* La Mundial llegó a tener ocho peluqueros en su época de esplendor; es atendida por Alberto Rubio, comerciante de productos de charrería y abogado.
Por Óscar Verdín Camacho
Anteayer se cumplieron 78 años de trabajo sin interrupción de la peluquería La Mundial –antes La Mexicana-, ubicada por la calle Zaragoza entre Puebla y Durango en el centro de Tepic.
Fundada en 1935 por J. Guadalupe Rubio Ramírez, en la actualidad es atendida por su hijo Alberto Rubio Aranda, quien a sus 70 años combina el oficio de la peluquería con su profesión de abogado y venta de artículos de charrería.
Alberto Rubio explica que la peluquería puede ser la más antigua de Tepic; fue instalada en la calle Zaragoza hace 64 años y llegó a tener hasta ocho peluqueros por la gran demanda que había. Don Tomás Márquez, un señor de Aquiles Serdán, municipio de Xalisco, vino a cortarse el pelo aquí hasta su muerte; no iba a ningún otro lugar. Recuerda incluso cuando por el corte de pelo se cobraban 80 centavos.
De color rojo, el sillón para cortar el pelo lleva 40 años en el mismo lugar. Es reclinable –para afeitar la barba- o puede subir o bajar la altura, dependiendo el tamaño de la persona. Un cuero de becerro cubre el asiento.
Entre sillas de montar, chiquihuites, sogas, fundas para navajas, catres, entre muchos otros artículos, Rubio Aranda cuenta que obtuvo el título de abogado en el año 2006, aunque fue pasante desde 1970 por la Universidad de Guadalajara. Me daba vergüenza regresar a titularme después de tantos años, pero la hice.
En la parte superior de la peluquería tiene su despacho, aunque ejerce poco.
Indica también que el negocio de la talabartería ha caído mucho –ya la gente no anda a caballo, todos quieren carro- y que anteriormente acudía a exposiciones, pero se retiró por los altos cobros por metro cuadrado en los espacios.
Pero quienes suelen frecuentar su negocio son los turistas, principalmente extranjeros. Les atrae la combinación de la peluquería con los productos de charrería.
Rubio Aranda habla un poco inglés y afirma que ha compartido algún trago de tequila con los extranjeros. También le gusta la literatura. En el espejo grande de su negocio hay dos fotografías: la de Teddy Almanza González y Alonso Arteaga Morán, a quienes conoció desde niños en su barrio de la calle Victoria y Querétaro. Coincidentemente, ambos murieron hace unos meses. Teddy vino a llevárselo, resume. De Teddy incluso muestra en el espejo una nota periodística sobre su muerte, y a su amigo Alonso le escribió:
Por gracia de las aguas del Jordán
soy Alonso de pila.
Quiero partir en soliloquio
montado en la grupa de la inmutable sierra
al morir la tarde
Sin odios ni rencores
sin que nadie perturbe el final de mi vida.
Así, esta peluquería tradicional se resiste a morir y ha llegado a sus 78 años de existencia.
Y que cumpla más.