Hoy me levante con la convicción de que no es tarde el tiempo presente, no es tarde para continuar lo trazado o para iniciar una empresa, aun si esta fuera material, económica o afectiva, creo que hoy es un buen día para hacer un alto en el camino, pues no es muy propio ir corriendo por la vida y al mismo tiempo pretender ir decidiendo que ser o que hacer en ella, en fin.

Hoy fui a la cárcel para adolecentes, en una entrevista que le hicieran unos periodistas al nuevo director, ellos lo bombardearon de preguntas y el igual de respuestas, creo que todas ellas propias del periodismo, preguntaron que si cuantos estos, que si cuanto aquello, que si cuando y mil cosas más que a la idea de ellos resultara interesante.

Yo en silencio solamente caminaba al lado de ellos, observando las altas alambradas y los rollos protectores de alambre con navajas insertadas, observaba también las amplias planicies de pisos desiertos, creo mitológicamente que quienes también trabajan en ese centro penitenciario en el fondo de su ser también son unos presos.

Creo que en otras vidas han de haber estado presos y en esta aun estar terminando de purgar una condena existencial, digo esto como un mito pues las mejores ocho mejores horas del día la pasan presos y las menos gratas la pasan en la calle o dormidos, para en la mañana alistarse a sus ocho horas entre rejas.

Pero hubo algo que me llamó la atención, en la entrada a la derecha esta una higuera milenaria, uno de esos árboles famosos por la magia que encierran, quiero asegurar que en torno de estos árboles se han enmarcado las más nutridas historias y leyendas de lo sobrenatural.

La higuera está decorada en sus ramas de múltiples viejos pares de zapatos, tenis y huaraches, todo apunta a que esta higuera es el árbol de los deseos y el calzado es como una ofrenda, como muestra de gratitud y fe de que su pretensión será cumplida.

En ese lugar hay dos mujeres, diez adolecentes indígenas y como cuarenta mestizos variablemente, algo así como un salón de clases de una secundaria o de una preparatoria, aun así se encuentran y una cosa si esta clara que la sociedad los debe adoptar como hijos a la deriva y deben de contribuir a que tengan un oficio o conozcan de una técnica.

Pues estos muchachos y muchachas que cometieron un error en la vida y que aunado a esto, la falta de oportunidades les abrió de par en par la puerta de la aventura a muy temprana edad deben de ser adiestrados, con un oficio o una técnica o en menos de un suspiro los tendremos en la calle delinquiendo.

Esta es la oportunidad de hacerle un digno y merecido reconocimiento a los empresario de la COPARMEX que andan cumpliendo cuarenta años de establecidos en el estado, también a su líder Alfonso Pérez Ochoa, al trabajo que en su momento y por su gestión, aportaran a estos muchachos en la deriva, será por el bien común de la sociedad nayarita a través de su talento y su compromiso, estaremos pendientes de ello.

Por lo pronto ahí está la higuera, yo también le pedí, que con su energía y sabiduría milenaria hiciera posible la solidaridad de la ciudadanía para esos muchachos, solidaridad que les permita aprender un oficio, lo necesitaran, pues en la calle cargar con el estigma de ser joven y ser ex presidiario es una carga muy pesada a cuestas, que se aligera con el ser productivo en la sociedad.