Por: Juan Fregoso
La necesidad, el hambre o la miseria en que se encuentra el pueblo—entendido este concepto como las masas explotadas, en donde por supuesto, cabe no solamente el obrero, el campesino, el albañil, el peón, el comerciante, sino también los comunicadores sociales—lo ha llevado al extremo de rendirle pleitesía al gobernante en turno, a tal grado de humillarse vergonzosamente ante el rey y su cohorte que disponen de todo, que lo tienen todo, sin importarles cómo vivan los gobernados.
La tesis anterior obedece a que el columnista ha venido escuchando desde el inicio de este sexenio a algunos colegas que lamentan no recibir ningún apoyo del gobierno estatal por hacer su trabajo periodístico, aun cuando existe una partida destinada para el sostenimiento de la prensa, solo se aplica, salvo a algunos medios de comunicación considerados como los más influyentes, lo que ha llevado a la quiebra a los menos influyentes, es decir, de aquellos que para el gobierno no significan nada.
Lo grave de este asunto es que son muy pocos los comunicadores que se han atrevido a levantar la voz para decirle al gobierno que los periodistas también son pueblo y que también votan en las elecciones en donde indiscutiblemente juegan un papel importante para la construcción de la democracia. Aquellos que han alzado su voz lo han hecho tibiamente, con temor a las represalias, y en no pocas ocasiones, los clásicos accidentes de aquellos que se atreven a criticar abiertamente el quehacer gubernamental cuando las cosas no se están haciendo bien.
En este contexto, los politólogos dicen que una cosa es el aspirante, otra el precandidato, otra el candidato y otra muy diferente, el gobernante. En efecto, estamos de acuerdo con esta tesis, porque cuando se es candidato a cualquier cargo de elección popular, éste no escatima recursos para la prensa porque sabe que ésta es la bujía que puede impulsarlo hasta hacerlo llegar a la meta trazada, como también puede truncar sus aspiraciones y es por ello que el hombre o mujer candidatos se esmeran en apoyar, aunque sea con minucias, a los periodistas, por tanto, no es raro escucharles decir al humilde escribano ai te encargo una buena nota, o acomódala porque saben que en la mayoría de los casos pierden el hilo de las preguntas periodísticas de tal manera que el reportero tiene que hacer verdaderas peripecias para arreglarles sus deshilvanados discursos.
Porque hay que decir que el lenguaje que usan los políticos es desastroso y toca al comunicador dar la forma correcta a una sarta de palabras incoherentes, incluso para ellos mismos. Es aquí donde se refleja la importancia de la prensa, que el candidato ya convertido en gobernante se olvida del trabajo de estilista que realiza el reportero, del trabajo estético, de la cirugía plástica que hace de una entrevista que si se publicara literalmente, esto es, con y en el orden que pronunció las palabras el político en ciernes, seria una ofensa a la inteligencia humana.
Pero este trabajo quirúrgico que el reportero se ve obligado a realizar, lo hace no precisamente por quedar bien con el candidato, sino más bien por respeto a sus lectores; una vez investido de poder el susodicho candidato, se olvida de todo, puesto que ya con el bastón de mando en sus manos, su mentalidad sufre un cambio radical, su personalidad se trastoca por completo y entonces enseña su verdadero rostro, como también saca a relucir sus verdaderas intenciones. Ya no le interesa la prensa, al contrario, la desdeña; ya no concede entrevistas de banqueta, porque en su opinión afectan su recia personalidad como gobernante, ahora si algún periodista pretende entrevistarlo debe de pedir audiencia, porque el señor o señora están muy ocupados como para perder el tiempo escuchando preguntas tontas de aquellos que contribuyeron a su arribo al poder.
Con la corona de rey ceñida en sus sienes los gobernantes terminan olvidándose del pueblo al que sólo atiborran con programas sociales que finalmente no tienen otro propósito que venderles la idea a los ciudadanos que son mejores que sus predecesores, lo cual es una falsedad que quedará al descubierto al final de su mandato, porque ni son mejores ni son peores, simplemente son iguales, solamente que como la serpiente cambiaron de piel para seguir engañando al pueblo, al pobre pueblo que sigue creyendo en Los Reyes Magos y esto se debe a la gran ignorancia, al alto índice de analfabetismo que existe no solamente en nuestro estado de Nayarit, sino en todo México.
Es por ello, que nuestros gobernantes son vistos como diosecillos que pueden hacer y deshacer lo que les plazca, como el hecho de ningunear a los de abajo—ellos ya están en el Olimpo—incluidos los periodistas que no tienen derecho ni a una gota de agua, al fin y al cabo, ya fueron utilizados para encaramarse en el pedestal del poder, en consecuencia ya no es necesario darles apoyo de ninguna especie, los comunicadores se han convertido en personas non gratas, estorban y molestan porque han dejado de ser útiles, cuando la realidad es que la prensa es un factor de vital importancia para el desarrollo y crecimiento del estado en todos sus aspectos y esto un verdadero estadista lo sabe y se pre-ocupa por el gremio, no así el gobernante que carece de la sensibilidad política de aquél. Para decirlo más claro, al político que toma el poder por el poder, le vale un pito mantener en el engaño al pueblo y que la prensa se muera de hambre, esa es la cruda realidad, al menos en este incipiente gobierno autollamado de la gente.
Asimismo, debo subrayar—sobre todo para aquellos compañeros que se encuentran sumergidos en un mar de lamentaciones—que este no es el camino para llegar al puerto que se desea; nada se soluciona con argumentos débiles, sino con argumentos fuertes y convincentes, sin temor a la reacción de los hombres del poder, porque nadie, absolutamente nadie es infalible, lo que quiere decir que todos tenemos un punto débil por el simple hecho de ser mortales, sólo que cuando se ocupa un cargo de cierta envergadura nos envanecemos al grado de creernos superiores a nuestros semejantes. Es la metamorfosis de todo gobernante y su mayor autoengaño.
Luego entonces, nuestra tarea es hablar con la verdad y para ello se requiere valor y quienes nos dedicamos al ejercicio periodístico tenemos el deber ético de escribir la verdad, lo que significa que no debemos callarla, mucho menos decir cosas falsas; no plegarnos a los poderosos ni engañar a los débiles, a los que no tienen voz, esos que esperan de nosotros que les digamos lo que realmente hace el gobierno, porque taparle sus fechorías con la esperanza de ser recompensados nos denigra no solamente como periodistas sino como seres humanos y eso es inmoral.
En consecuencia, como escribió valerosamente, Ricardo Flores Magón, vale más morir de pie que vivir de rodillas frente a un gobierno que se viene caracterizando por su insensibilidad, que sutilmente encubre mediante el empleo de la demagogia, aunque muchos de sus panegiristas le coloquen una aureola de santo en señal de sumisión y lealtad, una lealtad que tan pronto comience el descenso desaparecerá para gritarle loas al nuevo Mesías, porque este es el estilo del sistema político mexicanoal tiempo.