Por Zeferino Ramos Nuño
De unos años a la fecha y en los últimos meses, se ha venido manejando por diversos actores políticos la necesidad de emparejar nuestras elecciones locales con los tiempos y fechas de las elecciones federales. Razones, dicen: Que en cuanto salimos de una elección local ya estamos en la federal y así elección tras elección y, por consiguiente, no hay tiempo para el trabajo, para gobernar, para planificar. Pura grilla, puro movimiento electoral, etc. También se ha manejado que ya con gobernador en nuestro estado hay al año siguiente un nuevo Presidente de la República, y que si al nuevo presidente no le cae bien nuestro gobernador o no es de su grupo, pues simple y sencillamente no nos va bien y que, por eso, hay que emparejar las elecciones. Este argumento ya no es válido, pues dos Presidentes de la República, de partido distinto al del Gobernador de Nayarit, no lo han ninguneado; y esto lo dice recio y quedito el actual gobernador: El Presidente de México es el mejor amigo de Nayarit y los recursos federales fluyen a más no poder. Otro más de los argumentos que se ha vertido, es el de que ya emparejadas las elecciones, el costo se reduciría sustancialmente, pues habría una sola campaña para elegir a Presidente de la República, Senadores, Diputados Federales, Gobernador, Presidentes Municipales, Diputados locales y todos los síndicos y regidores.
No hay nada nuevo, ya hace años los poblanos a través del Consejo Coordinador Empresarial, propusieron unificar en una sola fecha las elecciones locales y federales, incautar bienes de los partidos políticos que no logren su registro, porque se han convertido en un jugoso negocio; y también propusieron los poblanos aumentar el porcentaje de votación para que los partidos logren o mantengan su registro, porque el dos por ciento ha permitido la proliferación de membretes políticos que le cuestan mucho dinero a los contribuyentes. Y pusieron como ejemplo en aquellos años, a los siguientes partidos: México Posible, Alianza Social, de la Sociedad Nacionalista, Liberal Mexicano y Fuerza Ciudadana; y precisaron que tan sólo al PSN y al PAS, en tan solo cuatro años, se les dieron alrededor de 400 millones de pesos a cada uno, y sostuvieron que, con esos recursos, se habrían alcanzado a edificar 2 mil 660 viviendas a un costo de 150 mil pesos cada una; o bien, construir 270 escuelas con 12 salones y servicios de Kinder, primaria y secundaria; o también, esos recursos hubieran alcanzado para comprar 5 mil 330 vehículos, para ser utilizados como patrullas de la Policía Preventiva. En resumen: propusieron una reforma a fondo del Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales (COFIPE), a las constituciones locales y a las leyes electorales locales a efecto de unificar las fechas de los procesos electorales; así como implementar los mecanismos de liquidación de los bienes adquiridos por los partidos políticos que no alcanzaron o alcancen su registro, para devolver dicho importe al Instituto Federal Electoral (IFE) y, así, evitar la apropiación privada de recursos públicos; amén de que con la elevación del porcentaje de votación para alcanzar o conservar el registro de los partidos políticos, se reduciría sustancialmente el gasto al tan desgastado erario público.
Durante largos y penosos años padecimos el autoritarismo presidencial, el centralismo en la toma de decisiones que permitieron fijar tiempos electorales, poner y quitar gobernadores, diputados, senadores y hasta presidentes municipales, sin importar, en absoluto, el voto ciudadano. Querer volver a ello, como lo señalan los poblanos es, para mí, inadmisible; como también es inadmisible anular la libertad de actuación de los estados de la federación. Y parte de esa libre actuación se manifiesta en la independencia en los procesos electorales, que va desde fijar los tiempos de elecciones hasta decir el número de representantes populares que deben integrar su Cámara de Diputados o cada ayuntamiento.
Ciertamente que los estados y, sobre todo, el de Nayarit con escasos recursos para los procesos electorales y a los partidos políticos, no puede competir con la instancia federal, porque allá hay muchos miles de millones de pesos. Me da la impresión que para muchos, el empatar las elecciones significa que el IFE se haga cargo de todas las elecciones.
La elección federal implica que haya más de doce mil funcionarios de casilla en el Estado y que, el empatar las elecciones federales con las locales, implicaría el mismo número de funcionarios de casillas para las mesas receptoras locales, si no se da una reforma en las Leyes Federal y Estatal, que impliquen que el IFE, conforme a esas reformas, sea el único organizador de elecciones en todo el país y para cualquier nivel. ¿Y qué decir del número de ciudadanos que ocupan los partidos políticos como representantes generales y de casilla? Baste recordar que el Instituto Estatal Electoral para sus funcionarios, muchas veces ha invitado a un gran número de los que fungieron como tales en la elección federal. Y lo mismo pasa con los representantes de partido que, generalmente, van los mismos militantes o simpatizantes de su partido, a la elección federal y luego a la elección estatal.
