Por: Juan Fregoso

*César Guadalupe Cedano obstaculiza la acción de la justicia

*El regidor enfermo de poder asume el papel de fiscal

*Y pide la destitución del secretario de Gobierno y del director del deporte

*Alega abuso de autoridad porque le encarcelaron a dos amigos suyos

*Pero todo se trata de un chantaje, pues exige un aumento de 20 mil pesos más de lo que gana
El municipio tiene una diversidad de problemas que merecen la atención de sus autoridades, entre los cuales destacan la falta de vivienda, fuentes de empleo, salud, educación, deporte, seguridad, el fomento al campo, entre muchos rubros, a los cuales debería enfocarse el gobierno no solamente municipal sino estatal.

Acaponeta cuenta con diez regidores que tienen la responsabilidad ineludible de procurar el bienestar del pueblo, porque para eso fueron elegidos por la ciudadanía. Los llamados representantes populares ganan mensualmente la friolera cantidad de 33 mil pesos mensuales de los cuales no destinan ni un peso para mitigar la pobreza en que se debaten sus representados, aunque son contados los que se sacrifican a favor de la gente.

En vez de cumplir con sus deberes y obligaciones que les impone la ley, se enfrascan en pleitos estériles entre ellos mismos o en contra de los funcionarios, como es el caso del regidor César Guadalupe Cedano Sánchez, el cual se ha convertido en un depredador que sólo ve por sus intereses y por los de sus queridos amigos, pues este señor tiene cierta debilidad que lo distingue de los demás y eso lo hace ser muy generosos con los jóvenes y no tan jóvenes, con ellos se gasta su suculento salario producto de los impuestos del pueblo.

En esta columna se ha abordado incontablemente el caso de Cedano Sánchez, quien aparte de ser regidor trabaja como subdirector de la Escuela Secundaria General Leyes de Reforma, lo que significa que percibe un sueldo de la Federación y otro del estado, aun cuando la ley se lo prohíbe expresamente. Al ignorar la ley este soberbio sujeto se está burlando de la voluntad del pueblo, al que le debe respeto y obediencia porque por la voluntad ciudadana ocupa un lugar en el cabildo en donde debe defender los intereses populares.

Pero en vez de hacerlo se ha dedicado a comandar un grupo de individuos con el fin de desestabilizar y chantajear al gobierno. Esto es así porque en el colmo del cinismo el regidor—según ha trascendido—azuza a unos cuantos de sus compañeros para exigir un aumento de 20 mil pesos más por concepto de sueldo sin tomar en cuenta la fragilidad de las finanzas públicas por las que atraviesan la mayoría de municipios, con lo cual se convierte literalmente en un vulgar ladronzuelo que intenta saquear los bolsillos de los pobres, mientras que él se enriquece cada día más y sin trabajar.

César Guadalupe Cedano ha perdido deliberadamente la brújula al desviar su responsabilidad que consiste en ayudar a los más necesitados que requieren de la ayuda, no solamente de él sino de los demás regidores. Sin embargo, este pseudo regidor ha adoptado la posición de fiscal implacable en contra de quienes sí trabajan, lo que no hace él por dedicarle la mayor parte de su tiempo a sus negocios personales y a la subdirección de la Secundaria, trabajo que le impide entregarse de lleno a la regiduría.

Para colmo, el concejal utiliza su cargo para defender a personas rijosas, como sucedió hace unos días cuando se celebraba un torneo de básquetbol, en donde por alguna razón, salieron de pleito algunos jugadores que al alterar el orden público fueron remitidos a la cárcel pública. Ante esta situación, Cedano Sánchez valiéndose de su investidura encaró y exigió a la policía municipal que los dejara libres, porque en su opinión se trataba de un abuso de poder, cuando la autoridad sólo cumplió con su obligación de guardar el orden, pero sabedor del fuero con que cuenta, el dizque maestro cayó en la figura delictiva de tráfico de influencia y esto sí es grave tratándose de un representante popular, porque da un mal ejemplo a la sociedad a la cual por desgracia representa.

La detención de los profesores Miguel Villegas Martínez y Héctor Manuel Parra Ochoa, originarios de Sayulilla, aunque duró escasas tres horas, indignó tanto al regidor que está pidiendo las cabezas del director del deporte y del secretario de Gobierno, bajo el irrisorio argumento de que éstos incurrieron en abuso de autoridad y como la zorra no se ve su cola, Cedano Sánchez no parece darse cuenta de que al obstaculizar la acción de la justicia es un delito y que no por ser regidor puede hacer lo que le venga en gana.

En lugar de andar haciendo desfiguros que lo retratan como un sujeto prepotente en toda la extensión de la palabra, este regidor bueno para nada debería atender las demandas de su demarcación, resolverle los problemas a la gente que votó por él; renunciar o pedir licencia en el plantel donde funge como subdirector, ya que la duplicidad de cargos atenta contra la equidad y constituye una burla para el pueblo, en virtud de que mientras él se enchaleca 33 mil pesos mensuales, es decir, 16 mil 500 pesos quincenales, la gente que representa vive en condiciones infrahumanas, carece de vivienda digna y no tiene ni para darle de comer a sus hijos, en tanto que don César Guadalupe Cedano se da una vida de reyezuelo vernáculo.

Empero, los problemas del pueblo son los que menos le importan, al flamante regidor lo que realmente le interesa es demostrar su poderío a través del cargo que ostenta, por esta razón, en su mente retorcida como cigüeñal germinó la brillante idea de destituir a los funcionarios mencionados; por eso hace uso de su fuero para obstruir la acción de la justicia en aras de defender a quienes alteran el orden público sin importarle que violen el Bando de Policía y Buen Gobierno y demás leyes.

Así las cosas, urge que el caso de César Guadalupe Cedano sea ventilado en cabildo, porque de seguirle tolerando su conducta altanera y violatoria de la ley, lo más probable es que termine siendo un auténtico dictador, donde sólo su voluntad reine, por encima de sus superiores y sobre todo por encima de la voluntad del pueblo, ya que una de sus intenciones es que le incrementen su sueldo en otros 20 mil pesos, con lo cual ganaría 53 mil pesos mensuales, lo que significaría una soberbia bofetada al erario público o a las raquíticas finanzas que apenas sostienen al Ayuntamiento, y por supuesto, quien finalmente pagaría las consecuencias de sus actos serían los ciudadanos acaponetenses, ante la voracidad de este inepto regidor que se siente el non ultra plus dentro del círculo de poder en que se mueve.