El preso número nueve, el del Nelson Ned, en sus intenciones y destino, no era morirse simplemente, no era esto su objetivo principal, veía la muerte solamente como un medio, el fin era después de muerto, encontrar en el más allá y volver a matar, a quien fuera su amor y que encontró en brazos de un amigo desleal y que por supuesto los había asesinado y por eso estaba preso.
Ese desenlace amoroso, le dio sentido a su muerte, tenía un motivo importante para morir, un motivo que movido por su resentimiento y odio, lo esperaba con ansias y sin temor, así llego al paredón, quien cuenta la canción tan famosa, que era un hombre muy cabal.
Es aleccionador el dialogo que con el Cura sostuvo en su celda en el penal, mientras rezaban, lo conminaban a arrepentirse para obtener la absolución o el perdón, en respuesta comentaba con voz firme y profunda, que no le importaba tal hecho, pues el único que podía juzgarlo era Dios y que ya en el cielo y ante El, al explicarle sus motivos, creo que pretendería que Dios lo justificara y lo perdonara.
Comentaba al confesor: ¡Voy a seguir sus pasos voy a buscarlos al más allá! , es decir que veía la muerte como un medio, su finalidad era encontrarlos de nuevo. Otro caso, fue el de Micaela, que según narra el corrido del 24 de junio, que fue al baile, nomas por ser cumpleaños de Juan y cuando se llego, se fue a sacarle brillo al piso de pegaditas con Simón, el mero rival de Juan y este enmuinado los asesino, también.
La muerte tiene sentido, como cuando llegas a la edad de oro y llega el momento de tu partida, cuando en tu inventario y después de ser hijo, hermano, tío, padre, abuelo y has cumplido un ciclo hermoso en la vida, cuando al final de tu camino, lleno de logros y satisfacciones puedes decir sin temor a los hombres y sin temor a Dios, ¡si esta es la vida, pues que venga otra vez!
Creo que ahora se ha perdido el respeto por la muerte, no estoy en desacuerdo con que la gente muera, por el motivo que este sea, ya sea que lo elija o no, pero creo que se ha perdido el respeto a este hecho tan importante y consagrado en la humanidad.
No sé porque la naturaleza tiene tanta hambre de hacer presente a la muerte en personas que no han culminado su ciclo de vida y tampoco sé, porque el hombre en su dimensión tan simple como es, el del ser humano, también tiene necesidad de terminar con ella misma a tan temprana evolución.
Creo firmemente que debemos regresar nuestra mirada a Dios, pedirle nos ayude a tener consideración por los que nos ofenden y también que nos tenga consideración por nuestros actos mal planteados.
De poco sirve saber el futuro incierto de nuestra persona y de la sociedad misma, si no tenemos siquiera la intención de comprender lo que está sucediendo, debemos de ser mejores sin quedarnos en frio, aunado esto y apegados a nuestros valores y creencias por la vida, considerando en ellas, nuestras mejores aptitudes y actitudes, en armonía con nosotros mismos y con la sociedad en su conjunto.
Debemos pretender primero, cumplir nuestro ciclo completo y no justificar en resentimientos y odios nuestra partida de este plano tierra, como fue el caso del preso número nueve, y segundo, debemos de consagrarnos en comunión con nuestros semejantes y con Dios, considerando que el aire esta frágil, muy frágil.