Por: José Miguel Cuevas Delgadillo.

Continuamos con la tercera parte de la conferencia titulada: ¡Alza tu voz, mujer!, impartida por la activista social y abogada Alma Gallardo. En esta ocasión tacaremos el tema del hombre como ídolo, es decir, cuando no se quiere hacer nada contra el agresor. Espero, sobre todo a las mujeres, que le mueva a la reflexión. Dentro de la consejería telefónica que se recibe en nuestra institución, hemos notado algunos problemas muy marcados en relación a la violencia contra la mujer. Voy a hablar de ellos: En primer lugar, hay un fenómeno que nos preocupa: Pareciera que muchas mujeres se han hecho un ídolo de su propio agresor: Cuando me refiero a ídolo, quiero decir, por ejemplo, imaginemos una persona religiosa, que tiene una creencia, lo que llaman comúnmente una fe ciega, en algo: Es una persona consagrada totalmente a sus creencias. Guarda religiosamente todo lo que su doctrina le encomienda. Si tiene que rezar 8 horas al día, lo hace; si tiene que pasar a sus hijos por el fuego, lo hace; si su ídolo le dice que es necesario morirse para pasar a otra vida y reencarnar en un sapo, lo cree ciegamente. Hay una obediencia y consagración ciega. No se usa la razón, sólo una aceptación absoluta de que lo que diga el ídolo, eso es verdad y eso se debe de hacer. Nos preocupa que hoy muchas mujeres en sus corazones, han levantado ídolos de sus propios maridos agresores. Lo que él diga, así sean insultos para tu persona, le das la razón, dices es cierto, por algo me lo dice. Lo que él te obligue a hacer, lo haces, aún por encima de tu moral. Si lo ves que hace cosas malas tú le aplaudes, consientes en que haga lo malo. Si te pide que te calles y no denuncies el tocamiento inmoral que le hizo a tu hija, guardas silencio. Podrás verlo que ha estado de adúltero toda tu vida de casada, y que el alcohol te dice que lo va a dejar, pero ahora toma más que hace 5 años, y cada que puede te humilla verbal o sexualmente y tú sigues ahí, consagrada ciegamente a tu ídolo aun por encima de tus hijos, sin objetarle nada, creyendo ilusionada que un día te va a cumplir lo que te prometió, vives creyendo que va a cambiar. Lo que te pida se lo das: que te maltrate, que te insulte, que les grite a tus hijos, es tu ídolo, estás consagrada a él, lo que te pida, lo que te diga, no hay otra cosa para ti, no hay nadie más a quien amar ni en quién confiar. Es tu ídolo-hombre y no lo quieres dejar.


¡Qué triste idolatría! Te repito, teniendo ojos no ves, teniendo un tesoro tan valioso como son tus hijos, te has olvidado de que ellos necesitan una vida digna y saludable para triunfar en la vida. Has puesto a tu hombre por encima de todo. Eso nos preocupa. Estamos hablando de una co-dependencia maligna. Muchas mujeres nos llaman para pedir consejo de qué hacer ante un problema de violencia con su pareja. ¡Pero ni siquiera están dispuestas a actuar! Tienen como con un lazo, una cadena que no las deja movilizarse. Luego hay quienes dicen que se sienten mal de denunciar. ¡Los sentimientos! Cuánto daño hacen los sentimientos ante situaciones de injusticia. Pobrecito dicen, ¡cómo lo voy a denunciar! ¡Qué va a hacer sin mí, él necesita una mujer que lo atienda! ¿Por qué no dices lo mismo de tus hijos? ¡Pobres hijos, están creciendo en un ambiente terrible dentro de casa, qué van a hacer sin ti como madre, ellos necesitan una madre que los eduque, que les forme carácter y les dé ejemplo. ¡una mamá saludable y valiente! A todo esto yo le llamo el hombre – ídolo. Machismo y misoginia. Otros problemas frecuentes en las relaciones violentas, tienen que ver con una muy triste y ya conocida realidad: los hombres machistas y los hombres misóginos. Aunque no voy a detenerme mucho en este punto porque no es el énfasis del tema, sí es necesario mencionarlo. Por un lado, los hombres machistas llevan un estilo de vida violento en sí mismo para denotar supuesto dominio: el hombre gritón, borracho, mal encarado, que cuando habla parece que regaña, que no muestra sentimientos de ternura sino más bien de desprecio. No está dispuesto a servir a su familia, ni a escuchar a su esposa, no sabe ser amigo de sus hijos ni jugar con ellos. Cuánto daño hace a la familia un hombre así. Ojalá comprendas padre de familia que me escuchas, que de la abundancia de tu corazón, habla tu boca. Estás vacío, no tienes amor para dar a tu esposa y a tus hijos. Sólo hay odio y rencor dentro de ti. Y eso es lo que estás vertiendo en tu casa. Otros son los hombres misóginos. Lo repito, hombres misóginos. Explico brevemente, la palabra misoginia viene del vocablo griego miso que significa odio y gine, que significa mujer. Misoginia, es el odio a la mujer. El hombre misógino, es aquél que tiene una aversión, un odio a las mujeres. Con su manera de ser, de pensar o de actuar desprecia a la mujer como género, y a todo lo considerado como femenino. A diferencia del macho, el hombre misógino sí puede mostrarse servicial, atento y amigable en ciertos momentos. Sin embargo poco a poco va mostrando su desprecio. Las conocidas frases del filósofo Aristóteles: la hembra es hembra en virtud de cierta falta de cualidades, y el silencio es el mejor adorno de la mujer, son un ejemplo claro de pensamientos misóginos. Vemos entonces, por un lado mujeres con el ídolo-hombre, y por otro, hombres engreídos, machos, que odian a las mujeres. ¡Qué terrible sociedad! ¡Qué triste es la vida en muchos hogares así! Más bien no hay vida. Eso no es vida, ni es amor. Orientador Familiar y Conferencista. Consultas Celular 311 136 89 86. Hasta la próxima. redescubriendo@hotmail.com