ÓSCAR VERDÍN CAMACHO
El domingo ocho escuché de viva voz el relato de una nayarita -compañera de secundaria, que los últimos 20 años ha vivido en Estados Unidos-, que dibujó el drama económico por el que están pasando millones de personas en ese país, la de ella, por ejemplo, que ya perdió una casa al declararse en bancarrota, y lo peor es que próximamente deberá entregar otra al banco.
Y después, lo sabe ella, será como hace 20 años: se irá a vivir con su esposo a un departamento de renta, aunque ahora con tres hijos que ya son jóvenes.
A pesar de ello, la pareja se dio tiempo para visitar a sus familiares nayaritas y animarse con las fiestas con las que fueron recibidos. Los padres de ella son de edad avanzada.
Esta mujer relata que a principios de la década, aprovechando las facilidades de crédito bancario para comprar una casa, adquirieron una, grande, ante la creencia de que en unos años la misma tendría un valor mucho mayor. La finca se convirtió en la segunda propiedad puesto que ya tenían una, comprada años atrás, ambas en el estado de California.
Pero la situación cambió en los últimos dos años, según dijo, cuanto los pagos al banco fueron incrementándose hasta que en el 2008 de plano no pudieron seguir manteniendo ese ritmo. El valor de las casas se desplomó y, sin embargo, la deuda bancaria continuaba intacta, sino es que se había incrementado. Es decir, el año pasado una casa costaba mucho menos de la deuda bancaria que tenían, por lo que tuvieron que declararse en bancarrota, con lo que perdieron la propiedad como ha sucedido con numerosas familias, muchas de ellas mexicanas.
Sin embargo la debacle económica no ha parado ahí. Quien narra esta nota y pidió no ser identificada por su nombre creía que la caída económica terminaría ahí, sin embargo ha ido de mal en peor. Y es que lo más probable es que las próximas semanas también se declaren en bancarrota y pierdan la casa adquirida primeramente.
Así, no tendrán de otra: irse a rentar algún departamento, como ya lo han hecho muchos de sus conocidos, nayaritas también.
Detalles de esa situación, comenta, no lo conocen sus padres porque les representaría una preocupación extra, acostumbrados a recibir periódicamente algún envío de dólares.
De hecho, añade, ha tratado de mantener ese envío de dinero, aunque ahora en menores cantidades.
El envío de dólares de mexicanos radicados en Estados Unidos es uno de los mayores ingresos para las familias, pero ello ha disminuido desde el año pasado, según información ventilada por la Secretaría de Hacienda.