Por Jaime Tapia López
El gobierno federal sigue empeñado en combatir el narcotráfico en medio de la jungla, mientras que los vecinos del norte se llenan los bolsillos de dólares. Es inexplicable por qué el presidente de México o los diputados, no se fajan los pantalones y le ponen rienda al demonio que cabalga de siniestro en siniestro con cara de santo. El presidente Calderón, debe de ser claro y ponerles un ultimátum a los gringos en el entendido que si ellos no cierran los cientos de negocios de venta de armas que hay a lo largo de sus fronteras con México, tampoco nosotros cuidaremos la nuestra para impedir el tráfico de droga que lleva el destino de introducción a los Estados Unidos. Si a ellos les perjudica como dicen, el tráfico de drogas que entra a su país, también deben de saber que a nosotros nos perjudica que estén abasteciendo de armas a quienes se dedican al narcotráfico y otras actividades ilícitas que por ende, están fuera de la ley. Mientras en México corre sangre por impedir la introducción de drogas a Estados Unidos, ellos hacen su agosto vendiendo armas al por mayor para que nos enfrentemos en una lucha sin cuartel. Si los gringos siguen haciendo negocio con nuestra lucha al comercio de estupefacientes, está claro que estamos trabajando para ellos. Cuando dice el presidente Calderón, que la lucha al narcotráfico es responsabilidad de los dos países, también debe de decirles que si aquí se combate a traficantes de droga, allá se debe combatir a traficantes de armas, pero asómbrese, dijo el profesor Ramón Ramos Flores, los traficantes de armas, allá, resultan traficar en la legalidad ¡ira que a gusto! Por lo que se antoja pensar, que así no se puede, pues lo que allá es permitido por la ley, aquí es prohibido, entonces aquí cambiémosla, permitamos el tráfico hasta sus fronteras y prohibamos sólo la venta, porque ellos nunca agarran un cargamento de armas cuyo destino venga a México, a sabiendas que esas armas tienen el destino de prohijar la violencia y que son para matar, entonces México, no debe prohibir el tráfico de drogas, porque en nada le perjudica, pero si lo debe hacer si se distribuye aquí ¡qué tal! En un entendido como éste nuestro combate a las drogas, sería únicamente al consumo interno que es el que realmente nos importa y al decomiso de armas; y los gringos por su parte, su combate se reduciría a cuidar sus fronteras para decomisar la droga y los indocumentados que siempre lo han hecho. En pocas palabras que cada quien cuide sus fronteras: ellos a perseguir a los introductores de droga a su país y nosotros a perseguir a quienes pretendan introducir armas a nuestro país: ¿Qué resultará más siniestro o dañino, el tráfico de drogas o el tráfico de armas? Las dos cosas o mercancías matan o son nocivas. ¿Que los gringos decomisan más drogas que en México? habríamos de ver estos decomisos de acuerdo a las cantidades de toneladas que les entran y a cuales cárteles, por nombre, están combatiendo ¿O no hay cárteles allá? ¿No hay Chapos Ábregos o Beltranes? ¿O son puros chapulines? Claro está que no combaten los gringos a los pesados o a los que en el hampa se les conoce como señores, porque de hacerlo, tendrían ahora el mismo problema que México y la prueba está que cuando lo hicieron con Alcapone (contrabandista de alcohol) con quien tuvieron hechos como los que ahora vivimos en México, al grado que tuvieron que negociar o pactar con los capos italianos, como con Vito Don Corlione, para parar los cientos de crímenes que se suscitaban en la época. No es posible que los gringos pongan las armas y nosotros los muertos y todo por aceptar ayudas que nos ponen en desventaja, mismas que son aprovechadas por una bola de impostores que por accidente nacen en México o logran la nacionalidad. Dios nos libre de estos hampones. FACHENDA: Ahora le tocó al TECNOLÓGICO de Monterrey y a seis comuneros de Cruz de Lota, Sinaloa ¿Y ahora qué más o quién sigue? PROVECHO.