- ¡Ey, compa, ¿por qué nos grabas?!.
El grito proviene de un policía estatal que descubrió a un muchacho, grabando en su celular, lo sucedido el viernes pasado en la calle Zaragoza, en el centro de Tepic, cuando un hombre fue ejecutado a balazos en pleno mediodía.
El agente recoge el celular y otro elemento lo examina. Descubre el video que muestra sus rostros y lo borra.
- Nos estaba grabando, no deben hacer eso, ¿por qué nos grabas? –vuelve a preguntar el policía-. El joven se retira, una vez que le es devuelto el celular.
Lo anterior ocurre en la esquina de avenida México y Zaragoza, donde hay decenas de personas viendo, a unos 40 metros de distancia, la escena donde ocurrió el crimen.
Me detengo a ver los rostros de aquellos. En muchos ya no parece haber sorpresa. La cascada de asesinatos se ha vuelto de diario.
Finalmente los policías dispersan a los mirones.
Doy vuelta a la manzana, del lado opuesto a la México. Acá la gente se arremolina más. Hay niños que quieren ver por ver y hay padres dispuestos a cargarlos para que vean al caído y a los policías a su alrededor.
Un niño, de entre siete y ocho años, se mantuvo un buen rato en los hombros de su papá, como en el lugar más privilegiado para no perder detalle de una muerte.
Otros niños hacen berrinche si su mamá intenta pero le es imposible sostenerlo en lo alto.
Frente al mecate que marca una línea para que nadie pase, hay reporteros y muchos otros concentrados en la escena sangrienta. Imposible avanzar un metro, nadie cede el espacio ganado a base de empujones; nadie quiere que le cuenten lo que puede contar a otros.
Los que hablan lo hacen en voz baja.
Pero es otro policía estatal el que rompe ese ambiente:
- ¿Por qué tomas fotos, eres reportero, dónde trabajas, en cuál periódico? –pregunta a un joven que, cámara en mano, titubea y sólo acierta a decir que las fotos las sube a Internet.
Hay miedo en las corporaciones de seguridad, miedo en los policías, miedo a ser identificados en los medios de comunicación. Y no es para menos: el impresionante número de homicidios intencionales, en su mayoría ejecuciones, ha provocado que cuando ocurre un asesinato, los agentes prefieran quedarse a asegurar el área, no ir a la búsqueda de los responsables.
Por cierto, nadie, ningún policía le llamó la atención al sujeto que mantuvo al pequeño en hombros para que presenciara la escena mortal.
Ya tiene que contar.
XALISCO SIGUE
Por otra parte, minutos antes de las cuatro de la tarde de ayer, en la colonia Pueblo Nuevo, en Xalisco, fue baleado Víctor Manuel Briseño Flores, apodado El Caballo, de 34 años de edad, reportó el Gobierno del Estado.
Un grupo de desconocidos abrió fuego en su contra mientras atendía un puesto de mariscos. Familiares de Briseño habrían presenciado el ataque.
La muerte del vendedor de mariscos fue confirmada minutos después.