POR: MIGUEL ANGEL CASILLAS BARAJAS

En aquellos tiempos maravillosos de mi juventud, en mi casa familiar contábamos para el lavado de nuestra ropa, con una poderosa lavadora “Hoover” a la cual le vaciábamos la ropa sucia,  con tan solo un trozo de jabón pinto, luego le apretábamos un botón y ella se encargaba de todo, con la rapidez de un rayo nos entregaba la ropa extremadamente limpia, solo  tenía un pequeño defectito… que nos dejaba la ropa como  mascada por las vacas  y en algunas ocasiones hasta rota a jirones, las escenas de coraje que nos hacía pasar esa lavadora, eran muy frecuentes ya que si le metíamos una camisa que habíamos adquirido recientemente, nos encontrábamos con la infausta y cruel noticia de que la “Hoover” la había destrozado. Tomábamos los restos de la  camisa como  algo muy querido y valioso en nuestras  manos y llorando de coraje le propinábamos de patadas a la lavadora hasta el cansancio, y ésta, ni tan siquiera se inmutaba, hasta para soportar  ese tipo de acciones adversas estaba fabricada la Hoover, como si se tratara de un pequeño  “buldózer” de la segunda guerra mundial.

 Recuerdo también,  una anécdota muy curiosa en la que intervino esa lavadora; Un día nos visitó una tía que usaba una peluca,  por la tarde cuando dormía la siesta  profundamente en nuestra casa, le tomamos la peluca “ prestada” del buró de la recámara, mis hermanos y yo, y empezamos a jugar  con ella, nos la poníamos y luego nos correteábamos unos a otros para quitársela al que la tenía puesta y así ponérsela otro de vagancia, uno de mis hermanos, la tenía en ese momento puesta  y cuando miró, que yo me acercaba para quitársela, la lanzo al aire con tan mala suerte que vino a caer en la Hoover que  estaba trabajando a marchas forzadas, nos quedamos estáticos, presa del miedo a sabiendas que la lavadora la podía destrozar, en eso estábamos, cuando la lavadora lanzó un ruido  estruendoso y se paro al seco, pujando feo, gritamos todos al unísono: ¡ la peluca! Y corrimos presurosos a desconectarla y así la dejamos desconectada, acto seguido, pusimos pies en polvorosa todos, fue hasta en la noche que regresamos cuando vimos que mi tía  traía puesta la peluca luciendo un peinado estilo “punk”; después, nos contó mi mamá que les había costado trabajo rescatar la peluca de mi tía, de las garras de la Hoover, que como comentario aparte te digo amigo y amiga lectora, y si ustedes tuvieron una lavadora de esas, sabrán que lo que les digo es verdad, estas lavadoras lo que  agarraban, muy difícilmente  lo soltaban.

 Afortunadamente mi tía  tomó esa situación como una simple vagancia  y al rato nos reíamos todos  a carcajadas, pero esa era la Hoover casi, casi  una desgranadora de maíz que bien le hubiéramos podido echar  piedras y nos las entregaba, mascadas, pero relucientes de limpias.

Entonces para mi, enfrentarme  a  lavadoras modernas sin conocer la tecnología, y sin la práctica cotidiana era todo un reto,  sin embargo por las vacaciones de mi esposa he tenido  que afrontar esta y otras situaciones mas en el hogar, habiendo claro, otras alternativas, pero teniéndolo todo a la mano, me  dije:¡debo probarme a mi mismo!.pos que caray.

