*EPN, aprender a sufrir como presidente
*Ante su cuestionado triunfo, este es su principal desafío
*La juventud exige que se limpien las elecciones, por considerarlas antidemocráticas
*Y los jóvenes están dispuestos a dar un vuelco a la rueda de la historia, si no se les escucha
Por: Juan Fregoso.- En la edición del 22 de agosto, escribí que la impugnación en contra de las elecciones del 1 de julio no prosperarían a favor del Movimiento Progresista, porque el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) ha ido desechando las pruebas presentadas por la parte inconforme, de ahí que la resolución que emita la autoridad electoral sea validar los comicios y en consecuencia declarar como legítimo ganador al candidato priista, Enrique Peña Nieto, quien podría asumir su cargo el próximo 1 de diciembre.
Esta hipótesis se concretó la semana pasada, cuando el (TEPJF) emitió la declaratoria de validez de la elección del 1 julio, con lo cual Enrique Peña Nieto se convirtió en presidente electo de México. No hay nada de sorprendente en este hecho, porque era obvio que el Tribunal Electoral fallaría a favor del candidato del PRI, hubiese sido ingenuo creer que anularía las elecciones y esto lo sabían de antemano los integrantes del Movimiento Progresista que impulsó la candidatura de Andrés Manuel López Obrador, quien conoce a la perfección los entresijos del sistema político mexicano.
Todos los argumentos esgrimidos por el Movimiento Progresista, para el (TEPJF) no tuvieron el peso suficiente para echar abajo una elección a todas luces viciada, al final, como se preveía el fallo favoreció a Enrique Peña Nieto, el cual recibió la constancia que lo convierte en el próximo presidente de la República. El problema de fondo radica en que el ex gobernador mexiquense, como su antecesor—aún en el poder—llega fuertemente cuestionado por una sociedad que reclama el respeto al voto, a la igualdad, a la equidad y a la justicia; una sociedad que quiere un gobierno que no tenga el tufo del PRI, porque intuye que su retorno significa autoritarismo y represión como lo demuestra la historia.
Y aunque se diga que Enrique Peña Nieto encarna a un nuevo PRI, esta aseveración nadie la cree, porque detrás del priísta se encuentran siniestros personajes como Carlos Salinas de Gortari, José Córdoba Montoya, Pedro Aspe Armella, entre muchos otros, que en su momento entregaron al país al imperio norteamericano, por lo tanto, es absurdo hablar de un nuevo PRI, mientras vemos en el escenario esta caterva de políticos corruptos y marrulleros.
Admitiendo que Peña Nieto es un joven político, con ideas frescas o renovadoras, cómo podrá gobernar al país bajo la sombra del pasado que lo atrapó, cómo podrá deslindarse de ese grupo que lo mantendrá como rehén. Es evidente que no podrá hacerlo, porque los compromisos contraídos se lo impiden, quedará sujeto a las consignas que le dicten los dinosaurios políticos, lo que significa que aparte de su cuestionado triunfo, Peña Nieto llegará acotado, con un margen de maniobra muy limitado para realizar un buen gobierno, porque como escribió el recientemente desaparecido Carlos Fuentes, aunque haya ganado las elecciones, no debe olvidar que finalmente perderá el poder, aunque en su caso, el poder no residirá en él, sino en la llamada oligarquía que logró imponerlo contra la voluntad del pueblo.
En este sentido, el próximo mandatario tendrá que echar mano de toda su capacidad para calmar los ánimos encendidos de rabia, especialemente de una juventud rebelde, que exige con justo derecho unas elecciones transparentes, verdaderamente democráticas, por eso los jóvenes han llegado al extremo de amenazar que no permitirán que Peña Nieto tome posesión, porque están convencidos que su triunfo fue producto del fraude más descarado, cometido con la ayuda de los oligarcas y con el respaldo del viejo PRI, el cual como El Ave Fénix, resucitó de sus cenizas para dar vida al nuevo PRI, el cual supuestamente representa el mexiquense.
Pero faltan por lo menos cuatro meses para que el presidente electo se ciña la banda presidencial, y en este tiempo pueden ocurrir muchas cosas que podrían dar un vuelco a la rueda de la historia, porque el Movimiento #Yo soy 132, el (SME), la alianza de tranviarios de México, entre otras organizaciones sociales, como consecuencia del fallo emitido por el (TEPJF) han arreciado sus protestas bajo el grito de ¡México sin PRI!, ¡Peña no ganó y el IFE no ayudó! Y en un mitin celebrado en el Zócalo, el escritor Francisco Ignacio Taibo II advirtió que éste es sólo el principio: Si los tuvimos, expresó, azorrillados durante cuatro meses, ahora vamos a ser su pinche pesadilla, asimismo subrayó la importancia de tres aspectos que se deben poner sobre la mesa. En primer lugar, dijo el literato, consiste en la unidad, luego en la organización y, finalmente, exhortó a abandonar el pensamiento que los fractura. Tomemos las calles porque son nuestras, remató.
Así pues, el círculo en que se mueve Enrique Peña Nieto no es nada halagüeño. El presidente electo tiene ante sí una muralla que sólo con prudencia puede derribar, el diálogo en este caso, es de vital importancia para salir victorioso de esta liza postelectoral. El virtual presidente tendrá que echar mano de todos los recursos conciliatorios a su alcance para aplacar el descontento social que priva en estos momentos difíciles, pero para ello, tendrá que tomar sus propias decisiones, lo que quiere decir que no debe dejarse manejar por nadie, este es su principal desafío, aprender a sufrir como presidente, porque no todo es miel sobre hojuelas en las doradas esferas del poder, aunque tiene otra vía: La ley del garrote, quizá la más efectiva, pero contraproducente, porque equivaldría a echarle más leña al fuego, cuando lo que se busca es apagarlo.