Por: Juan Fregoso
*Subcomandante Marcos, la mascota de Carlos Salinas
*En donde estuvo su voz durante el sexenio pasado
*Cuando ríos de sangre arrasaron al país
*El intrépido Subcomandante nunca dio la cara
*Hasta ahora que el salinismo regresa al poder político, el dirigente zapatista resurge
*Resurge ¿para qué?
El primero de enero de 1994 es una fecha especial en la historia de México. El PRInosaurio, que había venido gestando a conciencia durante más de seis décadas la injusticia y la más profunda corrupción oligárquicas, dio a luz el único huevo que podía esperarse: una nueva y fuerte insurrección campesina contra el autoritarismo priísta que llevó a extremos odiosos Carlos Salinas de Gortari, contra la corrupción, contra el desprecio, contra la crueldad y el criminal olvido de los gobernantes tanto estatales como federales.
EL Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) se presentó al mundo, invadiendo exitosamente varias ciudades del estado de Chiapas: San Cristóbal de las Casas, Ocosingo, Altamirano y Las Margaritas; enarbolando banderas convincentes en su lapidaria sencillez y gritando un ¡un ya basta! que todos los mexicanos nos decimos a diario. Un huevo que tenía varios años en lenta pero ininterrumpida maduración, algunos dicen que diez años. Escribió en abril de aquella fecha aciaga la destacada periodista, Manú Dornbierer, con motivo del alzamiento zapatista que surgió como una expresión de protesta por la marginación en que se hallaba—y aún lo está—esa población del sureste mexicano, pero ese movimiento también fue en contra de la puesta en marcha del Tratado de Libre Comercio (TLC) impulsado por entonces presidente de la República, Carlos Salinas.
En esta columna no se discuten las miserables condiciones en que viven miles de indígenas, producto de la insensibilidad del gobierno federal. Tampoco el estado de pobreza en que se encuentran los pueblos chiapanecos, que los líderes zapatistas se encargaron de retratar con suma precisión; como tampoco se pone en tela de duda la inconveniencia del (TLC), factores ambos que fueron el detonante de la sublevación armada que logró seducir a connotados intelectuales, artistas, líderes sociales y casi a todo el pueblo de México, que consideraron como justa dicha rebelión, sobre todo, mediante la elocuencia del Subcomandante Marcos, la capucha visible del Ejército Zapatista de Liberación Nacional. A través de sus poéticos y encendidos comunicados reproducidos prácticamente por todos los medios de comunicación nacionales, Marcos consiguió convertirse en una especie de estrella de cine, a donde apuntaban todos los reflectores, poniendo en jaque al gobierno salinista y al Ejército federal.
Unos de los comunicados del zapatismo calificado como la declaración de la selva lacandona, dice textualmente: Hoy decimos ¡basta! Al pueblo de México: Hermanos mexicanos: Somos el producto de 500 años de lucha: primero contra la esclavitud, en la guerra de Independencia contra España encabezada por los insurgentes, después de evitar ser absorbidos por el expansionismo norteamericano, luego por promulgar nuestra Constitución y expulsar al Imperio Francés de nuestro suelo, después de la dictadura porfirista nos negó la aplicación justa de las leyes de Reforma y el pueblo se rebeló formando sus propios líderes, surgieron Villa y Zapata, hombres como nosotros a lo que les ha negado la preparación más elemental para poder utilizarnos como carne de cañón y saquear las riquezas de nuestra patria sin importarles que no tengamos nada, absolutamente nada, ni un techo digno, ni tierra, ni trabajo, ni salud, ni alimentación, ni educación, sin tener derecho a elegir libre y democráticamente a nuestras autoridades, sin independencia de los extranjeros, sin paz ni justicia para nosotros y nuestros hijos. Reza el comunicado entre otras cosas, dibujando con nitidez la caótica situación de los pueblos de Chiapas y es justo reconocer que tenían razón—ayer y hoy—, en que no se necesita hacer sesudos análisis para llegar a esta conclusión, porque estoy cierto que a diecinueve años de distancia, el entorno de los indígenas del sureste mexicano, sigue siendo el mismo o quizá peor.
La lucha emprendida por el Subcomandante Marcos, fue sin duda, muy justa. Sus reclamos o demandas son indiscutibles, pero el levantamiento de 1994 no cambió el escenario político nacional, porque el expansionismo norteamericano, como el (TLC) continúan imparables y hay más pobres que 1994, no solamente en Chiapas, sino en todo el territorio mexicano, luego entonces, uno debe preguntarse ¿sirvió de algo la insurrección zapatista? ¿Marcos es un auténtico guerrillero defensor de los derechos de los pueblos marginados? ¿O simplemente es un comparsa más del sistema político contra el que dijo luchar?