En una elección local concurrente con la federal los tiempos de radio y televisión deberán compartirse entre los candidatos, lo que, de acuerdo con las experiencias en algunos estados, merma la presencia de los candidatos locales.
Además, el hecho de que dos instancias trabajen en la organización de los procesos electorales requiere decidir entre la integración de dos mesas directivas de casilla, con lo que se convoca a ciudadanos para que unos formen parte de la casilla federal y otros de la estatal, o bien, la conformación de casillas combinadas, con un presidente, dos secretarios y escrutadores para ambos procesos.
Si tomamos en cuenta que los estados que llevan elecciones concurrentes, incluyendo el Distrito Federal, y sabemos que la organización de un proceso electoral federal concurrente con el local tiene algunas particularidades; sin embargo, la función de los órganos electorales es organizar el proceso de conformidad con lo que los diputados determinen.
En la homologación de fecha de las elecciones se vería otro fenómeno que iría en contra de una verdadera democracia, es el caso de que la inercia de una candidatura federal fuerte arrastre a las candidaturas estatales, lo cual puede provocar un voto mecánico y no razonado.
Sin embargo, descarto que empatar las elecciones estatales y federales signifique una disminución en el costo del proceso, pues cuando esto ocurre, los costos del material electoral se encarecen al ser el Instituto Federal Electoral (IFE) el que requiere la mayor parte de los proveedores.
Respecto a un supuesto abaratamiento en los costos en la promoción del voto por parte de los partidos político, pienso que de cualquier forma se otorgan las prerrogativas federal y estatal. Es más, considero que hasta generaría despilfarro de recursos económicos.
En las elecciones locales inmediatas anteriores, en las que contendieron partidos políticos nacionales y estatales, los tres partidos con el mayor número de votos, PAN, PRI y PRD, no alcanzaron a cubrir con representantes todas las mesas receptoras de votos, o sea, no pudieron cubrir todas las casillas. Ahora bien, ¿Qué podemos decir de los partidos con menor votación?
El presupuesto del Instituto Estatal Electoral es insuficiente; luego entonces, no se justifica el que es muy grande el gasto electoral dividido en dos fechas. Y si se está pensando que no se gastaría nada al empatar las elecciones, o al dejarle todo este asunto nada más al IFE, les recuerdo que el Instituto Federal Electoral no da brinco sin huarache. Simple y sencillamente habrá que echarle un vistazo a las cifras de lo que nos cuestan sus servicios en las elecciones estatales, como el utilizar el mismo padrón, la misma credencial para votar, los módulos de credencialización, los equipos y sistemas para la insaculación de posibles funcionarios de casilla, etc.
El argumento de que eternamente estamos en campaña, no es válido en tanto que todos, todos los candidatos y partidos han adelantado los tiempos electorales y han convertido su lucha política en una ETERNA CAMPAÑA, y esto debido a que todos traen muchas ganas de sacar al otro del Palacio de Gobierno y de ganar la carrera interna de sus respectivos partidos. Vicente Fox se aventó a campaña presidencial tres años antes de los tiempos señalados para campaña electoral. El anterior Gobernador de Nayarit, usó poco más de dos años de anticipación a la campaña (en precampaña). Desde hace ya algunos meses se abrió la lucha por la sucesión presidencial, y vemos los golpes bajos entre los posibles candidatos, que son por la candidatura: esa es su lucha. Aquí, en nuestro estado, ya tienen tiempo en campaña por la candidatura varios funcionarios del PRI, que descuidan sus funciones legislativas, ejecutivas y administrativas y derrochan millones y millones de pesos... ¿Dónde, pues, el ahorro?
LO QUE SON LAS COSAS Si en Nayarit se cumpliera el empate de las elecciones estatales con las federales, pienso que estaríamos volviendo al centralismo e indudablemente se complicarían los procesos electorales, porque... ¿A quién le importa un presidente municipal frente a un presidente nacional? O bien, ¿A quién le importa un diputado local frente a un diputado federal? Cuando en muchos aspectos, para la ciudadanía en general, lo más importante es tener buenos servicios municipales; es tener buenas leyes locales. Obviamente, sin menospreciar al gobierno federal, cada uno en su tiempo y cada uno en su ámbito.