Por Germán Almanza Aguilar

No es leyenda, pero hace poco –unos 5000 años- la humanidad ya se aventaba sus primeros tragos: griegos, egipcios y mesopotámicos.

Acá, en el México prehispánico, ya se les castigaba a los borrachines con rapa de cabello, quema de sus casas y hasta la muerte. Esto sobre todo –y subrayan esas antiguas leyes- a menores de edad que violaran esas leyes.

Hoy, por desgracia, la mayoría de los accidentes viales (comprobado en la nota roja de los periódicos, en promedio) los protagonizan –por desgracia- jóvenes de entre 22 y 34 años de edad; ello debido a la ingesta de alcohol mezclada con el volante.

Cabe señala4r que, en parte de lo anterior, las autoridades implementaron el famoso programa conduce sin alcohol y/o Alcoholímetro; medida a la cual teme, e inclusive respetan, los ciudadanos al ser interceptados concediendo en mal o pésimas condiciones. Sin embargo hay buenos ciudadanos que dicen quien nada debe, nada teme; pero son los ciudadanos abstemios al alcohol y al volante, son los conductores responsables de sus vidas y las ajenas.

En este tema, por más que oiga chistoso, cabe subrayar que los instrumentos utilizados por las autoridades en la detención de alcohol en conductores al volante es infalible, ya que el etanol en el cuerpo queda impregnado en los pulmones (no en el hígado o estómago, como muchos se imaginan; y tratan a veces eliminar con chicles, tabaco, papel estraza y otros remedios). Al final de cuentas ese aparato detecta el alcohol consumido en el conductor que va a ser checado por la autoridad, no hay gierre.


Es por ello que, a la mejor un minuto o hasta un segundo tras el volante es importante para nuestras vidas o nuestros semejantes, es por ello que se les agradece a las autoridades aplicar el implacable, pero agradecido alcoholímetro; mejor pagar una multa administrativa que una vida ajena.