Por: Miguel Angel Casillas Barajas .-

Mi carrera como empresario electrónico, la inicié como todo mundo inicia un proyecto desde abajo, siendo aprendiz de técnico en un taller de reparación de equipos electrónicos, que estaba ubicado cerca del parque Juan Escutía, entre las confluencias de la Av. Juan Escutía y la calle Hidalgo, en ese tiempo, tenía escasos 12 años y en mi casa había grandes necesidades apremiantes. enfrentábamos momentos económicos muy difíciles, solo este servidor, que soy el segundo de la lista de los mayores, había decidido apoyar a mis padres poniéndome a trabajar para colaborar en algo con las necesidades de la casa, tres de mis hermanos en ese entonces habían decidido irse a la CD de Guadalajara para culminar sus carreras profesionales.

Mi padre, trabajaba un taxi de sol a sol y en esos tiempos el negocio no era tan bueno debido a que no había tanta gente que solicitara de ese servicio como ahora, entonces pues los recursos no abundaban en la casa y las necesidades que se tenían, principalmente las de mis hermanos, que estaban estudiando, requerían constantemente recursos económicos frescos, de tal manera que rebasaban nuestras posibilidades económicas con mucho.

Mi maestro Rubén el dueño del taller en el que trabajaba, me mandaba en una bicicleta a las refaccionarías de electrónica para hacer las adquisiciones de los diversos materiales que se ocupaban para los aparatos que estaban en el servicio. En ese tiempo había solo dos refaccionarías en el centro que vendían esas partes. Una de ellas era la de Don David Pérez Ávila denominada: El centro Eléctrico y la otra la de Don David Zermeño Romero (padre de mi estimado amigo Pepe Zermeño dueño de la pastelería Pepe). A mí en lo personal, siempre me gustaba ir a la tienda de Don David zermeño, porque tenía un mejor surtido y mejor precio en las refacciones, pero además, por su trato atento y amable, cualidad que distinguía a Don David Zermeño.

En una ocasión de esas, acudí a la tienda de Don David Zermeño a realizar algunas compras de material, eran días en que en mi casa teníamos una gran preocupación debido a que mis hermanos (los que estaban en Guadalajara estudiando) nos habían solicitado dinero urgentemente para su manutención y pago de colegiaturas, eso me traía a mi, bastante preocupado que tal vez en mi manera de accionar o en mi rostro se reflejaba esa angustia, eso motivó que Don David me llamara a su escritorio: ¡muchacho Ven un momento! ¿Es a mi Don David?-contesté, señalándome con el dedo índice en el pecho- ¡Si tú!, ¿Cómo te llamas?-replicó Don David- a la vez, que me abría un pequeño barandal para pasar al lugar en donde tenía su escritorio, que por cierto, estaba estratégicamente bien ubicado, Desde ese lugar tenia todo el dominio de quien entraba y quien salía de su tienda, le dije pues a Don David-me llamo Miguel, Don David, y luego insistió: ¡Tu traes algún problema serio muchacho, dime en que puedo ayudarte- titubee un poco al contestar- No.Don David no es nada...-el siguió insistiendo con firmeza-¡ si como no, cuéntame tu problema para poder ayudarte sino, como te ayudo!. ¡Necesito saber que es lo que te acongoja! Yo realmente estaba sorprendido y hasta asustado de esa gran capacidad de observación mostrada por Don David, para poder percibir sin que yo le hiciera ningún comentario, esa angustia y preocupación que aprisionaba mi joven pecho. De esa manera y mas que nada debido a su insistencia e interés que mostraba por mis problemas, me abrí de pecho y le comenté palmo a palmo la razón de mis problemas, hecho todo un mar de lágrimas. ¡Mira muchacho! – me dijo Don David- Eres muy joven para tener ese tipo de responsabilidades, pero quiero ayudarte a aliviar un poco tus problemas económicos, pero antes, déjame decirte, todos los hombres debemos tener temple para afrontar todos los compromisos que se nos presenten, al igual que un torero con el capote, o un charro al lanzar la mangana, para todo se requiere temple, muchacho, ¡temple!, no se te olvideno Don David- Temple, temple..-repetí varias veces la palabra- y para apoyarte, -continuó diciendo Don David- a partir de este momento, contarás con un 30% de descuento en cada compra que realices en mi tienda, ese descuento va ha ser solo para ti, no se lo des a nadie ¡pero además! Te voy a dar un consejo: Visita a todos los talleres de electrónica del centro de la ciudad, para que les prestes el servicio de entrega inmediata de refacciones hasta su propio taller, eso incrementará tus ganancias enormemente- y así lo hice, seguí al pie de la letra su sabio consejo y a partir de ese momento me convertí en el primer repartidor Express de refacciones electrónicas a domicilio, sin descuidar mi trabajo de ayudante con el maestro Rubén, de donde percibía un salario semanal de cincuenta pesos.

Gracias a la asesoría y apoyo que tuve en mis inicios de Don David, ese gran hombre que dios puso en mi camino, forjé en mi vida la visión del manejo empresarial en un negocio, Don David prácticamente, se había convertido en los días subsiguientes en mi consejero financiero y espiritual, sin su apoyo hubiera sido casi imposible que pudiéramos superar mi familia y yo esa adversidad. Por mi parte, yo le guardé siempre el cariño y el respeto al igual al que le guardé a mi propio padre.

De Don David, conservo la imagen fresca de su figura alta y delgada y de esa gran personalidad y distinción que le caracterizaba vistiendo su traje de charro. Que con orgullo vestía elegantemente siempre con gran porte, dignificando a ese gremio al que el amo tanto hasta sus últimos días.

También atesoro en mi pecho los gratos momentos que siempre que me veía llegar a su tienda, salía y me recibía con su sonrisa fresca, preguntaba por mi familia y por mi salud a la vez que pasaba su mano por mi cabeza frotando suavemente mis cabellos dejándome sentir de esa manera su cariño y aprecio.

Hace unos años antes de su fallecimiento, tuve la oportunidad de conversar largamente con él en el parque Juan Escutia, y ahí aproveché la oportunidad para agradecerle de corazón todo lo que había hecho por mí, por mis hermanos y por mi familia.

Don David Zermeño Romero fue pues, un hombre cabal y de una gran calidad humana, y su principal virtud en la vida: Ayudar siempre al prójimo. Me pregunto entonces: ¿a cuanta gente apoyaría en su vida al igual que a mí? ¿A Cientos a miles?

Solo él y Dios lo saben.

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