Armado de valor decidí  entrar al cuarto de lavado de mi casa, un terreno   como dije antes, casi inexpugnable para mi,  vi tres tipos de  lavadoras y una secadora formadas en fila  y varios pomos grandes de líquidos para lavar ropa en una repisa que colgaban con la boquilla dirigida hacia el deposito de la tina de lavado de una de ellas, esperando tan solo un apretón de mi mano, me quedé meditando..¿Por donde empezar? ¿Por la Ropa interior?, ¿por las camisas de color? Me dije: Bueno me da igual “El orden de los factores, Bla, Bla, y Bla,” y saqué del bote de la ropa sucia cinco de mis camisas negras favoritas que me habían regalado en un cumpleaños, las coloqué en la lavadora y dirigí mi mirada hacía los  líquidos que estaban en la repisa ¿ y ahora  de cual recipiente le pongo? ¡Mmm...! Leí detenidamente el contenido de los líquidos en el orden en que estaban acomodados, el primero decía: CLORO el segundo: SUAVITEL, el tercero: JABON LIQUIDO me quedé un rato meditando y luego me dije: ¡Tonto de mí! Aquí está el secreto de mi esposa, para dejar mí ropa impecable, La canijilla, usa esa línea de productos en ese orden en que están acomodados, por eso deja mi ropa reluciente de limpia y olorosa. Y sin más, ni más,   apreté todos los botones en el orden en que estaban los botes, primero el que dejaba salir el cloro ¿cuantas gotas será bueno? – Me pregunté-Olí una camisa, ¡puff! Yo creo que por lo menos  cinco  chorros gruesos y así también a los demás, luego  tomé una revista y esperé por un rato a que la lavadora hiciera su trabajo, 15 minutos después,  terminó su faena saqué mi camisa y ¡OH sorpresa! ¡Maldita sea! mis bellas camisas habían quedado como camuflajeadas con manchas por todos lados, me dije: si me las pongo voy a parecer “Leopardo Motita”, ni  hablar, mis camisas negras adoradas se fueron directo al contenedor de la  basura.

Eso no me desanimó sino al contrario, Acto seguido, tomé un suéter estilo de los años del rock con grecas al frente en color azul y blanco para prepararlo ahora que se avecinan los fríos, voltee hacia las lavadoras y les hice una seña con la mano de ¡toma! éste Suéter no se los dejo por nada del mundo, y decidí lavarlo a mano a la antigüita usando solo Suavitel, después de haberlo lavado con  esmero y con todos los cuidados posibles, tomando en cuenta que era una  bella prenda de los años sesentas, me dirigí a la secadora que me esperaba sonriente con el montón de foquitos iluminados y haciendo ruidos como de pajaritos, pidiéndome el suéter.. Medité un poco sobre los riesgos, antes de meterlo en la máquina calentona  ¿que puede pasar en una secadora? ¡ Pos Nada!, y sin más preámbulos metí mi reliquia de suéter por tantos lustros acariciado, a la secadora, no sin antes, leer detenidamente todas las funciones, de la máquina que decían: “Lento, Rápido, seco, muy seco”, me decidí por la última opción, a un costado tiene un reloj en donde uno le puede dar el tiempo de secado al gusto, el tiempo máximo son 80 minutos, pero a partir de los 50 minutos los números aparecen en color rojo y por un lado la figura de un diablito, no le tomé la importancia debida y le dí el máximo, o sea  80 minutos, ¡ay papá! luego me fui a comprar unas sodas y galletas a la tienda para matar el tiempo y regresé justo a la hora de retirar mi bello suéter parecido a los que usaba Cesar costa; Cuando abrí la secadora, había mucho  vapor  dentro de la tina -exclame angustiado- ¡ Mi suéter del rock! Cuando se dispersó todo el vapor allá al fondo de la tina estaba un pequeño suetercito diminuto como para la edad de  un niño de cinco años o como para el talle de Nelson Ned, ¡OH calamidad, se había encogido mi bello suéter! mientras que la secadora hacía unos ruidos como trompetitas y sus foquitos se iluminaban en escala como burlándose de mi; Por mi estupidez de no haber calculado adecuadamente el calor que podía soportar  esa prenda, la desdichada secadora, había acabado con  parte de la historia  del Rock and Roll.

No pude más, me derrumbé en mi silla con el suetercito extendido en la mano mirándolo de frente; Y mostrando cierto positivismo, me dije: “Bueno por lo menos, ya tengo el regalo de navidad para alguno de mis nietecitos para que  empiecen a identificarse con el rock de los sesentas”.

Cansado y derrotado por la tecnología me dispuse a rescatar el resto de mi ropa llevándola mejor a la lavandería, jurando no volver a lidiar con esas malévolas maquinas modernas del cuarto de lavado.

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