Por: Juan Fregoso
El pasado martes 7 de agosto, el presidente del CDE del Partido Revolucionario Institucional, profesor Juan Carlos Ríos Lara, encabezó una importante asamblea informativa, según dijo, con el sector magisterial. La reunión se llevó a cabo a puerta cerrada, en virtud de que se trataba de un cónclave privado, por eso cuando el columnista intentó acceder al recinto le fue negado el acceso, por lo que opté prudentemente por salirme y esperar a que terminara para entrevistar al dirigente priísta.
Una vez concluida, abordé al presidente del PRI con el fin de enterarme del motivo de dicha reunión. Debo decir, en honor a la verdad, que el líder priísta me atendió amablemente, en el curso de la entrevista en tono agradable respondió a casi todas mis preguntas, señalando de entrada que viene haciendo un recorrido por los comités municipales del revolucionario institucional en trabajos de fortalecimiento de la estructura territorial del tricolor, la inauguración de una oficina de atención en la sede del comité de Acaponeta.
Asimismo, explicó que la asamblea que había finalizado minutos antes había sido una reunión informativa con compañeros que trabajan en la educación, en los diversos sistemas y subsistemas educativos y que están afiliados al Partido revolucionario Institucional; reuniones de información y reuniones de trabajo, porque una vez pasado el proceso electoral nuestro partido reinicia una tarea de reafiliación, de credencialización, con el fin de que todos los que pertenecen al partido estén debidamente credencializados, se trata de que todos los que militan en los diferentes sectores del el PRI, sienta el cobijo de nuestro partido.
Hasta aquí, la entrevista se desarrollaba en un marco de civilidad, el problema surgió cuando el columnista cuestionó a Juan Carlos Ríos Lara, si la asamblea tenía algo que ver con la figura de Liberato Montenegro Villa. El presidente del PRI expresó que nada tenía que ver con el maestro de Mazata, pues dijo que ni en lo más mínimo, esto tiene que ver con la organización interna del PRI, que sólo tiene que ver con los priístas.
Empero, fue obvio que la pregunta tocante al profesor Liberato Montenegro, causó escozor en Juan Carlos Ríos Lara, pues a pesar de los muchos cargos políticos que dice que ha tenido perdió los estribos y empezó a hablar en tono agresivo al periodista, evidenciaba así su falta de oficio político y una prepotencia enmascarada en una debilidad impropia de un verdadero hombre de poder, acostumbrado a manejar todo tipo de situaciones por muy adversas que parezcan, sin embargo, el presidente del PRI reveló una personalidad frágil, contrario a lo que aparenta, perdió el dominio ante una simple entrevista, ante una serie de preguntas que le resultaron incómodas, al grado de exhibirse como un patán y no como un conductor de un partido de masas.
Pero, la pregunta que más lo sacó de sus casillas fue cuando el columnista le preguntó el porqué se obstaculizaba el trabajo de la prensa, ya que como lo señalo líneas arriba se me impidió el acceso a la sala de sesiones del tricolor. En tono iracundo, fuera de sí, Lara Ríos me respondió: No, nos confundamos, hay reuniones que por los temas que se manejan son privadas, como usted tiene derecho a una vida privada, en efecto, señor Ríos, en esto tiene razón, pero hay un enorme abismo entre ese recinto sagrado con la vida pública y los partidos políticos son entes públicos de acuerdo con nuestra Constitución, así argumente usted que existe un marco estatutario o reglamentos, pero le recuerdo que ninguna ley—y dije ley—puede estar por encima de nuestra Ley Suprema.
Por lo tanto, sus infantiles argumentos no le dan ningún derecho de calificar de abuso y de arbitrario al periodista que sólo busca la nota para informar a la sociedad de todo lo que acontece en su comunidad. Creo, que el presidente del PRI, debe leer bien los artículos 6º y 7º de la Carta Magna, cuyo contenido no reproduzco por la simple razón de que usted, supongo, es un hombre ilustrado al ostentarse como maestro, aunque su comportamiento dice todo lo contrario, pues actúa como un teporocho que tiene todos los bulbos fundidos que le impiden razonar normalmente.
Puesto que de no ser así, usted no me hubiera arrebatado mi grabadora de trabajo, la cual, debido a su ira irracional estuvo a punto de estrellarla contra el piso, pero seguramente una lucecita divina le iluminó su atrofiado cerebro y, porque además, había muchos maestros—como usted—allí presentes. Su falta de madurez política y como ser humano, lo llevaron al extremo de amenazarme, pues recuerde que me dijo que me respondía como yo quisiera, lo que en buen romance significa un reto a golpes.
En una palabra, y a guisa de pecar de reiterativo, actuó usted, como un verdadero cholo o pandillero, menos como maestro y político que dice ser. Su conducta, señor Juan Carlos Ríos, no es un abuso como el hecho de que este periodista sólo haya querido cubrir las nota en ese evento político finamente camuflado, porque el verdadero fondo de lo que se trató en esa amañada asamblea, es beneficiar con plazas a maestros, que como usted, jamás han ejercido el apostolado de la educación, pero que sí ostentan la camiseta tricolor, es decir, a puros priístas, como si el resto del magisterio no fuera de origen mexicano. Por ello, al verse descubierto, asumió una actitud agresiva y gorilesca en contra de este columnista, que no hizo más que cumplir con su deber en el ejercicio de su profesión periodística, esto es, en el ejercicio de un derecho que no me la dá usted—por muy presidente del PRI que sea—ni siquiera el estado, es un derecho que la propia naturaleza le concede a todo ciudadano, por el simple hecho de ser una persona humana, la constitución sólo lo reconoce.
Por último, quiero decirle directo amigo, emanado del Museo de las Momias de Guanajuato, que su conducta se encuentra tipificada como amenazas en el código penal, pero al fin, dirigente de un partido político, usted se siente intocable, muy poderoso, porque cuenta con el respaldo de un sistema político represor que le tolera sus más viles acciones. Y, la verdad, no me explico en dónde tenían la cabeza los auténticos priístas cuando lo eligieron como presidente del PRI, al cual sólo llegó para desprestigiarlo más de lo que ya está.
No puedo ni debo pasar por alto, que desde este momento y desde esta columna lo responsabilizo penalmente de lo que pueda sucederme en mi integridad física, a mi familia y a mi patrimonio, como consecuencia de su conducta psicópata. Al mismo tiempo, exhorto respetuosamente al señor Gobernador del Estado, Roberto Sandoval Castañeda, a la Comisión Estatal de Derechos Humanos, a la Comisión Nacional de Derechos Humanos y a todas las organizaciones sociales defensoras de los derechos humanos, para que estén enteradas del presente caso, en el cual se quiere asesinar cobardemente a la Verdad, con sujetos con instintos criminales como usted, indignos de estar al frente de cualquier organización política, ya que en donde debería de estar es un centro psiquiátrico con una camisa de fuerzas.