Por: Juan Fregoso
La condición económica de la nación mexicana es, sin duda alguna, semicolonial, y entre más desarrolla su capitalismo la penetración de los diferentes imperialismos, principalmente Estados Unidos, se acentúa más de esta condición de semicolonia, lo que provoca que millones de masas sufran las graves consecuencias, mientras que los grandes burgueses sólo ven en la cooperación del imperialismo la mejor de las oportunidades.
Ellos detentan el poder político con tanta seguridad que no reparan en nada para entregar la soberanía nacional. Esa es la base por la que la política imperialista logra manejar las formalidades de la soberanía nacional de México. Las clases dominantes de nuestro país han impuesto una larga tradición de pactar con el con el imperialismo yanqui en menoscabo directo de los mexicanos.
Todos sus gobiernos, incluido el de Barack Obama, han hecho de la doctrina Monrroe su práctica común. En el aspecto de empréstitos y concesiones, las inversiones directas del gobierno estadounidense se han desarrollado simultáneamente con la explotación de nuestras riquezas naturales, con la sobreexplotación de la mano de obra de la clase obrera.
Ante el pueblo ¿cómo se opone a la penetración imperialista? Sólo con discursos demagógicos, nada sino palabras huecas. Así en cada tratado o acuerdo se roban otra parte de la soberanía nacional por mutuo acuerdo entre el imperialismo y su más fiel servidor: La gran burguesía.
En el marco de la reunión de G20 que se realizó en julio pasado, en Los Cabos, Baja California, el reelecto presidente Barack Obama, dio a conocer al genocida de Felipe Calderón la invitación para sumarse a la negociación entre nueve países del Foro de Cooperación Asia-Pacífico (APEC) para un acuerdo de libre comercio conocido como Acuerdo de Asociación Transpacífica (TPP), por sus siglas in inglés. Son nueve países que están negociando el TPP: Estados Unidos, Brunei, Malasia, Chile, Perú, Nueva Zelanda, Australia, Singapur y Vietnam.
Estos actores manifestaron tener la firme convicción de que el TPP será bueno para México, será bueno para Estados Unidos y será bueno para la región. El lacayo, Felipe Calderón, dijo que dicho tratado representa la mayor área de crecimiento potencial e invitó a sumarse al acuerdo porque es una gran noticia para los mexicanos.
Definitivamente, todos los Poderes de la Unión desaparecieron de la escena y se impuso la arbitraria voluntad de Obama: Sólo se espera que en los próximos noventa días quedé oficialmente lista la adhesión, una vez que Estados Unidos concluya el proceso de aprobación, expresó el reelecto presidente de Norteamérica.
Para el subsecretario de Comercio Exterior, Francisco de Rosenzweig, el tratado es la modernización del Tratado de Libre Comercio. Curiosamente, lo que faltó decir, es que el TPP es peor que el TLC, pues si con éste tratado la economía de México se hizo pedazos, con el TPP se asegura que nuestro país quedaría en la ruina total, mucho más atenazado a los designios americanos, ya que las transnacionales con ese acuerdo tendrán toda la libertad para registrar como suyos nuestros conocimientos y quien los use debe pagar por ello. Eso ya sucede con las semillas y animales procedentes de México, los sacan del país, los patentizan en Estados Unidos y Europa, para después regresarlas ya como de su propiedad, y por ese hecho se llenan los bolsillos de dinero y nadie puede hacer nada para evitarlo
En este contexto lo mismo sucederá con los conocimientos y las culturas ancestrales que van a patentar como si fueran una invención de ellos; pero la situación no para ahí, están por imponer la propiedad intelectual, industrial, derechos de autor, patentes y marcas, hasta prohibir los medicamentos genéricos. Lo que se traducirá en un nuevo robo descarado. El gobierno estadounidense busca presentarlo como una gran creatividad y talento. Los gobiernos de los países organizados en el TPP siguen la orden de Obama para rescatar al neoliberalismo que cada vez más se hunde en una profunda y prolongada crisis.
Por tanto, para México unirse al TPP significará que va a profundizarse el estado semicolonial en el aspecto intelectual de las marcas y patentes, prácticamente a nuestro país se le impedirá cualquier desarrollo, ya no sólo económico sino también cultural. Cuestión con la que coopera de buen grado la gran burguesía. El actual secretario de Economía, Bruno Ferrari, declaró durante el llamado período de consultas—celebrada el año pasado—solicitó a México cumplir con ciertas cláusulas relacionadas con la propiedad intelectual y defensa de las marcas registradas.
La prensa nacional dio cuenta que el todavía presidente, Felipe Calderón, firmó el acuerdo comercial contra la falsificación, conocido como ACTA, que según el gobierno estadounidense es para combatir la falsificación y piratería. El Senado de la República lo había rechazado. La Comisión Federal de Telecomunicaciones propuso abstenerse de firmarlo. Y de manera aplastante el Parlamento Europeo rechazó la aprobación del citado acuerdo, por considerar que lesiona los derechos de los usuarios de internet.
Lo más relevante es que el TPP está concebido por Estados Unidos principalmente con una óptica militar y no de progreso, como afirman sus patrocinadores. En el, México juega nuevamente un papel de peón, es decir, en lo interno deja claro las órdenes de los gringos para continuar la guerra—que para ellos es el gran negocio—contra el narcotráfico, la guerra fallida de Felipe Calderón.
Después de seis años de intensa política intervencionista, el Senado estadounidense radicaliza su posición y da a conocer a los medios de comunicación, en el julio pasado, su informe de reformas judiciales y de policía en México. Y lo hace en términos francamente violatorios de la soberanía nacional, no guarda ni el menor respeto por nuestro país, se adjudica la tutela del manejo de nuestra patria, sin que nadie proteste por este hecho ignominioso. La falsa izquierda hace como que no pasa nada y sigue metida en su proceso de renovación electorera. El PRI por medio de Enrique Peña Nieto está completamente de acuerdo con el presidente Barack Obama en mancillar a la patria a cambio de que se le entregue la silla presidencial sin ningún aspaviento.
En esta lógica, Estados Unidos se yergue como siempre en el gran guardián del mundo, al punto de cuestionar al gobierno mexicano tras advertir que el despliegue de las fuerzas armadas para combatir el narcotráfico ha sido inefectivo y hasta podría haber empeorado la violencia, y propone un giro de estrategia, incluyendo el envío de más personal y fondos estadounidenses para capacitar y facilitar las reformas policiacas y judiciales necesarias para reducir la violencia en el país vecino.
En el fondo, lo que realmente pretende Estados Unidos es que no acabe la guerra iniciada por el calderonismo, porque sería como matar a la gallina de los huevos de oro y lo llevaría a una crisis más severa por la que atraviesa. El objetivo final consiste en apoderarse del territorio mexicano, sería la última tarascada después de que se apropiaron de una gran porción de nuestro suelo y Obama sabe que el nuevo gobierno que arrancará el 1 de diciembre seguirá las mismas coordenadas de sus antecesores, esto es, no habrá cambios sustanciales en política exterior, lo que significa otra mordida más a nuestra soberanía nacional.