Por: José Ma. Narváez Ramírez.
Las colonias en Tepic, que antes se identificaban por sus árboles, hoy son reconocidas por sus tinacos y, nuestra gente les pone motes o apodos especiales que fueron causados por los ingenieros ecológicos al efectuar una incomprensible tala de árboles adultos en lugar de darles protección; y de pasabola aquellos seres humanos amigos de los animales igualmente (con ese ejemplo) se ven imposibilitados para lograr que los pobrecitos perros y gatos callejeros, encuentren el apoyo de un techo para lograr sobrevivir.
Y es en las colonias de la ciudad capital donde mayormente se manifiesta este despiadado maltrato, porque la mayoría de nuestros niños y jóvenes demuestran no tener educación ni sentimientos para brindarles un mínimo de protección, y por el contrario los atacan, dándose el caso de llegar a prenderles fuego solamente por practicar una mal entendida diversión maquiavélica, que los lleva a ocupar un sitio preponderante entre una pandilla de chavos que, al no tener en qué ocuparse, se dedican a causar daño a quienes debieran ofrendar respeto y cariño.
Tal vez en la escuela no reciban clases de ecología para acostumbrarlos a que los árboles y los animales domésticos deben de ser tratados con delicadeza y sumo cuidado, porque tienen vida, nos acompañan en este mundo para ayudarnos precisamente a vivir, ya que ellos (los árboles) nos proporcionan el oxígeno y sombra que necesitamos, y los que nos sirven como mascotas (perros y gatos) llevan en su existir el ejemplo de lealtad y amor a los seres que los adoptan y los cuidan.
O quizá en sus hogares les inculcan un sentimiento de odio hacia estos amigos del hombre, pues lo cierto es que son muy contadas las personas que los mantienen en sus casas salvaguardándolos de los que prefieren verlos muertos.
Y esto sucede en los asentamientos humanos en los que por las tardes y en las noches no cuentan con actividades que los distraigan, los alejen de las drogas y del vicio, los inciten a cometer actos delictivos que los conducen de un momento a otro, a caer en manos de las policías, que ya los esperan afuera de los antros para bajarles los humos y conducirlos –después de pasarlos a la báscula- a la cárcel, donde si el delito es menor, salen libres cubriendo elevadas cantidades de dinero, que para los capturados significa el salario de dos semanas o más, de trabajo. Desgraciados los que no cuentan con entradas de billetes y son los familiares los que andan posteriormente de la ceca a la meca pidiendo prestado para sacarlos del atolladero.
Y citamos lo anterior porque tenemos conocimiento de que en el Cereso local existe un elevado número de jóvenes que están presos por robo, asalto, violación, etc., y son juzgados y condenados a penas que fluctúan entre los tres a cinco años, y en ese lapso aprenden a drogarse y a padecer los estragos que esto conlleva.
Sus parientes y amigos les ofrecen ayuda y los visitan formando otro tipo de convivencia familiar dentro del círculo de castigo que la propia sociedad establece, y a la salida de ellos –cuando cumplen su condena- se reintegran a su estrato social en peor estado, convirtiéndose por lo general, en verdaderos delincuentes.
Creemos que la Universidad Autónoma de Nayarit y otras instituciones de enseñanza, deberían poner mayor interés en ofrecer cursos de ecología especial abierta y gratuita para niños y jóvenes, aunque no haya una carrera específica, y también debería ser secundada por el gobierno –a pesar de que es parte del problema que en forma causal se involucra, y tiene el deber de poner remedio al daño para no convertirlo en irreversible-.
Control Señores Control Los animales son seres vivientes y las leyes humanas castigan al que les da maltrato y les causa algún malestar, herida o la muerte Por ello debemos entender que es nuestro deber brindarles protección y abrigo, comida y buen trato Y ellos nos responden recíprocamente con agradecimiento y aunque usted no lo crea: con cariño Claro que si los provocan pues se defienden Así que seamos humanos con ellos.
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