandera, sin que otros mexicanos voltearan. Y en alusión directa al sistema opresor, subarayó: ¿Y si la palabra no logra saltar los muros de la soberbia y de la incomprensión? Y si la paz no es digna y verdadera, ¿quién—preguntamos—nos negará el sagrado derecho de vivir y morir como hombres y mujeres dignos y verdaderos? ¿Quién nos impedirá entonces vestirnos otra vez de guerra y muerte para caminar la historia? ¿Quién?
Marcos, retrataba fielmente con estas palabras la corrupción imperante del sistema mexicano y las deplorables condiciones en que aún viven, no solamente los pueblos indígenas de Chiapas, sino de todo el país. Y esas palabras vertidas en 1994, tienen más vigencia hoy más que nunca, porque México sigue inmerso en la miseria más degradante ante un sistema político que le cierra las puertas a la democracia, que sigue operando mediante prácticas fraudulentas, que violentan la voluntad popular y así no se puede avanzar para elevar el nivel de vida de los mexicanos.
Así pues, es ingenuo pensar que la demanda instaurada por el Movimiento Progresista, en el sentido de invalidar las pasadas elecciones federales, pueda tener éxito o ser favorable. Las autoridades electorales encargadas de ventilar este caso, simple y llanamente declararán improcedentes todos los argumentos esgrimidos por la oposición, por lo tanto, Enrique Peña Nieto será ungido como el nuevo presidente de México, inclusive bajo la amenaza de una revolución o de estallido social. ¡La suerte está echada!