Magistrado del Tribunal Superior hasta este día, Javier Germán Rodríguez afirma: “yo no me iba a prestar a un chantaje. A que si decía no a la ratificación saldría de aquí hasta con honores”…

ÓSCAR VERDÍN CAMACHO.-

Hay una grabadora de por medio pero pide que no sea encendida. No es el momento, dice, de dar entrevistas. Pero acepta, si, una plática con este reportero y autoriza, al final, la publicación de sus apuntes.

Es Javier Germán Rodríguez Jiménez, el emblemático abogado que hoy dejará de ser magistrado del Tribunal Superior de Justicia (TSJ), lo mismo que José Ramón González Pineda, luego de que el Congreso del Estado les negó la ratificación.

¿Está golpeado, dolido?, le pregunto.

“No, ni uno ni otro”, responde. “Sorprendido sí, por la hostilidad, por el linchamiento” hacia su persona que lanzó la Cámara de Diputados en su afán de rechazar su permanencia como magistrado.

Durante la plática, explicó que el lunes 14 cuando compareció ante la comisión de Gobernación y Puntos constitucionales utilizó la palabra “linchamiento” para describir el tono como era conducido el estudio de ratificación.

Lanza una pregunta:

“¿De qué se trata?”.

Continúa:

“Sabía en lo que me metía, muchos me sugirieron que no buscara la ratificación pero yo no me iba a prestar a un chantaje. A que si decía no a la ratificación saldría de aquí hasta con honores. Era una de dos y yo me acogí a lo que marca la Constitución”.

¿Qué hizo el sábado?, le pregunto, toda vez que un día antes muy entrada la noche el Congreso resolvió el rechazo a la ratificación.

Responde el ex rector de la Universidad Autónoma de Nayarit y ex secretario General de Gobierno:

“Me fui a Guadalajara y regresé hasta el domingo por la noche. Si bien habría gente que me buscaría para solidarizarse conmigo, también habría quienes buscarían el morbo. Lo mejor era mantenerse tranquilo”.

Del fallo, asegura:

“No me sorprendió. Ya se veía venir desde que el Congreso sacó el decretito” (donde se dictaron las normas de evaluación, aunque luego fue dictado otro por un error que contenía el primero).

Sobre la evaluación emitida por los diputados, apunta:

“Estoy seguro que ni siquiera leyeron mis argumentos, mis pruebas. Pero además acomodaron en contra todo lo que yo decía. Si expliqué que la mitad de los jueces entraron mediante examen cuando fui magistrado presidente, los diputados argumentaron que yo no hice nada para impedir el ingreso de los demás jueces. Qué querían, que los corriera si ya tenían 20 años o más ahí trabajando”.

Respecto al argumento legislativo de que incumplió con los plazos de ley para dictar sentencias, Javier Germán Rodríguez sonríe. Esa parte, explica, fue tomada después de la diligencia de revisión de expedientes que, considera, no tiene validez porque muchos formatos que traían los enviados del Congreso ni siquiera fueron llenados.

Asegura además que humanamente es imposible cumplir con todas las sentencias en tiempo, y no hay juez en el país que así lo cumpla.

Y la pregunta cuya respuesta muchos quisieran ya saber, principalmente en la Cámara de Diputados. ¿Se va al amparo?:

“Estoy tomando las cosas con calma. Hay que leer con cuidado el dictamen del Congreso y después tomaré una decisión. Hay tiempo hasta octubre y lo mejor es tomar las cosas con tranquilidad”.

Pese a que ha recibido invitaciones para trabajar en el Estado de México, dice, “yo no me quiero ir de mi ciudad, de mi estado. Aquí me quedo”.