Por Emeria Navarro Narváez
Hasta los años setenta el Estado de Nayarit ocupÓ el primer lugar en Tétanos Neonatal o mozozuelo porque las parteras empíricas no practicaban la asepsia de las tijeras o navajas con las que cortaban el cordón umbilical, además sellaban el muñón de este, dejando caer gotas de glicerina o de sebo caliente. Fajaban al niño a tal grado que no había oxigenación de la herida, lo que propiciaba la proliferación del bacilo Tetani. Mi abuela Cuca tuvo siete hijos y de éstos cuatro varoncitos murieron por esta causa. También era frecuente la fiebre puerperal, por lo que la mortalidad materno–infantil era alta en Nayarit y en la República Mexicana.
Por mucho tiempo, los médicos estuvieron en contra de las parteras empíricas –no se me olvida la película El rebozo de Soledad-. A finales de los sesenta, la misma OMS –Organización Mundial de la Salud- comprendió que éstas eran parte del Sistema de Atención a la Comunidad y que no había médicos ni enfermeras suficientes, y muchas de las poblaciones aún están incomunicadas, por eso se cambió de táctica y en México se incorporó a las parteras empíricas al Seguro Social y a la Secretaría de Salud. Les dieron cursos para la atención higiénica del parto y se les proporcionó compensación económica y diploma de parteras adiestradas. Hubo enfermeras como mi compañera Felícitas Santos Delgado -Fechy- que impartía cursos y supervisaba parteras en campo. A mí me tocó más tarde hacer esta labor en los llamados módulos de salud rural.
Esta remembranza da motivo para dar a conocer mis nociones sobre el papel tan importante que desempeñaba la partera entre los Aztecas. Existían especialistas que hacían el diagnóstico, decidían la terapéutica e indicaban a la familia la atención que el enfermo requería. Tenían profundos conocimientos sobre la curación con plantas, animales y minerales según consta en códices como el Badiano. Entre los mexicas a dicho especialista se le denominaba TICITL y a la partera se le llamaba TLAMAQUETICITL, a ella se le encomendaba desde la atención prenupcial, los cuidados prenatales, del parto, del puerperio y del recién nacido. Desde que la mujer pedía ayuda, la partera la visitaba periódicamente en su domicilio y daba pláticas de enhorabuena a la embarazada, las cuales consistían en brindar orientación prenatal a los cónyuges. La psicoterapia era bien planeada para la aceptación del embarazo y del parto. Cuatro días antes del parto, era costumbre que la partera se instalara en el hogar y permaneciera ahí durante 40 días, siendo sus funciones más importantes el baño del TEMAZCAL, la atención del parto, pláticas y vigilancia de la parida y dar la buena nueva al padre y amigos de la pareja. La madre amamantaba a sus hijos -aún las esposas de los reyes, lo hacían-. La lactancia duraba dos años y el destete de los niños era celebrado con un convite. La partera practicaba la fetotomía cuando el producto moría dentro de la madre usando un cuchillo de obsidiana. Hacían versiones del producto por maniobras externas. Cuatro días después del nacimiento ofrecía el recién nacido a los dioses, si era del sexo masculino al sol y si era del sexo femenino, a CHALCHIUTLICUE. La partera alzaba al recién nacido varón y profería estas palabras rituales: Hijo mío, muy tierno, escucha hoy la doctrina que nos dejaron el señor YCALTECUTLI y la señora YCALTICITL, tu padre y tu madre. De medio de ti corto tu ombligo, sábete y entiende que no es aquí tu casa donde has nacido, porque eres soldado y criado; eres ave que llaman QUECHOL. Eres pájaro que llaman TZACUÁN y también eres ave y soldado del que está en todas partes; pero esta casa donde has nacido, no es sino un nido, es una posada donde has llegado, es tu salida para este mundo, aquí brotas y floreces, aquí te apartas de tu madre como el pedazo de piedra donde se corta; esta es tu cuna y lugar donde reclines tu cabeza, solamente es tu posada esta casa; tu propia tierra otra es: para otra parte estás prometido; que es el campo en donde se hacen las guerras, donde se traban las batallas, para allí eres enviado, tu oficio y facultad es la guerra, tu obligación es darle de comer al soldado sangre de los enemigos y darle de comer a la tierra, que se llama TLATECAXTLI, con los cuerpos de los contrarios Cuando era mujer, voceaba palabras diferentes: Habéis de estar dentro de casa, como el corazón dentro del cuerpo: no habéis de andar fuera de ella; no habéis de tener costumbre de ir a ninguna parte; habéis de guardar la ceniza con que se cubre el fuego en el hogar; habéis de ser las piedras en que se pone la olla; en este lugar os entierra nuestro señor, aquí habéis de trabajar, y vuestro oficio ha de ser traer el agua, moler el maíz en el metate: allí habéis de sudar junto a la ceniza y el hogar.
(Continuará)