Por: José Ma. Narváez Ramírez.

Vuelven los estudiantes de la Universidad Autónoma de Nayarit y de otras instituciones, al regreso a las aulas después de unos días de asueto en esos días de vacaciones de fin de año y de inicio de uno que llamamos nuevo no siendo más que unas hojas del calendario

Y vuelta a batallar con los chóferes de los camiones urbanos por la falta de respeto a las credenciales que acreditan a los chavos a un descuento en el pasaje y a los viejanos que tienen que soportar el mote de jóvenes de la tercera edad y la vergüenza de dejarlos parados en las esquinas por donde pasan pero zumbando las destartaladas –en su mayoría- unidades de transporte riendo el chafirete a carcajadas por dejarlos como diputado de bancada, con la mano levantada

Estos ómnibus urbanos y las combis, constituyen una élite exclusiva compuesta por ricos explotadores que se llaman concesionarios y que no operan sus propios carros, y viven de la necesidad de un pueblo de trasladarse de un lugar a otro en la ciudad, a las colonias y poblados adyacentes.

Dicen los que los conocen, que la gran mayoría de estos individuos brindan con licores importados y comen a dos carrillos, vanagloriándose de sus conquistas amorosas –ya que tienen dos o varias amantes en turno-, y siguen proporcionando un pésimo servicio, en lo que se refiere al transporte de gente a bordo de sus muy reparadas y re-pintadas unidades (como las falenas que nomás se pintarrajean la cara y ni siquiera se bañan)

Todos son una sola queja: Esto no es negocio, las refacciones están por las nubes, los precios de las llantas en la estratósfera, el mantenimiento, el seguro, el alza indiscriminada de la gasolina, el aceite, los chóferes, la negativa del gobierno a subir las tarifas, lo caro de las refacciones, etc., etc..

La realidad es obvia, cualquiera de nosotros conocemos cuando menos a un fulano concesionario de urbano –dueño de dos o más unidades- propietario de dos que tres mansiones c/u con automóvil a la puerta, que se caracteriza por jalar la banda cada vez que se pone hasta las chanclas, pero que siempre está llorando porque sus camiones no sacan ni para los gastos del taller que les brinda servicios

También es raro el que no conoce a un chófer asalariado, posturero o de sindicato espurio, que presume de los extraordinarios caidítos que llevan implícito los lloriqueos de los patrones que dicen no hallar la puerta contra estos desvíos o tranzas

Y qué tristeza ver a nuestra gente, por lo general, de trabajo, los jóvenes y los niños en edad escolar, que diariamente salen de sus hogares para dirigirse a los centros de trabajo o de estudio o de descanso, a los centros comerciales, de diversión, y tienen que abordar un vehículo de motor que los conduzca a su destino sufriendo malos modales, casi en calidad de animales cuando los conductores hacen maniobras de aceleramiento de sus unidades, enfrenones, alta velocidad, falta absoluta de precaución, retraso en la ruta, ignorancia del descuento en el boleto y de hacer la parada en la esquina que se le solicita, hacinamiento de pasajeros, alto volumen en los aparatos de sonido que usan los desconsiderados sujetos, las carreras por rebasar al que va adelante, falta de aseo corporal y de una minima cultura, porque se supone que están prestando un servicio no un abuso.

Las damas, -sí señores, las damas- que son molestadas entre apretujamientos, paradas repentinas y arrancones fuera de control, están expuestas a ser asaltadas por rateros a usuarios de estos transportes, en los que aparte de sufrir la pérdida de sus pertenencias, pueden ser secuestradas o dañadas en su integridad física, sin que haya ninguna protección En fin, toda una sinfonía de calamidades al exponerse a hacer –por necesidad- uso de las unidades urbanas o en los sarcófagos rodantes

Muy rara vez se estrenan autobuses nuevos y cada vez más se abren líneas de combis que transitan por diferentes rumbos de la capital nayarita y de nuestro estado y afortunadamente, aunque el gobierno les acuacha muchos desmanes y abusos, no les ha permitido el alza tan solicitada aunque los urbanos cobran cinco pesos el boleto y las combis cinco cincuenta.

Control Señores Control Los reyes de la pradera son los permisionarios de los camiones que a pasos agigantados se han posesionado de nuestra capital haciéndola un nudo de embotellamientos en las zonas de mayor circulación que se ven empeoradas con los paros y manifestaciones de los mismos y de los sujetos que conforman los sindicatos y demás yerbas En lugar de ser sacados de circulación en un radio de 400 metros en el centro de la capital

Luego siguen los taxistas, que aunque son un gremio próximo a desaparecer por exceso de unidades –más de cinco mil- que se soltaron estúpidamente en el sexenio anterior y es una organización dividida en más de 60 sindicatitos que no dejan de ser explotados por los dueños de las unidades que simplemente no las trabajan, resultando un gran número de conductores neófitos en el conocimiento de la ubicación de las calles, trabajan más de las doce horas diarias (ya sea de día o de noche) y en la bola resaltan los abusadillos que cuando menos sacan el chivo del día y dí que te fue bien Además les siguen concediendo bases de estacionamientos de sitio en lugares donde francamente estorban ¿Qué va a pasar el día que vuelvan a hacer los paros que acostumbran y cierren el paso en las avenidas centrales a los demás conductores de vehículos solicitando por enésima ocasión el alza multi-pretendida? Si la yegua no repara es porque no necesita espuelarla su jinete Así que nadie les impedirá manifestarse hasta el cansancio

311- 158-66-55.