Estas interrogantes surgen precisamente en el marco del regreso del PRI al gobierno, mediante la consigna: ¿Escucharon? ¿Por qué el líder del EZLN no pronunció palabra alguna en el sexenio que recién terminó? ¿Por qué hasta ahora? Pareciera que el portavoz del EZLN se arregló con el gobierno panista, pues siendo Marcos un hombre que transmitió una gran sensibilidad al grado de persuadir a propios y extraños de que su lucha era lo mejor para salvar al país de un gobierno espurio presidido por Carlos Salinas de Gortari, ahora resulta que vuelve a las pasarelas del exhibicionismo mediático, justamente cuando su acérrimo enemigo, Salinas de Gortari también ha retornado al poder tras bambalinas.
Todo esto parece un verdadero acertijo que habría que descifrar, porque la presencia del dirigente zapatista coincide, repito, con el retorno del PRI a Los Pinos. Y para muchos mexicanos Marcos dejó de ser el líder carismático de 1994, más bien parece ser un instrumento del sistema que dice combatir, ya que cuando debió dar la cara se mantuvo en un sospechoso silencio que lo hace ver como una clase de mascota del salinismo, el apaga fuego de las estrategias antipopulares del sistema político mexicano, sin embargo, esto no lo hizo durante los gobiernos panistas, si acaso, lanzó tímidos reclamos para seguir conservando su aura de guerrillero de izquierda.
No obstante, durante las elecciones federales pasadas el rebelde mostró su rechazo lo mismo a Enrique Peña Nieto que a Andrés Manuel López Obrador, ninguno de estos candidatos fue de su agrado, el primero por representar el continuismo, según su visión, y el segundo, por estar desfasado de los principios del marxismo leninismo, teoría que supuestamente él sigue al pie de la letra, pero la realidad lo apabulla, porque con su postura sólo evidenció que ya no sabe ni lo que quiere, que su ideología—si es que alguna vez la tuvo—es indefinida.
Y todo esto parece indicar que el otrora admirado guerrillero sí tiene una ideología: La de servir al salinismo que ha vuelto a través de Enrique Peña Nieto, quiero decir, que Marcos es un fiel seguidor de Carlos Salinas de Gortari, que se valió de él para sofocar las protestas de la puesta en vigor del (TLC) aquel 1 de enero de 1994. Salinas sabía de antemano que esta medida generaría un terremoto social, y ocupaba desviar la atención y para ello necesitaba tirar una cortina de humo y alguien que estuviera dispuesto a correr el riesgo, ese alguien fue el Subcomandante Marcos, que como un auténtico redentor de las clases humildes se levantó en armas, con lo cual toda la atención del mundo se centró en el EZLN y se olvidó por el momento del Tratado salinista.
Cumplido su cometido, Marcos se replegó supuestamente a la selva lacandona, de donde ahora resurge para servir a su amo, salvo prueba en contrario, porque además, el insurgente ha tenido la osadía de refutar a sus críticos, a sus verdaderos críticos, que se han atrevido a decirle que su movimiento revolucionario no ha sido más que una faramalla para engañar no sólo a los indios de Chiapas, no sólo al resto de México, sino también al mundo entero, que hace diecinueve años, lo elevó a alturas inimaginables, haciendo de él un héroe, un héroe de papel, que acabó justamente perdiéndose en su arma preferida, esto es, en sus dramáticos comunicados que lograron estremecer el ánimo de muchos mexicanos y hasta de extranjeros que lo ensalzaron hasta el hartazgo. Si en algo coincido con Marcos, es con una de sus propias frases, que debió haber tomado de algún poeta en su larga ausencia: La libertad de elección te permite elegir la salsa con la que serás cocinado, y el Sub parece ya haber elegido esa salsa en la que será devorado. Nada tiene de raro en alguien que ha sabido embaucar al pueblo con un lenguaje seductor, con un lenguaje totalmente ajeno a la doctrina marxista y el Sub Marcos, no tiene nada de izquierda, ni de centro-derecha ni de derecha, es más bien un pseudo político que ha sabido medrar a expensas de la ignorancia de la gente y del poder avasallante de la clase gobernante. ¿O habrá alguien que a estas alturas siga creyendo en su muy refinada verba, en su prosa alucinadora?