Por: José Ma. Narváez Ramírez.
Hace muchos, muchos años, cuando las ciudades principales estaban rodeadas de huertas y por los caminos viejos abundaban los árboles frutales –especialmente los de guamúchil, que crecían a lo bestia cuando se iban regando las semillas por los caminos o en los alrededores de las casas- las familias organizaban romerías o días de campo en los que salían muy temprano de sus hogares, cuando el sol estaba apenas a punto de desgranar sus rayos en las mazorcas greñudas de las gentes que se medio tapaban de los candentes brazos con un sombrero o un paliacate al estilo de los guerrilleros del sur (chinacos) Y así le atoraban a capotear las inclemencias del astro rey, llevando un bule lleno de agua o una botella conteniendo un café de capitoso aroma, más prieto que el alma de los diputados, pero eso sí endulzado con miel de abeja y cargando un morral atascado de tacos de frijoles refritos con su queso enchilado y su salsa bien picosa Era de ley llevar una bolsa vacía extra para traérsela al regreso rebosante de ciruelas, mangos y lo que se pudiera, entre ello, unas roscas de guamúchiles
Dicen que estos sabrosos frutos son el manjar de los pobres, y que vienen constituyendo el tronco vitamínico de los Coras y Huicholes, amén de ser unos excelentes ayudantes de la digestión y tener propiedades mágicas especialmente del ramo hechicero No sé que haya de cierto en estas cuestiones pero lo que sí aseguro es que comiéndolos te sientes muy a gusto de la panza, pero sin probar el agua hasta una hora después de haberlos ingerido porque de lo contrario te pega una _edorrera de pronóstico no muy reservado sino ruidoso Y debes evitar las semillas pulverizadas porque dicen que te provocan alguna enfermedad de tipo maligno
El trabajo era encontrar una vieja palapa y hacerle el gancho de alambre para jalar las roscas, esto se hacía antes de salir a las huertas y se llevaba como un estandarte en la parte posterior de la fila ya que era muy peligroso que el que portaba el gancho guamúchilero fuera molestando a los de adelante con tremenda garrocha
Había unos muchachos muy diestros en el arte de usar este gancho y bajaban de a tiro por viaje, o sea de una o dos roscas a la vez en cada ganchada, al grado de que se traían una buena dotación de esta fruta y la que les sobraba se ponía al sol para que madurara y se despegara de la vaina para guardarla en cartones y enviarla a algún familiar o amigo de otros lugares donde no había guamúchiles. En especial los más gruesos y colorados En Santiago Ixcuintla, se estilaba ir a Las Lomas, donde había muchos arbolitos de nánche, en los que no se ocupaba gancho sino que se cortaban a la altura del cuerpo y los verdes se guardaban en garrafones preparados con su alcohol, azúcar y canela –entre otras substancias- que hicieron famoso el vino de nánche por exquisito y pegador
A los chavos altos que crecían como el quelite o al estilo Llanero Solitario: alowey, les decían los palos guamúchileros, por flacos y altos; pero este tipo de gancho no faltaba en las casas donde abundaba el árbol que proporcionaba un rico festín en tiempo de secas, o sea que ahorita es cuando abunda la fruta y vemos los canastos llenos en los puestos del mercado a diez pesos el bonche o el kilo, que tenemos que comprar porque ya no se estila ir de viaje huertero como antes, ya que se corre el peligro de ser asaltado o desparecido por los sicarios
Dicen que el que no gusta de los guamúchiles no es nayarita y que los neveros ya hacen este producto de guamúchil, y que les queda muy sabroso, pero Control Señores Control Hay que saberlos comprar, con cuidado para que no salgan como algunos cuates que yo conozco: verdiónes y agarrosos ¡A guamuchilear, se ha dicho!
311-145-18-81