Por: Juan Fregoso
*2012: año fatídico para los mexicanos
*Y un 2013 nada halagador ante la millonaria deuda contraída por EPN
*En enero el alza indiscriminada de los precios; los salarios por los suelos
*El gobierno peñanietista obligado a implementar estrategias antiinflacionarias
*Para evitar posibles conflictos sociales derivados de una inflación que ya se deja ver
No hace ni el el mes que concluyó un sexenio de gobierno panista y estamos en la antesala del 2013, pronto quedará atrás el 2012 año que se va dejando una estela de abusos, arbitrariedades, de crímenes perpetrados por aquellos cuya encomienda fue resguardar la seguridad pública de los mexicanos, pero que, sin embargo, fueron los principales en violentar el estado de derecho mediante una guerra feroz que dejó como saldo miles de muertos y desparecidos y, no obstante, don Felipe Calderón y compañía se marchan muy quitados de la pena, sin ser sujetos a una investigación por los miles de asesinatos que se cometieron con el pretexto de combatir la delincuencia organizada y el narcotráfico.
Los verdaderos criminales que detentaron el poder político se van a disfrutar de todo lo que se robaron. Celebrarán, sin ningún remordimiento, una feliz navidad y de un próspero año nuevo, mientras que millones de mexicanos no tendrán la dicha de gozar las fiestas navideñas con sus familias, porque las perdieron en la ola de violencia desatada por el peor gobierno que ha tenido México, un país que es tan noble que todo lo perdona, que todo lo olvida, quizá porque el olvido constituye un bálsamo a las heridas infligidas por sus verdugos, esos que acaban de dejar el poder y que ahora se preparan para darse una vida sultanesca, qué importa el daño que cometieron, qué les importan las miles de viudas y huérfanos que dejaron si no tienen una pizca de conciencia que les recuerde su criminal procedimiento.
Sí, el 2012 fue año fatídico para el pueblo mexicano. Ahora estamos a un paso de entrar al 2013 con un gobierno nuevo y con éste renace la esperanza de que todo cambie, porque el cambio siempre ha sido el asidero de todos, naturalmente porque de algo debemos agarrarnos, aunque sólo sea una mera ilusión. Sin embargo, como todos los años ronda un fantasma; el incremento de precios en todo tipo de mercancías, mientras que el salario de los trabajadores no puede ir a la par con este fenómeno económico que ningún gobierno—hasta la fecha—se ha propuesto detener o frenar.
En este contexto, tenemos que poner los puntos sobre las íes en el tema de la inflación. No es posible que sigamos comprando las diversas versiones, liberales, neoliberales, keynesianas y monetaristas. Por tanto, no podemos olvidar que quien domina, domina; seguir entendiendo la inflación como el gobierno quiere, no sólo mantiene un Talón de Aquiles peligroso, sino que nos incapacita para romper el sometimiento y para encontrar alternativas viables también para el inflacionario o especulador.
Realmente, deberíamos aprender a devolverles como un búmeran el espectro de la inflación a sus verdaderos responsables. El tema de la inflación no es simplemente un asunto de la actual coyuntura o un latiguillo en una campaña electoral. Ha sido—y es—un elemento central en la disputa política, económica y sindical, aquí y en todo el mundo.
Aquellos que tengan más de cuarenta años recordarán las permanentes campañas contra los trabajadores que querían mejorar sus salarios, acosándolos de promover la inflación con sus reclamos. Y las ocasiones que vieron congelados sus ingresos por cierto tiempo, justamente con el argumento de parar la inflación. O las veces que instrumentaron planes de ajustes en el Estado, despidos en fábricas, amparándose en la necesidad de frenar el alza inflacionaria. O los procesos de endeudamiento del país—el nuevo presidente de la República, ya dio muestras de esto—y la venta de sus riquezas con la misma excusa.
Por supuesto que la inflación no es cualquier tema, sin embargo, resulta curioso que poco y nada se ha avanzado en el cuestionamiento a los discursos que nos machacan e imponen sobre ella. ¿Probablemente gracias a que sí se ha avanzado en la ruptura de más arriba en la estantería? ¿Se queda quieto en ese lugar pero el número del precio se cambia sólo por uno más grande, como si fuera un cuentakilómetros mágico? ¿Los precios tienen vida propia? Y lo escuchamos millones de veces con otros temas: el dólar sube, el dólar baja, ¿tienen vida propia las monedas? Así parecería, así nos lo han hecho creer
Hasta aquí hemos abordado el tema de la inflación pero sin dar una definición de lo que ésta es. Si buscamos en los diccionarios qué es la inflación seguramente encontraremos algo así como la elevación notable del nivel de precios con efectos desfavorables para la economía de un país o el incremento sostenido y generalizado de precios en bienes y servicios. O si optamos por buscar a un connotado economista, podemos leer en Samuelson lo siguiente; entendemos por inflación un período de aumento general de los precios de los bienes y servicios de consumo y de los factores productivos.
Pero si recurrimos al sentido común, cualquiera de nosotros puede definir la inflación cuando va al supermercado y encuentra que los precios suben mes a mes. Si subieron poco, la inflación es poca, si subieron mucho, es mucha. Y ni hablar si los precios suben semana a semana, día a día, hora a hora. En realidad todas estas definiciones rozan la tautología, pero además, son engañosas, y en todo caso, encubridoras.
Por tanto, es preciso separar los gorgojos del arroz y remitirnos a la expresión más simple: Los precios suben, así de sencillo. Ahora bien, por qué hay inflación. En este sentido, existen varias teorías, más o menos complementarias, más o menos contrapuestas, que explican el porqué de la inflación. Pero, por cuestiones de espacio no es posible citarlas como quisiéramos, lo que si debemos tener en cuenta es algo: Ninguna es gratis. Así como resulta evidente como ciertos medios de comunicación manipulan ostensiblemente las informaciones, al grado que no sólo llegan a ocultar o distorsionar la realidad, sino que caen en la mentira lisa y llana, lo mismo sucede con las diversas teorías sobre la inflación.
En fin, dejemos el asunto en manos de los economistas que son los que conocen al dedillo este escabroso tema que pocos entendemos, algunos por ignorancia, otros por apatía. Lo cierto es que el fenómeno inflacionario es un problema serio, grave, que conduce a los llamados ajustes, endeudamiento externo e interno, enfriamiento de la economía, mayor desocupación, crecimiento de la pobreza y la exclusión social. Además de los efectos colaterales a los que suele estar asociada o desembocar en la pérdida o limitación de los derechos laborales, represión del conflicto social y hasta la pérdida de los derechos cívicos.
Por lo tanto, preocupa la actitud asumida por el presidente Enrique Peña Nieto, quien apenas comienza su gobierno y ya pidió prestado algo así como 5 mil millones de pesos para ser destinados a la Secretaría de la Defensa Nacional, y otros 2 mil 500 millones para la creación de nuevas plazas en el gobierno federal, entre otros empréstitos que ha realizado y que, sin duda, seguirá acudiendo al préstamo, lo que indica—como bien señaló un destacado economista—somos un país limosnero, que para subsistir tiene que recurrir al Fondo Monetario Internacional y al Banco Mundial, de ahí que el 2013 pinta como un año nada halagador para el pueblo de México, puesto que si al anterior sexenio lo caracterizó el estigma de la violencia, el régimen peñanietista amenaza con sumergirnos en el mar del endeudamiento, con lo cual, México pierde cada día más su soberanía y, lo peor, de continuar con este tipo de políticas entreguistas, si antes estábamos considerados como el traspatio de Estados Unidos, durante este sexenio acabaremos siendo una colonia más del país más poderoso del mundo.