Por Arturo Jiménez Soriano
Hoy en día, la Ciencia y sus aplicaciones, constituyen la fuerza productiva más dinámica e importante del hombre. El desarrollo científico de un país, es una necesidad y un requerimiento elemental para el desarrollo.
Gastar en Ciencia es, a la larga, la única inversión que puede posicionarnos adecuadamente en un mundo global y competitivo, basado en la sociedad del conocimiento.
Los conocimientos científicos, impactan positivamente, la manera en que sembramos y cosechamos los alimentos, generamos energía, curamos las enfermedades, construimos nuestras ciudades, viajamos y nos comunicamos con el resto del mundo y conservamos nuestros recursos naturales.
La pobreza y las pésimas condiciones económicas y ambientales, son consecuencia de la falta de inversión en el desarrollo científico de cualquier país.
La Ciencia al impactar directamente a la técnica y a la industria, lo mismo que al medio ambiente, mejora radicalmente el estilo y calidad de vida de los habitantes de un país y del planeta mismo.
Los países que más invierten en ciencia básica, favorecen la competitividad intelectual y de mercado y fomentan una constante innovación tecnológica, en beneficio del país de origen y de la humanidad.
Un elevado nivel de vida, sólo es posible, para quienes controlan las tecnologías de producción más avanzadas. Un país que fabrica, o peor aún, que ensambla mercancías de la Segunda Revolución Industrial, tiene que contentarse con los más bajos salarios a nivel mundial.
Hoy en día, los salarios más altos, sólo pueden ser resultado de La Tercera Revolución Industrial, basada en LA INFORMATICA, LA BIOTECNOLOGIA, LAS NUEVAS ENERGIAS, LA NANOTECNOLOGIA, LA BIOMEDICINA MOLECULAR Y GENOMICA Y LA ECOLOGIA.
La utilización sistemática de insumos de conocimiento y fuerza laboral educada, capacitada y entrenada, ha permitido a otros países crecer rápidamente y obtener mayores niveles de ganancia.
Países como Japón, Viet Nam y Corea del Sur, que han sufrido severos procesos bélicos, pudieron levantarse, gracias a sus inversiones sostenidas en Ciencia y Tecnología.
Corea del Sur altamente competitiva a nivel mundial en materia de telecomunicaciones invierte el 3% de su PIB en Ciencia e Innovación Tecnológica.
De acuerdo con datos de la OCDE en l988, México asignó sólo el 0.34% del PIB para el avance de la Ciencia. Ese mismo año, Brasil empleó un 0.94% de su PIB en el rubro; China empleó el 0.65%; Japón un 3% y Estados Unidos aplicó al rubro científico el 2.61% de su producto interno bruto.
En el 2007, México invirtió un miserable 0.35 de su PIB en Ciencia y Tecnología, mientras que ese mismo año Brasil incremento a 1.02% de su PIB en Ciencia. China pasó del 0.65% al l.49%; mientras que Japón elevó su inversión en Ciencia hasta un 3.4%, mientras que Estados Unidos llegó al 2.68% de su PIB invertido en Ciencia.
En este rubro, México se encuentra muy atrasado a nivel mundial. Y seguirá dependiendo, de las soluciones que desarrollan los centros de investigación y las universidades élite del Primer Mundo, que desarrollan las investigaciones que dan lugar a las tecnologías del futuro y monopolizan información por medio de sistema del derecho de patentes y licencias.
La globalización será benéfica para los mexicanos, a condición de llegar a ser altamente competitivos en materia de Ciencia y Tecnología.
Si el presupuesto dedicado al avance de la ciencia y la tecnología, no se incrementa sustancialmente en el actual y futuros sexenios, nadie podrá impedir que se cancele el futuro de la nación entera.
Don Calderoni debería entender, que la solución a la miseria del país, no se encuentra en sacar las tropas de los cuarteles, ni establecer el Estado de Excepción, sino en incrementar el presupuesto del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología creado en los años 70s, y de las Universidades y Tecnológicos dedicados a la investigación y desarrollo de la ciencia.