Por: José Ma. Narváez Ramírez.
Ney González Sánchez, Gobernador del Estado de Nayarit, ante los lamentables sucesos generados por la delincuencia organizada, optó por agarrar el toro por los cuernos y darles la cara, asumiendo valientemente el reto de garantizar la seguridad ciudadana aún a costa de la propia vida.
Dicen los que saben, que en el juego del Ajedrez, la mejor defensa es el ataque, y creo que tienen razón porque allá en Santiago Ixcuintla, por los años cincuenta y tantos, cuando mi padre, don Pepe y don Emilio, eran enemigos políticos, (CGT y CTM) pero muy cuates en lo personal, en el estado había diferencias de opinión pero nunca llegó la sangre al río, como se dice coloquialmente.
Unos años antes, después de la Revolución, llegaron tiempos difíciles, en los que no se acomodaban muy bien las cosas; nosotros escuchamos muchas anécdotas en la que los principales temas fueron los protagonizados por los abigeos y otros facinerosos que se aprovechaban de la falta de vigilancia policíaca y robaban y mataban impunemente, haciendo de la región costera un lugar fuera de la ley Sabrá Dios que tan cierto era pero hoy los culpables salen libres en poco tiempo y la pena de muerte la ejecutan precisamente los malos Ojala volviera la época de los sacrificados en el Mirador del Águila
Sigamos con nuestro relato: Los vecinos, digamos pudientes, del pueblo, sabían de que en cierto lugar de Jalisco (de donde provenía el temido Remingtón), había un jefe policíaco al que los propios ladrones y asesinos le temían y le sacaban la vuelta. Al saber lo anterior, los santiagoixcuintlenses se unieron y fueron a platicar con este jefe, que creo se llamaba o le apodaban Pío Quinto. Cobraba caro, pero le llegaron al precio y se lo trajeron a la futura Costa de Oro, garantizándole el sueldo de un año.
Ni tardo ni perezoso, Pío Quinto desde su llegada no quiso centrar su cuartel general en la Presidencia Municipal, donde funcionaba la cárcel pública, sino que ordenó que se construyera un cuarto de dos metros de alto por dos de ancho, con una entrada de un metro y una ventana de diez por veinte centímetros para la ventilación y un balde que serviría de retrete. Y fue levantada en tres días, a las afueras de la población, acomodándose el jefe en una casa-habitación pequeña, que estaba enfrente de la improvisada cárcel.
Cuentan que al tercer día giró instrucciones de que al primer abigeo o asesino que aprehendieran lo llevaran de inmediato a encerrar en aquella prisión.
Era tal la incidencia de robos de ganado y de asesinatos que el mismo día cayó un abigeo, encerrándolo de inmediato, al tiempo en que Pío, citaba al día siguiente muy temprano al pueblo para juzgar y castigar al reo.
Y así fue, eran las siete de la mañana de aquél día, cuando ya estaban listos los ciudadanos frente a la mini-cárcel. Un piquete de cuicos, armados con viejos fusiles y pistolas, cuidaban el orden. En cuanto apareció el jefe, sacaron al preso y lo condujeron ante un jurado integrado por doce personas del pueblo.
Pío Quinto le preguntó al reo si era culpable o no. Éste, que no acertaba a comprender qué pasaba, contestó que él había agarrado una vaca que andaba vagando por el monte y al verla sin dueño, la mató y posteriormente la destazó para venderla a un tipo desconocido que por ahí iba pasando. Solamente que no contaba conque el animal tenía dueño, y ahí estaba el propietario muy enojado exigiendo justicia.
El jefe, preguntó al jurado si encontraban culpable al acusado y todos contestaron afirmativamente. Acto seguido, ordenó a los policías llevar al reo atrás del cuarto improvisado como cárcel y a la voz de ¡Preparen Apunten Fuego! Le dieron muerte los asustados jenízaros (aunque Pío Quinto, hubo de darle dos balazos de gracia, porque había quedado semi-vivo).
Al día siguiente cayó a la mini-cárcel un reo acusado de haber dado muerte en riña a su compañero de juerga, por allá en la zona roja, que ya desde aquel tiempo le llamaban bules Y enjuiciándolo en la misma forma que el anterior, también le dieron matanga.
Una semana duró el acarreo de presos a aquella prisión y el mismo tiempo duraron para someterlos a juicio y darles muerte.
De ahí pa´l real no volvió a caer otro delincuente ni mayor ni menor, en el tiempo en que estuvo el Jefe Pío en funciones. Los asesinos y abigeos optaron por irse de Santiago a Tecuala y Acaponeta, porque decían que el Inspector de Policía era un sanguinario.
Se terminó el año para el que había sido contratado el jalisciense y los santiagoixcuintlenses decidieron darle las gracias despidiéndolo para su tierra.
Y Control señores Control Nomás se fue el señor Pío Quinto del lugar y a los tres días ya estaban los rateros, asesinos y roba-vacas haciendo de las suyas Quisieron re-contratarlo pero ya lo habían hecho en su tierra natal Por lo que cuenta la leyenda que Santiago siguió siendo víctima de los facinerosos hasta que llegó un tipo muy bragado llamado don José Tovar, y paró la ola de delincuencia en aquel municipio Pero esto es como dicen que dijo una señora: otra historia Que esperamos que nuestro Gobernador no imite porque a la mejor resultaría contraproducente ¿o usted, qué opina?.