Por: José Miguel Cuevas Delgadillo

A continuación describiremos el comportamiento del hombre que violenta a una mujer, según la activista social Alma Gallardo. 1. Manipulación o chantaje emocional se da porque el agresor es una persona astuta que conoce bien a su víctima, la conoce y echa mano de técnicas y comportamientos que le permiten dominarla, para obligarla a responder de la manera en que él lo desea. Por ejemplo, ¿te ha pasado que alguna vez quisiste huir, salirte de tu casa junto con tus hijos, pero en ese momento llegó tu marido, se dio cuenta de ello, y te amenazó con que, tan solo, en cuanto comenzaras tú a alistar tus cosas, él iba a tomar a tu hijo más pequeño para irse de la casa y tú nunca más volverías a saber de ellos. Eso es manipular una situación: ese hombre te conoce, empleó una técnica, y sabe que actuando así, iba a lograr que te quedaras en la casa soportando el sus malos tratos. Las formas de manipulación son muy variadas, van desde amenazas, golpes, coerción Hay hombres que ya tienen tanto dominio sobre su mujer, que con tan solo una mirada, un gesto en la cara, con irse de la casa, con retener el dinero para el gasto del hogar, con eso es suficiente para mantener a la mujer pasiva, aterrorizada y sin actuar, ni en defensa propia, ni de sus hijos.

2. Aislamiento. El hombre violento a menudo prohíbe a su víctima hacer vínculos con otras personas, y esto genera una dependencia con el agresor. O lo que llaman, una mayor co-dependencia. En otras palabras, no te deja manejar dinero, tampoco te deja que realices actividades fuera de la casa: como vender o comprar cosas, prepararte, estudiar. Te limita sin razón las visitas a casa de tus papás, inclusive hay quienes controlan tus llamadas telefónicas obviamente con el propósito de mantenerte alejada para que no pidas ayuda. El tener aislada a su víctima, representa para los agresores una garantía de que ella no va a hablar de su problema de violencia, ni va a pedir ayuda. Mientras más aislada, más seguro es saber que ahí va a seguir la mujer, soportando el maltrato. 3. Humillación. El agresor, constantemente hace sentir inútil a la mujer. Una y otra vez le dice que no vale nada, la critica por todo. No le valora nada de lo que hace ni por él ni por sus hijos, ni por la casa. La forma de dirigirse a ella es muchas veces con groserías o maldiciones, le habla con insultos. Mientras más humillante es su trato, el agresor logra dos cosas: primeramente reafirma en su pensamiento la idea de que él es mejor que ella, y que ella es más débil que él. Por otro lado, en la mujer se va disminuyendo lentamente la autoestima, hasta el grado en que llega ella a creer que realmente merece el abuso y que las cosas que le dice el hombre, son ciertas. Esto es algo muy delicado, es prácticamente la razón por la cual muchas mujeres consienten la violencia: porque creen que merecen ese trato.

Sufrir violencia no es normal. Analízate por favor, y examina bien si al pasar del tiempo, ha disminuido el valor que te das a ti misma. Esa imagen que tenías de ti como mujer, ¿ha ido disminuyendo? Te invito a que reflexiones: ¿Piensas de ti que eres una mujer capaz de salir adelante? ¿Identificas fácilmente tus virtudes y talentos? ¿Pudieras decir que has vivido dignamente? ¿Eres una madre ejemplar para tus hijos? ¿Le has dado el valor que merecen? ¿Los amas? ¿Amas la vida, eres feliz? Ahora entiendes por qué muchas mujeres – y probablemente seas tú una de ellas – por qué no alzan su voz en contra de la violencia, por qué no denuncian, por qué siguen dispuestas a soportar que sus maridos las insulten año tras año. ¡Ahora entiendes por qué muchas mujeres aún están permitiendo que sus esposos abusen no sólo de ellas sino además de sus hijas! Porque creen que eso es normal, creen que lo merecen. Han perdido la conciencia natural de discernir entre lo bueno y lo malo. Tu dignidad mujer, está tan baja ante tus propios ojos, que ya ni siquiera entiendes lo que es que es justo y lo que es injusto. A lo bueno llamas malo, y a lo malo bueno: se te hace fácil que tu marido abuse de tu hija, y se te hace tan difícil denunciar. ¡Qué triste! En países de Latinoamérica, donde las madres de familia son veneradas por la sociedad y se les considera el pilar en muchos hogares, al mismo tiempo hay mujeres que hoy no están llevando dignamente el título de madres, lo digo con respeto. Por un temor exagerado al hombre, han dejado de cuidar lo más sagrado: sus hijos. No son capaces de defenderse a ellas mismas, mucho menos pueden pensar en defender a sus hijos. Ese estilo de vida apocado, amedrentado, que además es egoísta e injusto debe cambiar. Mujer, eres una persona, sana, con cualidades, con virtudes, tienes capacidades, tienes talentos. Dios la vida, te ha dado la oportunidad maravillosa de criar hijos, tienes una capacidad increíble para amar y hacer el bien. Pero no te has dado cuenta de ello. Vives pensando que lo normal es vivir en temor y angustias, que lo normal es visitar la sala de emergencias después de cada borrachera de tu esposo. No mujer, madre de familia que me escuchas, eso no es normal. Hay otra vida mucho muy diferente, y debes apresurarte a conocerla por el bien tuyo y por amor a tus hijos. Hasta la próxima. Orientador Familiar y Conferencista. Consultas Celular 311 136 89 86. redescubriendo@hotmail.com