José Guadalupe Rocha Esparza

La autoridad está en crisis. Quienes hoy mandan se contentan en ser arrogantes jefes que ordenan, imponen, inspiran miedo. Buscan culpables cuando hay un error o fallas por sádico placer. Sancionan, reprenden, gritan, asignan deberes. En fin, hacen del trabajo una carga, manejan a la gente. Tal vez se les odia en secreto y se les da la vuelta.

En cambio, un servidor sincero llamado líder inspira confianza, inyecta entusiasmo, envuelve a los demás con simpatía, fortalece el grupo, es amado El líder jamás corta el tallo que aún verdece, comprende, enseña, rehabilita al caído y sabe esperar. No necesita exhibir ante sus súbditos credenciales de legítima autoridad, porque va gallardo al frente.

Lo que necesita una nación o cualquier grupo, son líderes que den el ejemplo, trabajen con los demás, sean congruentes en el pensar, decir y hacer, conozcan a cada uno de sus colaboradores por su nombre con fino trato y difundan siempre una esperanza viva y alegría contagiosa. ¿Prefiere un perturbado jefe o un líder que inspire alcanzar lo imposible?