Para Don Manuel Piña y Doña luisa González de Los Mochis, Sinaloa
Esa noticia  le dio un gran giro a sus vidas.

Por Miguel Ángel Casillas Barajas.-

“Don Miguel Ángel Casillas hemos leído una a una sus historias  y las lecturas de los pasajes de su vida, eso nos motivó a mi esposo Manuel Piña y esta Lectora asidua  del periódico: “Gente y Poder” a escribirle esta historia verídica, esperando que sea del interés de sus innumerables y selectos  lectores: “

“Mi esposo Manuel Piña Flores y esta servidora Luisa González Galavíz formamos una familia compuesta por 5 miembros, mi esposo y yo y tres hijos; De entre ellos, el mayor de todos es doctor pediatra y se llama igual que mi esposo Manuel Piña y ejerce la medicina aquí en los Mochis, Luego le sigue mi hija Gloria que estudió diseño de modas y actualmente vive en la ciudad de México, trabajando para una firma de ropa internacional y por último, Ulises, el menor de nuestros hijos de quien precisamente vamos a tratar su historia.”

“La historia se desarrolla en nuestra ciudad de residencia: Los Mochis, Sinaloa, mi hijo Ulises había terminado de estudiar el bachillerato y buscábamos conjuntamente alguna opción en diversas partes del país, para que continuara sus estudios a nivel profesional, opción, que se ajustara también a nuestras posibilidades económicas, que entre otras cosas valga la pena comentarlo, no nos ha ido mal del todo, hablando claro, pero tampoco podemos decir que somos una familia muy pudiente, tal vez,  Don Miguel y estimados lectores, mi familia se ubique en el término de la clase: “media alta.”

“Pues bien, ya habíamos contactado con varias instituciones educativas de las más prestigiadas y sobresalientes del país, tanto del D.F., como Monterrey y Guadalajara, cerrándose las opciones a dos instituciones, una en el DF: (Universidad Autónoma Metropolitana) y por último la UNIVA de la ciudad de Guadalajara. Después de platicar con mi hijo Ulises, coincidimos todos en conjunto que la UNIVA sería la mejor opción para él, debido principalmente a la cercanía de Sinaloa con Guadalajara y mas que nada a que mi esposo frecuentemente asiste a la perla tapatía a realizar algunas compras para la mueblería  y de paso, aprovecharía su viaje para visitar también a nuestro hijo.”

“De esa manera, sin pensarlo más, se inscribió e inició sus clases sin contratiempos, el primer semestre lo cursó normalmente, pero días antes de iniciar el segundo semestre le habló a  Manuel mi esposo por teléfono manifestándole su negativa de inscribirse nuevamente en la UNIVA. Como Ustedes pueden vaticinar no se hicieron esperar las preguntas obligadas en estos casos:

“¿Luego porque hijo? ¿Tienes algún problema con alguna materia? ¿Alguien te está  molestando? Pero el  no nos decía nada, solo argumentaba  que estábamos gastando mucho dinero en su manutención y en colegiaturas y que no era justo, que estuviéramos derrochando esa fortuna en él, poniéndonos como ejemplo las grandes necesidades en la familia y  la hambruna en el mundo. Así pasaron algunos días, yo realmente  no sabía que iba a pasar con él, ni que  traía mi hijo realmente en su cabecita, ¡hasta tuve un miedo atroz de pensar que estuviera influenciado por alguien que lo hubiera llevado por el camino de las drogas o de la perversión! Duré varios días que no pude dormir ¡Estaba desesperada, sin noticias! Hasta que por fin unos días después terminó mi zozobra, nos habló nuevamente y con cierto misterio le dijo a mí esposo: ¡Papá quiero darles una noticia, espero que estén bien sentados!

Mi esposo volteó a verme de soslayo y me dijo: “¡Es Ulises, que tiene una noticia que darnos!” –Me levanté y pegué mí oído junto al de mi esposo en el teléfono  presa de la incertidumbre y el temor; fue justo el momento cuando el nos dio la noticia que cambio nuestras vidas: ¡Mamá, Papá quiero ser sacerdote!

“¡Ay dios! –Exclamé-En ese momento no supe ni que pensar, ni que decir, al igual que mi esposo ambos, nos quedamos pensativos y perplejos, nos miramos como pidiendo alguna explicación: No tanto porque esta decisión que el había tomado fuera algo malo, no al contrario. Solo que para un joven Sinaloense que empieza a vivir la vida, bien parecido, con muchas pretendientas, de una posición económica estable, con el ritmo de vida de un estado como lo es Sinaloa, es realmente raro que un hijo tome la decisión de tomar el camino del sacerdocio, sin embargo Ulises, se mantuvo firme en su decisión, mi esposo y yo todavía fuimos a visitarlo a Guadalajara para hacerle ver que el compromiso que tomaría con dios era un compromiso serio, que lo pensara muy bien, y hasta recuerdo que le dimos incluso, la oportunidad de que se tomara un semestre sin estudiar para que pudiera estar seguro de su decisión. Sin embargo, Ulises se mostró inflexible  y sin pensarlo más se inscribió en el seminario para estudiar el sacerdocio.”

“Actualmente apoya a otro sacerdote con una parroquia en una comunidad de  los cabos, Baja California. Lo que podemos decir mi esposo y yo al respecto es que esa decisión de nuestro hijo, cambió para siempre nuestras vidas, nos acercó más a dios y nos hizo comprender que mi hijo tenía mucha razón cuando, me comentó alguna vez: “Que en el mundo existen muchas necesidades y que hacen falta ovejas que fortalezcan las alianzas de dios en la tierra”. 

“Finalmente, nos sentimos orgullosos como padres, de la firmeza conque mi hijo tomo esa decisión, al final de todo, yo pienso que es él, quien nos dio una lección de vida a nosotros. “

“Como padres, a veces cometemos el error de querer hacer de nuestros hijos  modelos en serie a nuestra idea y semejanza, y nos olvidamos que cuando ellos se deciden por lo que quieren ser en la vida, no hay poder humano que logre disuadirlos, y no nos  queda otro remedio que aceptar, que ningún ser mortal puede ser el rector de la vida del otro, solo el todo poderoso tiene un plan definido y puede regir y moldear nuestras vidas”.

Espero que esta historia verídica les haya gustado y le damos las gracias al Sr. Director del periódico por publicarla y a Usted Sr. Miguel; Por escribir esas historias tan bellas.

Manuel Piña y Luisa González.

Los Mochis, Sinaloa.

**Nota de la redacción: **

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