Por Óscar Verdín Camacho

La desaparición en Tepic de por lo menos tres militares, el año pasado, está siendo investigada por la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH).

El citado organismo conoce el asunto después de que la Comisión Estatal de Derechos Humanos (CEDH) les remitió una queja, presentada por familiares de los desaparecidos, y se declaró incompetente para darle seguimiento, según confirmó el presidente de la CEDH Huicot Rivas Álvarez.

La queja fue interpuesta por la falta de respuesta tanto de la Procuraduría General de Justicia (PGJ), donde se presentaron denuncias penales por el delito de desaparición de persona, y de la Treceava Zona Militar.

De acuerdo con Huicot Rivas, la queja la presentó la mamá de uno de los agraviados, quien añadió saber que otros dos militares desaparecieron en similares circunstancias que su hijo.

Un familiar de uno de los ofendidos señaló que mandos militares, con los que se entrevistaron el año pasado, se concretaban a responder que se trataba de desertores que se habrían ido con algún grupo delictivo, justificación que les molesta porque no se realizó investigación alguna y porque se trata de elementos que arriesgaron la vida en cumplimiento de su deber.

AQUEL ENFRENTAMIENTO

Un dato que llama la atención es que al menos dos de los desaparecidos participaron, y resultaron heridos, en un enfrentamiento registrado el 18 de junio del 2010 en cañaverales del poblado Los Sabinos, a unos 10 kilómetros de Tepic, cerca de Puga, suceso en el que murieron cuatro narcotraficantes y un subteniente del Ejército.

Los ahora desaparecidos son: los cabos de infantería Sergio Roberto Quezada Torres, de 26 años de edad; Fabián Herrera Aguilar, de 38 años; y Francisco Javier Rodríguez García, 21, este último soldado y quien habría sido parte del equipo de seguridad del general Gilberto García García, ex comandante de la Treceava Zona Militar.
Producto de las heridas de bala que recibieron, Quezada Torres y Herrera Aguilar tuvieron que ser atendidos en un hospital en Guadalajara.

En la respectiva denuncia penal se especificó que Sergio Roberto presenta una cicatriz en el brazo izquierdo, otra en el estómago y una más en uno de los glúteos, producto de las citadas lesiones, en tanto que Fabián Herrera, al momento de su desaparición continuaba con clavos quirúrgicos en el brazo izquierdo, producto de una herida de bala.

Según un familiar de los desaparecidos, el enfrentamiento les dejó secuelas y, en el caso de Fabián, seguía yendo a Guadalajara a revisiones médicas. De hecho se creía que sería pensionado.

Los cabos de infantería desaparecieron el 17 de febrero del 2011. Fabián habría dicho que iría a visitar a un amigo, también militar, pero ya no regresó a su domicilio.

Para el caso de Sergio Roberto, su mamá afirmó que el 18 de febrero, un día después de la desaparición, recibió una llamada por teléfono: ¿en cuánto valora la vida de su hijo?, le preguntaron. Y nada más. Respecto a la situación de Francisco Javier, la desaparición fue denunciada por su mamá.

A más de año y medio de las desapariciones, sin rastro alguno sobre su paradero, los familiares esperan que la CNDH obtenga las respuestas que a ellos les han negado sobre qué sucedió con estos militares.