Por Brígido Ramírez Guillén
Decano del periodismo en Nayarit
Darle vueltas a muchas de las páginas del pasado, nos hacen revivir nuestros vigorosos años de la adolescencia, en que los sueños querían convertir en realidad lo que en la niñez forjaron con el pensamiento en un ideal, en una meta de la vida.. y así llegamos a un punto del pasado, en donde nos concentramos para de ahí partir y hacer un recuerdo del tiempo que sirvió de base y guía en el desempeño de nuestras acciones futuras. Como en todo estudiante llega el momento de escuchar su vocación, ese llamado interior para seguir una carrera profesional, o esa invitación al espíritu, de entrega a ejercer el sacerdocio ya habíamos cruzado cuatro años en el seminario Diocesano de Tepic, Nayarit de una preparación muy intensa en el aprendizaje del latín y griego y de materias con que se llegaba a una cultura general muy amplia, como el camino firme al filosofado y teologado y posteriormente a la ordenación y ejercicio sacerdotal.
Del grupo de estudiantes de esa generación solo tres, de los mas sobresalientes, dimos el paso siguiente, como era el filosofado, que cursaríamos en el seminario de Montezuma, en el estado de Nuevo México, Estados Unidos, enclavado a seis millas de Las Vegas, siendo Ramón Guerena, Brigido Ramírez Guillen y Ángel Gutiérrez, los escogidos y enviados por el Obispo al centro de formación sacerdotal hacer historia de Montezuma es retroceder a los tiempos de la persecución religiosa en México, durante los gobiernos de Plutarco Elías Calles, Portes Gil, Ortiz Rubio, Abelardo Rodríguez y Lázaro Cárdenas en esos años los templos y seminarios fueron cerrados y confiscados por los regímenes gubernamentales, como consecuencia de la revolución cristera, en la que muchos de los militantes de este bando cayeron asesinados cobardemente, mientras los sacerdotes eran perseguidos e impedidos en ejercer su ministerio.
Ante esa situación, los obispos mexicanos se enfrentaban ante el problema de la formación de las vocaciones sacerdotales que tanto necesitaba México, sobre todo porque los edificios de los seminarios no habían sido devueltos, a pesar de algunos arreglos que ya se habían tenido con el gobierno en el año de 192 en el mandato del presidente Lázaro Cárdenas se iba preparando también la imposición de la educación socialista en las escuelas, lo que agravaba el estado de cosas. La formación sacerdotal a pesar de esa persecución religiosa tendrá que seguir adelante y fue así que algunos de los mejores seminaristas mexicanos pudieron continuar su formación en España y Bélgica y otros en el Colegio Pio latino de Roma, así como en los Estados Unidos.. Fue en 128 cuando el santo padre Pio XI recibió informes de prelados mexicanos desterrados en Roma de lo que estaba ocurriendo en México, de la persecución religiosa que impedía el avance en la preparación de las vocaciones sacerdotales por la carencia de seminarios en la República y el impedimento del establecimiento de un seminario interdiocesano en territorio mexicano por los gobiernos de Ortiz Rubio, Abelardo Rodríguez y Lázaro Cárdenas el once de febrero de 1936 los obispos mexicanos lanzaron una carta pastoral colectiva dirigida a los episcopados de Estados Unidos, Inglaterra, España, América Central y del Sur, las Antillas y Filipinas, demandando ayuda material y espiritual para el sostenimiento de la fe en México, mediante la formación de sus seminaristas.
A ello, respondieron de inmediato al llamado los obispos de Estados Unidos, quienes a través de monseñor Francis Clement Kelley, monseñor John M. Gannon y monseñor Rudolph Gerken, compraron y prepararon el edificio de Montezuma, en Nuevo México, para destinarlo al servicio de las diócesis mexicanas. Podemos agregar que con el tiempo los seminaristas de filosofía y de teología contaron con su propio edificio, sus instalaciones deportivas en un vasto campo. El 4 de marzo de 1937, la sagrada congregación de seminarios y universidades comunico al general de la compañía de Jesús, padre Vlodimiro Ledochoviski, S.J. que el papa Pio XI había considerado oportuno que los encargados del nuevo seminario para el clero mexicano fueran los padres de la compañía de Jesús.. Así en septiembre de 1937, Montezuma recibió los primeros estudiantes mexicanos bajo el cuidado de la compañía de Jesús, para que el curriculum formativo fuera idéntico al del Colegio Pio Latino de Roma. Mil novecientos setenta y dos, fuel el último año en que funciono Montezuma Seminary durante ese tiempo pasaron unos tres mil alumnos, de los que se ordenaron mil siete, es decir la quinta parte del clero diocesano mexicano.
De entonces llegaron a ser obispos treinta y cuatro montezumenses, un cardenal Adolfo Suarez Rivera, arzobispos, entre ellos Carlos Aguiar Retes a la vez presidente Episcopal de México. Quien no recuerda a Alfonso Humberto Robles Cota, obispo emérito de la diócesis de Tepic. Este martes celebramos los 75 aniversario de la fundación del seminario de Montezuma, con una misa solemne en catedral de Tepic, presidida por el arzobispo, y con la asistencia principal de sacerdotes Montezumenses y laicos de los distintos puntos del país.
Al recordar a Montezuma, en donde pasamos la mayor parte de nuestra adolescencia y de donde al concluir la filosofía regresamos a México a cumplir nuestra misión en otras áreas de la vocación a que fuimos llamados, sin llegar al sacerdocio, tenemos presentes a muchos de nuestros compañeros seminaristas, con quienes convivimos por muchos años y entre ellos citamos: Salvador Santiago, Nicolás Lafarga, Salvador Mestico, Ramón Dipp, Eliseo Macías, Adolfo Barajas, Francisco Aguilar, Agustín González, Wenceslao Hernández, Humberto Mejía, Rogelio Fernández Magaña, Alfonso Barragán, Custodio Cazares. También pasaron por Montezuma: Jesús, Miguel y Humberto Meda; Josafat Herrera, Higinio González, Jesús Esparza, Jorge Armando Rodríguez Piña, José Armando Rodríguez, Aniceto Espinoza, Pablo Maciel, Antonio Corona, José Castro, Antonio Aldeana, entre otros. Nuestros maestros que nos dieron filosofía a nuestra generación figuraban: Salomón Rahain; José Macías, Ramón González, Carlos Lira, Ildefonso Pineda, que cubrían Lógica, critica, metafísica, ética, teodicea. Grandes maestros de la compañía de Jesús que forjaron sacerdotes y laicos al servicio de México. Hasta la próxima