Por: Miguel Angel Casillas Barajas.-
Mi adorable esposa Marisela y este servidor, en 37 años de casados jamás nos habíamos separado por mucho tiempo, siempre habíamos viajado juntos a todas partes, incluso a mis frecuentes visitas al centro medico de occidente a cumplir las citas de mis doce operaciones que he tenido, siempre al despertar de las anestesias a la primera persona que miro a mi lado sonriente es a mi dulce e inseparable esposa, que me ha dado los ánimos y la fuerza necesaria con su sola presencia para superar todas las adversidades y seguir adelante.
Hace algunos días, solicitó de mi anuencia para tomarse unas vacaciones por una invitación que le hicieran unos familiares para viajar primero a puerto Vallarta, Jalisco por ocho días, y después, pegadito viajaría a la ciudad de Guadalajara a acompañar a mi hija Linda Marisel que estaba a punto de dar a luz, así que el distanciamiento se prolongaría por un indeterminado tiempo.
Ahora que de alguna manera he tratado de suplir sus actividades diarias en el hogar luchando a brazo partido con los cerros de ropa sucia, con la limpieza diaria de la casa y brindando atención a los problemas que aquejan diariamente a nuestros hijos y nietos.
En tan solo este corto tiempo, he podido constatar que la labor de una madre es de verdad titánica e insustituible en el hogar, que no puedo menos, que engrandecer a toda mujer, de manera universal y en lo particular, a mi querida esposa por esa gran capacidad que tiene para desarrollar tantas y tantas actividades en el día, pero y además todavía, se da el tiempo necesario para brindarme sus atenciones de manera preferencial, sin perder esa dulzura y encanto que le conocí desde que éramos novios.
Sin embargo, lo que mas he extrañado de Mari mi esposa en estos días, son los ratos en que juntos conversamos después del desayuno saboreando una exquisita taza de café, tratando temas de la vida, de los negocios o de nuestros hijos. Esos momentos mágicos son imponderables, ella lo sabe bien y conoce a la perfección mi frase gastada que cada vez que puedo le repito al oído dulcemente, y que dice así: “Prefiero una modesta taza de café, servido por tus lindas manos, que el mas exquisito caviar, servido en el restaurante mas costoso y lujoso del mundo”
Al paso de los años en nuestro matrimonio, me ha regalado 5 hijos maravillosos (tres varones y dos mujercitas) y es precisamente, Linda Marisel, la más grandecita de nuestras dos hijas, a quien fue a acompañar por su parto primerizo a la CD de Guadalajara.
Gracias a dios, el día 21 de Septiembre a las 9 de la mañana, nació en perfecto estado de salud nuestra nietecita Andrea Michelle Cuevas Casillas en la perla de occidente; Advenimiento que me llenó de alegría y que a la vez me motivó para realizar un viaje relámpago este sábado pasado 25 de Septiembre a la perla tapatía; Primero para encontrarme nuevamente con mi querida esposa, y posteriormente para felicitar a mi hija Marisel y a su esposo Roberto Cuevas por esa belleza de niña que bendice su hogar. Y de pasadita también, aprovechar la ocasión maravillosa para conocer a mi nietecita, tomarla entre mis brazos y prodigarle un beso tronado y amoroso, como una muestra de cariño y bienvenida a este mundo.
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