Por: Juan Fregoso
Acaponeta, Nayarit.-Algunos gobiernos municipales, abusando del poder y de la ignorancia de la gente han implementado una política de despojo de terrenos que presuntamente pertenecen a esa ambigua figura denominada fundo municipal.
Esas administraciones han procedido arbitrariamente, sin que les importe lesionar los legítimos derechos de los ciudadanos e impedir la realización de obras de carácter social. En este lugar que se aprecia en la gráfica, se iba a construir un asilo para ancianos, pero el gobierno que encabezaba entonces Enrique Jiménez López, junto con el bandido del ex síndico, Juan Diego Herrera Gamboa, decidieron con la complicidad del cuerpo de regidores adjudicárselos para su propio beneficio.
El propietario de este inmueble era el desaparecido Antonio Núñez, a quien el gobierno enriquista injustamente le confiscó el terreno con el pretexto de que era propiedad del fundo, y aunque nunca pudieron acreditar fehacientemente la supuesta propiedad, de todos modos le quitaron el predio a don Toño Núñez, quien ante el poder gubernamental no pudo hacer nada, fue despojado impunemente y se dice que a causa de esta infamia, el señor falleció al verse privado de sus bienes, pues no pudo resistir semejante ofensa.
El terreno en mención se encuentra ubicado por la calle Durango, entre Matamoros y Guerrero. Era conocido como La Privada de Núñez; don Toño, antes de fallecer exhibió todos los documentos que lo acreditaban como su único y legítimo propietario, hasta que 1999 llegó a la presidencia el Prof. Enrique Jiménez, el entonces alcalde fraguó la forma de arrebatarle la finca a su verdadero dueño, para ello adujo que en ese lugar se construiría un asilo para ancianos, se trataba, pues, de una causa noble, sin embargo, de acuerdo a testimonios recabados por el reportero el profe Enrique tenía otros planes muy diferentes a los expuestos a don Toño Núñez, porque sus verdaderas intenciones consistían en adueñarse del predio para él, para su síndico y para sus familiares.
Para darle visos de legalidad, el ex presidente comenzó a construir lo que sería el asilo. Poco tiempo después, por órdenes suyas, aquellos trabajos se pararon, por lo que sólo quedaron los cimientos de lo que pudo ser una obra benéfica, que daría albergue a muchas personas mayores que deambulan por las calles como parias, puesto que ni sus propias familias se quieren hacer cargo de ellos.
Pasado un tiempo razonable, el ex presidente comenzó a repartir el terreno entre sus colaboradores más allegados, amigos y familiares. Juan Diego Herrera Gamboa, a la sazón, síndico municipal, fue uno de los agraciados, se le otorgó el lote donde que luego cercó y puso un portal para impedir el acceso de otras personas. De esta manera, Juan Diego Herrera, se hizo de un bien que no le pertenecía, pero con el poder que le confería su cargo, no solamente a Antonio Núñez lo privó de sus derechos, sino también a una gran cantidad de acaponetenses, que no pudieron hacer nada ante aquel presidente, quien de acuerdo con el ex síndico, robaron terrenos en diferentes colonias de la ciudad.
De hecho, el propio Enrique Jiménez tiene una gran cantidad de terrenos mal habidos, pero no se le ha podido comprobar esta anomalía porque los tiene registrados con prestanombres; incluso el propio ex munícipe, donde supuestamente construiría el asilo, edificó una casa valuada en varios miles de pesos, mientras que en la colonia Jardín—donde actualmente vive—tiene otros solares que se robó con la complicidad de Juan Diego Herrera Gamboa.
A su vez, el ex síndico logró agandallarse por lo menos unos ocho predios en la colonia Lázaro Cárdenas, los cuales ha venido vendiendo a precio de oro, lo que le ha permitido enriquecerse a costillas del pueblo. Algunos ciudadanos, cuestionados tocante a este tema, coincidieron en señalar que es una vergüenza tener esta clase de gobernantes, que buscan el poder no para servir a la gente, sino que aprovechándose de la ignorancia de la gente las explotan de mil maneras, les arrebatan impunemente lo que por derecho propio les pertenece. Pero así se las gastan, cada final de trienio, sale una nueva hornada de millonarios; no por nada muchos se hacen políticos, porque la política, aun cuando es una ciencia para procurar el bien común, la utilizan para robar al pueblo sin que nadie los llame a cuenta.