Por: Antonio Lora

San Blas, Nayarit.- A Rebeca Méndez le decían La Loca del Muelle de San Blas, después de que en 1971, en la Playa El Borrego en San Blas, Nayarit, perdió a Manuel quien se adentró en el mar y nunca regresó.

La noche de este martes autoridades de San Blas, en voz del alcalde Porfirio López Lugo confirmó la muerte de la Loca en la ciudad de Monterrey Nuevo León, los familiares se comunicaron para pedirle al alcalde que se lleve a cabo una de las últimas voluntades, que las cenizas sean esparcidas en las playas del Borrego en San Blas.
La historia cobró importancia en 1997 cuando el grupo mexicano Maná la popularizó a través de la canción En el muelle de San Blas, de su disco Sueños Líquidos.

Parte de la letra dice así:

Ella despidió a su amor, el partió en un barco en el muelle de san Blas.

El juró que volvería y empapada en llanto ella juró que esperaría.

Miles de lunas pasaron y ella siempre estaba en el muelle esperando..

Su cabello se blanqueó, pero ningún barco a su amor le devolvía.

Y en el pueblo le decían le decían la loca del muelle de san Blas.

Señala un guía de turistas de El Fuerte de la Contaduría, del Puerto de San Blas, Guillermo Carvajal Sandoval, que la historia fue real, y hoy termina la leyenda pero inicia otra.

Se menciona que está próximo erigirse una estatua en la plaza principal para conmemorar a esta mujer, por lo cual en el pueblo se lleva a cabo la recolección de llaves y objetos metálicos para realizar la obra.
Reveló que en el 2011 la mujer regresó a San Blas y recordó su historia, cuando tres días antes de su boda, perdió a Manuel en el mar, un miércoles 13 de octubre de 1971, dijo el guía.
Según Carvajal, ese día, la tormenta tropical Priscilla, en el Pacífico, pudo ser la causante de que un amor que fue la gloria se perdiera, y Rebeca, siendo adolescente, a sus 14 años, quedara trastornada.
Cuenta que Manuel se embarcó temprano a la pesca junto con otros hombres, y llegado el día de la boda, Rebeca, al verse abandonada, vistió el ajuar de novia, caminó por la playa El Borrego, donde esperó encontrar a su novio, por días.

El historiador popular cuenta que las personas se compadecían de ella y en las ramadas le ofrecían comida, sobre todo porque muchos de ellos también perdieron a alguno de sus familiares al paso de esa tormenta.
En San Blas, ella tenía amigos, y no los olvidaba, los taxistas, grandes de edad, la reconocieron el año pasado, la saludaron, y la demás gente pudo convivir con ella, quien vino acompañada de una de sus hermanas.

Rebeca tejía ropa para muñecas y curiosidades, las vendía en la plaza del pueblo, donde vivía a pesar de no tener familia; también se dedicaba a trabajar en un restaurante y en las casas.
Se sabe, relató Carvajal, que cuando la tormenta pegó en San Blas, Rebeca Méndez se refugiaba en la casa de un señor que también vendía curiosidades en la plaza, le daba ayuda pero esta persona se fue a vivir a Tepic, y se oye que allá lo atropellaron y murió.
Ella se quedó sola pero su familia la buscó tras la tormenta y vinieron por ella; ahora una hermana de ella, que vive en Ahualulco, Jalisco, viene y nos da referencias de ella, dijo don Guillermo.
El guía turístico mencionó que al salir del museo de La Contaduría, Rebeca pasó por el panteón de la marinera, al ver las cruces, creyó que su novio estaba sepultado en una tumba y pensó en llevarle flores, pero preguntó sí los que morían en el mar tenían tumba y al contestarle que no, ella lloró.
Ella conoció la canción de Maná y sabe que se la dedicaron a su historia, se emocionaba, aseguró el narrador de la historia de Rebeca y dijo que a sus 63 años estaba bonita, no era una viejita, era una persona entera y simpática.