Por Brígido Ramírez Guillén
Decano del periodismo en Nayarit
Los que se fueron a disfrutar el descanso eterno, aún viven en el corazón de los Nayaritas y eso lo apreciamos durante un largo caminar por la calzada del panteón el pasado dos de noviembre.. En el ir y venir de los cientos de visitantes al primer camposanto de la capital, el Hidalgo, había un constante desfile, frente, muy cerca de los altares de muertos, en que se recordaba a un ser querido, a un personaje que dejó huella a su paso por estas tierras y fueron ejemplo para las nuevas generaciones. Ahí estaba la figura del profesor Francisco Loera, quien fuera director de Educación Publica con los gobiernos de Candelario Miramontes y Francisco García Montero; fundador del Instituto de Ciencias y Letras de Nayarit, en 1930; igualmente de la escuela primaria federal Juan Escutia, y al cumplir los cincuenta años de magisterio, el presidente Miguel Alemán le impuso la medalla Ignacio M. Altamirano..
Esos pequeños monumentos del recuerdo, instalados, muy espaciados, al centro de la calzada se hallaban adornados de flores de la época, aserrín en el piso, veladoras, alimentos y objetos personales y algunos otros que sirvieron en el desempeño de la actividad del ser ya desaparecido a un lado de la fotografía del profesor Severiano Ocegueda Peña, pendía un reconocimiento del consejo técnico de la zona escolar número 35 que decía: por su creatividad pedagógica el método global fonético, obra cumbre aplicada por los maestros en el primero y segundo grados de la educación primaria en la entidad, fechado el 22 de abril de 1983, en San Felipe Aztatan, del municipio de Tecuala. Severiano, maestro y poeta. Recordamos también a Simón Delgado Ramírez, maestro nacional de ajedrez. A los 17 años se inició en el deporte ciencia; en 1953 en la ciudad de México obtiene el primer lugar nacional y participa en más de 50 torneos nacionales; seleccionado nacional a la IX olimpiada de ajedrez en Israel y seleccionado a la olimpiada X de ajedrez en la Habana Cuba.. Esteban Baca Calderón nació en Acuitapilco, municipio de Santa María del Oro, el 6 de mayo de 1876; senador y gobernador provisional de Nayarit, durante el gobierno federal de don Adolfo Ruiz Cortines.
Otro de los alteres estuvo dedicado a la profesora Ramona Ceceña, quien ingresa al magisterio en 1910, trabajando en el medio rural, sistema federal, cuando era gobernador el general Juventino Espinoza; éste la invitó a colaborar en el sistema estatal; en 1943, directora de la escuela primaria Francisco I. Madero asimismo se nos recordó a Fernando Montaño Puga, quien a los 19 años terminó la carrera magisterial, contando entre sus alumnos distinguidos: Amado Nervo, Leopoldo Romano, Alfredo Narváez y Carmen Bustamante; en 1878, inspector de educación en el territorio de Baja California; director de la escuela normal de la Paz; regresó a Tepic a petición del jefe político general Leopoldo Romano y falleció el 21 de octubre de 1887, siendo inhumado en el panteón Hidalgo de Tepic; el gobernador Pascual Villanueva apreciando su valor como maestro, el 5 de febrero de 1922 expidió el decreto 132, donde lo declara Benemérito del estado de Nayarit, sus restos exhumados y trasladados a la rotonda de los hombre ilustres en ese recorrido por la calzada del panteón Hidalgo, nos detuvimos más tiempo frente al altar dedicado a don Roberto Gómez Reyes, para recordarlo como el gobernador del Estado por el periodo del primero de enero de 1970 al 31 de diciembre de 1975, inquieto, obstinado, exigente, programático. Se caracterizó por una enorme visión del estado.
Acudió con mucha frecuencia no solamente al presidente de la república, sino ante cada secretario del gabinete federal para lograr el apoyo a una serie de planes y programas que propuso y que a la larga se convertirían en pilares del desarrollo Nayarita una millonaria inversión para otro estado, la logró para los estuarios de Nayarit que con su dragado se apoyó sensiblemente a los pescadores de camarón; impulsó el inicio de los trabajos para la construcción de la presa de aguamilpa, ahora realizada; el exitoso programa turístico de Bahía de Banderas fue puesto en marcha en ese sexenio, con tenacidad que rayaba en el empecinamiento logró que se creara el Plan Huicot, con la participación de los estados de Jalisco, Zacatecas y Durango para mejorar las condiciones de vida de nuestras etnias, con el afán de incorporar a los habitantes de la sierra a los beneficios de civilización y la cultura, gestionó y obtuvo el acuerdo presidencial para que bajo el programa de caminos de mano de obra se iniciara la carretera Ruiz-Zacatecas, una aspiración de los Nayaritas.
En el gobierno de este visionario político se invirtió una importante cantidad de recursos en la construcción de las diversas instalaciones que requería la recién formada Universidad de Nayarit, a la que entregó después el decreto de Autonomía y con ese tesón que le caracterizaba, logró el acuerdo del presidente de la república para la creación y funcionamiento del Instituto Tecnológico de Tepic con un bajo presupuesto con que contaba la administración estatal, verdaderamente era complicado invertir en obras materiales, no obstante se hicieron muy importantes y de trascendencia como el sistema de alcantarillado de la ciudad capital que se inundaba siempre que llovía, el nuevo mercado Juan Escutia, el puente que permite llegar a las playas de Novillero desde Tecuala y tantas otras que sería interminable enunciar.
Este régimen impulsó el cuidado a la niñez desde el entonces Instituto de Protección a la Infancia, que se encomendó a la esposa del jefe del ejecutivo, señora Flavia Flores de Gómez Reyes, esta noble tarea se cumplió con creces al crear una escuela de Bellas Artes, así como el centro de Rehabilitación y de Educación Especial (CREE) que sigue por fortuna operando en esta capital y un nuevo edificio para la institución, entre otros logros. Al concluir su periodo gubernamental, Roberto Gómez Reyes decidió quedarse en Nayarit impartiendo clases en la Universidad. Aquí se establecieron con el matrimonio Gómez-Reyes su hija licenciada Carolina y su nieto Rodrigo. Don Roberto vivió con el ingreso de su trabajo, jamás dispuso de lo ajeno, su forma de vida rayó en modesta, sin riquezas, sin ostentaciones, pero con un caudal del reconocimiento que se labró a pulso, no solo en el corazón de los Nayaritas que tuvieron el honor de conocerlo, sino que su respeto por el patrimonio público trascendió nuestras fronteras. Hasta la próxima Decanos del periodismo.